¡Quién pone orden en la Corte Superior!

La crisis que abate estos días a la Corte Superior de Lima es muy grave y pone a dura prueba a las nuevas autoridades del Poder Judicial y al mismo proceso de reforma de este poder fundamental del Estado.

En lo formal, resulta escandaloso que en 24 horas se publiquen dos resoluciones contradictorias, del Consejo Ejecutivo Nacional y del Consejo Ejecutivo Distrital. Una ordena al actual presidente de la Corte Superior, Guillermo Cabanillas, convocar a sala plena para nombrar a su sucesor, con lo que prácticamente lo cesa en el cargo; y la otra prácticamente lo separa inmediatamente y designa a un vocal en su reemplazo.

Aunque es evidente que el órgano de mayor jerarquía tiene prelación y validez, en cualquier caso queda una sensación de desorden y crisis de autoridad que no puede ser permitida en la cúpula de un poder del Estado.

En cuanto al fondo del tema en cuestión, parece que en algunas instancias fundamentales, como la Corte Superior, no se está seleccionando con el debido rigor a sus miembros. ¿Cómo es posible que su anterior titular, Ángel Romero, haya sido suspendido previamente por un polémico fallo a favor de ex empleados del BCR que contravenía un mandato expreso del Tribunal Constitucional? ¿Y qué podemos decir de su sucesor (Cabanillas), acusado también de acoso sexual, lo que es investigado por la Oficina de Control de la Magistratura?

A ello se suma el arbitrario comportamiento de algunos de sus pares que, sin consultar a nadie, pasaron por encima de los reglamentos para defenestrarlo. En tal contexto, los órganos máximos del Poder Judicial tienen que ser muy severos para evaluar a los candidatos, descartando tanto a aquellos con procesos disciplinarios o judiciales pendientes cuanto a quienes no hayan demostrado probidad ética e independencia política.

El presidente de la Corte Suprema, Francisco Távara, y su Consejo Ejecutivo tienen que restaurar el orden dentro de la institución, lo que pasa por investigar los pormenores de lo sucedido, sancionar a los responsables y nombrar a un nuevo presidente de la Corte Superior que sea intachable. En momentos en que el Poder Judicial tiene que avanzar la reforma y afrontar importantes procesos, debe mostrar coherencia, orden institucional y también autoridad moral.