MI NEGOCIO

Una movida con mucho sex-appeal

Clases de baile

Por Elizabeth Cavero

"Primera y última", le dijo la bella colombiana al joven periodista cuando la canción terminó. Las palabras retumbaron en su ego: en el país del café no bastaba con ser guapo, también había que saber bailar salsa. De regreso al Perú, no tardó en buscar quien le enseñara y dedicó una noche por semana a pulir su ritmo. La historia origina este reportaje. ¿Ha crecido el mercado de quienes quieren clases de baile? Según Sylvia Whilar, presidenta del Consejo Nacional de Danza, el interés de los peruanos por bailar es cada vez mayor. Esto es producto de los esfuerzos por difundir la danza y parte del trabajo lo hacen quienes han decidido darle una forma empresarial a su arte.

Es el caso de 'Luna', nombre artístico de Miluska Guanilo. Desde hace cuatro años 'Luna' administra su escuela Luna Dance, especializada en danzas árabes. "Para mí esto era un hobby. Solo daba clases a amigas que me lo pedían y cobraba algo simbólico". Pero un día 'Luna' salió bailando en televisión. "El teléfono de mi casa no dejó de sonar, estaba asustada: no sabía qué hacer".

'Luna' venció el temor y se animó a tomar alumnas en su casa. Primero dos, luego cuatro, después diez. Sus clases se estaban convirtiendo en un negocio. "Hay gente que piensa que eso es malo, que por el arte no se debe cobrar; pero el artista también tiene que crecer, capacitarse. Eso es una inversión". 'Luna' fue criada en un hogar de empresarios. Hoy, además de sus clases, organiza espectáculos y confecciona trajes (velos y más) que incluso ha exportado.

Historia similar es la de Flor Prieto y Rolando Cañari, esposos y socios pero antes que nada compañeros de baile. Son los dueños de la escuela de salsa Rits. Comenzaron dando clases en el dormitorio de Rolando, único espacio cuyo uso no pasaba por la aprobación de sus padres. Pero cuando vieron que Rolando empezaba a ganar dinero, le cedieron la sala y luego el segundo piso. Su mayor inversión en esos años eran los espejos. En ese primer local, ubicado en Zárate, Rolando y Flor mejoraron sus estilos y enseñaron a mover la cintura a unas 25 personas, tres noches por semana. Siete años después, en el 2002 decidieron mudarse al Centro de Lima. El primer mes el negocio bajó, pero luego confirmaron que el cambio había sido bueno. La demanda los llevó a abrir dos locales más en las avenidas La Marina y Arequipa.

MODA O CRECIMIENTO
¿Dependen estas escuelas de una moda? Para Milagros y Luis Goñi, esposos y maestros de tango, la consolidación de una escuela de baile depende mucho de la importancia que este tenga en la sociedad. Luis afirma que el mercado de alumnos de tango no es tan grande que permita hoy abrir un salón.

Para ellos la historia comenzó poco después de casarse. Milagros, peruana, quedó fascinada cuando conoció el tango. A partir de entonces, cada viaje a Argentina fue aprovechado por ambos para tomar clases. "Pero el tango es un baile muy social y no encontrábamos otras parejas", cuenta Milagros. Fue así como empezaron a dar clases. En el Perú, como en otros países, el interés por el tango creció con la crisis económica Argentina. "Hasta para los europeos era caro ir a Argentina, pero luego de la devaluación el turismo creció". Los viajeros regresaban a sus países con ganas de aprender el sensual baile y en cada lugar había artistas argentinos que podían enseñar.

Lo que para el tango fue la devaluación, para la danza hindú fue el cine de Bollywood (el Hollywood de Bombay). Ángela Altamirano, quien cada domingo da clases a unas 10 alumnas en su casa, afirma que el mercado de quienes quieren aprender las coreografías es de miles en Lima, Cusco, Arequipa y otras ciudades. No ha puesto una escuela, pero no duda que ello tendría potencial.

Pero la formación de Ángela comenzó mucho antes. "Mi mamá es psicóloga y cuando venían los guías espirituales de la India, ella me llevaba". Cada seminario era cerrado con danza y Ángela pronto pidió recibir lecciones. Para cuando llegó la moda, podía enseñar a bailar. Comenzó ofreciendo sus clases en foros de Internet sobre cine hindú y volanteando en la calle Capón. Hoy tiene un socio, Manoj Khumar, empresario que importa incienso y otros bienes. Intercambian promoción.

Apuntar a un mercado objetivo es algo que también tuvieron claro Madalina Popa y José Antonio Villalta, la pareja de maestros de vals más conocida entre los novios. José Antonio estaba en el 2º año de su carrera en la Escuela Nacional de Ballet y trabajaba los sábados como mozo para una empresa que hacía bufet. "Cuando iba a los matrimonios y veía a los novios bailando el Danubio me daba pena, la mayoría no tenía idea".

Entonces José Antonio le planteó a los dueños de la empresa dar una clase de vals como regalo por la contratación del bufet. Se hizo así durante medio año, pero luego José se independizó. Mandó a imprimir mil volantes y los repartió en las iglesias que ofrecían charlas nupciales. Un día conoció a Madalina, rumana radicada en Perú.

"Aunque estudié Derecho, lo que siempre me gustó fue bailar y en mi país recibí clases de baile de salón", dice ella. Luego de acompañarlo a una clase como traductora, se dieron cuenta de que serían una buena pareja enseñando el vals. Madi y José Antonio ofrecen paquetes diversos: para los novios que preparan coreografías con anticipación y para aquellos que llegan la misma semana o el mismo día. Las coreografías también se están poniendo de moda en los quinceañeros. El del baile es un mercado que se mueve cada vez mejor.