EL INFORME

Hora de elegir

LA AGRICULTURA TRANSGÉNICA CUMPLIÓ ONCE AÑOS EN EL MUNDO. EN EL PERÚ ESTÁ PENDIENTE LA APROBACIÓN DE UN PROYECTO QUE ABRE LAS PUERTAS A SU COMERCIALIZACIÓN. ¿NOS CONVIENE?

Por Marienella Ortiz

Basta con escribir la palabra "transgénico" en algún buscador de Internet para recibir un cúmulo de información a favor y en contra de los alimentos modificados genéticamente en un laboratorio (ver infografía). De esta manera el lector podría quedar muy ilustrado pero también muy confundido sobre sus efectos, negativos o positivos, en las economías de los países y en la salud de sus consumidores. Mientras ese debate mundial se calienta y a pesar de que la oposición internacional aumenta, el mercado de transgénicos sigue creciendo a pasos agigantados. Y esa onda expansiva nos comienza a remecer y nos obligará a tomar una decisión: entrar o no en esta apuesta por los cultivos transgénicos.

Por lo pronto, nuestro acercamiento a los transgénicos está ligado a la importación de alimentos procesados con componentes modificados. Al respecto, el presidente de la Asociación Peruana de Consumidores y Usuarios (Aspec), Jaime Delgado, comenta que ha solicitado información específica de estos productos a los grandes importadores locales, de los que solo ha recibido un portazo en la nariz.

El debate interno fue propiciado por el Congreso, que mantiene en suspenso en el pleno el proyecto de la ley general de desarrollo de la biotecnología moderna en el Perú. Haber agregado en medio de la formulación de la propuesta la palabra moderna abrió las puertas a la investigación y comercialización de los transgénicos. Esto mantiene en ascuas a los detractores y promotores de estos productos.

EUROPA SE RESISTE
La industria de alimentos transgénicos ha cumplido 11 años en el comercio mundial. Ya en su etapa de pubertad, se desconocen sus efectos a largo plazo en la salud de los consumidores. Para sus promotores, los estudios los descartan, mientras que los ambientalistas advierten que generará problemas en el mediano plazo.

Hoy, el país que lidera la promoción de los transgénicos es Estados Unidos, en oposición a la Unión Europea (UE), donde desde 1998 hasta el 2006 se dispuso una moratoria en la comercialización de nuevos productos transgénicos. Sin embargo, debido a la intervención de la Organización Mundial de Comercio (a pedido de EE.UU. y otros países que lo apoyaron), la UE fue conminada desde el año pasado a permitir la compra y venta de semillas genéticamente modificadas.

Las preferencias en el mercado de la UE están hoy identificadas con los productos orgánicos, los mismos que los peruanos estamos comenzando a exportar con fuerza año a año. Sin embargo, para Alexander Grobman, presidente de la Asociación Biotec Perú, el levantamiento de la moratoria podría poco a poco cambiar la tendencia por ese tipo de alimentos tratados. Algunos agricultores locales opinan que los cambios climáticos han motivado el repudio de todo lo que no provenga 100% de la naturaleza.

Pero el mayor debate se centra en que solo unas cuantas empresas en el mundo, que se pueden contar con los dedos de una sola mano, concentran las investigaciones y comercialización de las semillas transgénicas. En el 2006, el comercio mundial de estos productos generó US$6.150 millones. La madre de todas es Monsanto, empresa dedicada a comercializar trigo, maíz y soya transgénicos en el mundo.

La presencia de corporaciones mundiales que propagan el uso de semillas con nuevas virtudes que no les son innatas, previo pago de patentes, es el mayor campanazo para los agricultores locales de un nuevo orden mundial que los dejaría afuera. Como precedente, Sacha Barrio Healey, experto en temas de alimentos, resalta que Monsanto entabló más de 3.500 juicios a agricultores en Canadá y Estados Unidos, quienes cultivaron transgénicos de manera accidental debido a la contaminación de sus especies. Para él no queda duda de que el Perú debe mantenerse alejado de estas técnicas.

CARRERA COMERCIAL
En el Perú se habla aún en voz baja sobre la investigación y comercialización de nuestros propios transgénicos, debido a un gran número de voces que, en contraposición, piensan que nuestro camino natural debe ser apostar por la agricultura convencional de los productos nativos. El argumento es que somos la cuna de una gran variedad de especies vegetales y animales.

Desde el otro lado del debate, Alexander Grobman resalta que los peruanos no pueden quedar excluidos de este nuevo tipo de agricultura. Todo lo contrario, una actitud así nos sacaría del mercado mundial, afirma. Más que esperar a las transnacionales con sus productos, considera necesario iniciar nuestras propias investigaciones. Un ejemplo. Indica que los chilenos realizan investigaciones para obtener una uva transgénica que les permita llegar más temprano que nosotros al mercado estadounidense. ¿Nos podemos quedar con los brazos cruzados?, se pregunta.

El Instituto Nacional de Investigación Agraria (INIA) obtuvo este año una parte del presupuesto para construir e inaugurar el 2008 el Centro Nacional de la Biotecnología Agropecuaria y Forestal. Sin embargo, prefieren no pronunciarse sobre los transgénicos.

Grobman, quien es además consultor del Estado en temas de biotecnología, comenta que este centro ya cuenta con una cartera de 70 proyectos desarrollados preliminarmente por universidades e instituciones privadas sobre productos transgénicos que ayudarían a los agroexportadores en sus niveles de competitividad. Uno de ellos sería promovido por las empresas de mango, que ven reducidos sus niveles de competencia frente al fruto ecuatoriano que llega a EE.UU. con un menor nivel de maduración, lo que les permite permanecer más días en anaqueles. "Si logramos que el mango no produzca etileno, un gas que hace madurar el fruto a través de la aplicación de otro gen, entonces podremos llegar con un mango que permita recibir un mejor precio", señala.

Otros proyectos: colocar el gen de la cañihua o la kiwicha que evita la salinidad de los suelos, a los espárragos, con el fin de aumentar las hectáreas en la costa de ese cultivo. También existe la posibilidad de introducir uno de los genes del bacalao en los tres o cuatro millones de hectáreas de pastos altoandinos, para evitar que se congelen en épocas de heladas. Otro estudio pendiente es transmitir genes de las vicuñas a las alpacas para mejorar la calidad y cantidad de la fibra tan bien cotizada internacionalmente.

Grobman resalta que aquí nadie está hablando de productos agrícolas oriundos, sino de aquellos que son demandados por el comercio mundial en la actualidad.

El ecólogo Antonio Brack no desmerece ese punto de vista. Sin embargo, es de la posición de que el Perú no tendría por qué darle énfasis a la investigación de transgénicos cuando tenemos todo un mundo aún por descubrir con nuestros productos nativos. El futuro centro de biotecnología tiene mucho trabajo en las investigaciones de las plantas nativas, enfatiza. De esta forma podremos sacarle provecho comercial, puntualiza.

¿CONVIVENCIA POSIBLE?
En cuanto a si pueden convivir en un solo país productos orgánicos y transgénicos, Brack dice que sería necesario establecer con mucha precisión las zonas en el Perú que estarían libres de los alimentos genéticamente modificados. El primer paso en ese sentido lo ha dado el gobierno del Cusco al declararse este año región libre de transgénicos y centro de origen y domesticación de la papa y cultivos nativos importantes. Para Sacha Barrios, la contaminación de las especies nativas siempre será un riesgo sin posibilidades de control.

La solución para Grobman es tener una buena norma de bioseguridad. Para ello es importante tener en cuenta qué semillas son infértiles, como ocurre con la papa transgénica desarrollada por el Centro Internacional de la Papa. La pregunta es: ¿quién se encargará de garantizar que dichas normas se cumplan a cabalidad?

Brack afina la puntería y considera que este debate debe ser abierto: ¿Qué tipo de comercio agrícola quieren los peruanos, lo orgánico o lo transgénico? De eso dependerá nuestra estrategia comercial a futuro.

EN TRANCE
Un negocio en crecimiento

4 Según el pronóstico de la consultora Cropnosis, el valor del mercado global de cultivos transgénicos fue de US$6.150 millones en el 2006, lo que representaría el 21% de los US$30.000 millones del mercado mundial de semillas comerciales. El 44% del total de cultivos transgénicos está concentrado en la soya.
4 Entre el 2010 y el 2011 se proyecta que estén en el mercado los genes que confieren un grado de tolerancia a las sequías.
4 En los últimos años, Europa no solo no concedió nuevos permisos de productos transgénicos, sino que países como Francia, Alemania o Reino Unido suspendieron temporalmente algunos que estaban en vigor, como el cultivo de maíz transgénico. Ahora cada país comienza a discutir la regulación que tendrán estos productos, luego de que la OMC los conminara a permitir su comercialización. Una de estas es el etiquetado de esos productos.
4 Los europeos ampliaron su rechazo a estos productos transgénicos luego de que se propagara el mal de las vacas locas, pese que no se identificó alguna posible relación.

LA OTRA CARA
La oferta nativa y orgánica del país

4 Funcionarios de Prom-Perú informaron que el Perú proyecta exportar más de US$80 millones en productos de su biodiversidad nativa durante este año. A pesar de estar considerado entre los diez países con mayor megadiversidad del mundo y albergar el 20% de la flora mundial, el Perú exportó solo US$77 millones el año pasado.
4 De acuerdo con las cifras de Organic Trade Association, el mercado mundial de productos naturales alcanzó en el 2006 US$210.000 millones.
4 En el mundo existen 16 millones de hectáreas de cultivos orgánicos en 139 países del mundo, de los cuales 34 son de América de Sur. Se espera que este mercado crezca a un ritmo anual de 20%.
4 El último jueves el Congreso aprobó el proyecto de ley de fomento y promoción de la agricultura orgánica, la misma que prevé el establecimiento de proyectos con gobiernos regionales y locales.