Por Francisco Miró Quesada Cantuarias. Filósofo
El juicio al que será sometido el ex presidente Alberto Fujimori va a presentar el mayor interés, porque la ciudadanía se va a enterar de hechos que, en su mayor parte, son desconocidos. Veamos lo bueno de su gobierno. Lo primero de todo fue el triunfo en contra del terrorismo de Sendero Luminoso. Fujimori terminó, en siete años de lucha sin cuartel, con la plaga política y criminal más terrible que azotó nuestro país. Además, construyó cerca de dos mil escuelas y electrificó muchas zonas del país, incluso del interior, y detuvo la inflación. Por último hizo la paz con Ecuador.
Veamos, ahora, lo malo.
¿Quién capturó a Abimael Guzmán? Fue el jefe de la policía, general Antonio Ketín Vidal, quien, después de un paciente seguimiento, descubrió el lugar donde se ocultaba el jefe de Sendero Luminoso, e ingresó heroicamente sin saber si le iban a disparar o no, seguido luego, por su equipo policial. Y Abimael, mansamente, exclamó: "Son cosas de la guerra, vencer o ser vencido".
¿Qué habría hecho cualquier mandatario normal? Felicitarlo, tal vez condecorarlo, y decirle: "Cuente usted con mi total apoyo para terminar con el terrorismo que sigue asesinando a personas inocentes". ¿Qué hicieron Fujimori y Montesinos? Por medio de la prensa chicha, creada por ellos, comenzaron a denostarlo, a calumniarlo y a decir sin descanso que el general Vidal no era quien había capturado a Abimael, sino otro policía. Fujimori se demoró siete años en vencer a los terroristas, con varios miles de muertos y sin ningún respeto por los derechos humanos. El general Vidal, experto en este tipo de lucha, se habría demorado tres, a lo sumo cuatro años, habría habido menos muertos, y se habrían respetado los derechos humanos.
Fujimori y su compinche Montesinos se dedicaron a robar sin descanso, todo lo que pudieron acumular a partir de 1994. Creó un Congreso títere, en que la mayoría obedecía ciegamente sus órdenes. En cuanto al mérito de haber logrado la paz con Ecuador, la paz se firmó después de una guerra que el Perú perdió vergonzosamente, sacrificando patriotas aviadores y valientes soldados que trataban de llegar a la cumbre de una montaña, para desalojar a los soldados ecuatorianos, en la región del Cenepa. Perdimos la guerra porque, en lugar de comprar armas modernas, el dinero correspondiente habría entrado a los bolsillos de la ideal pareja.
Además, la corrupción del Poder Judicial fue increíble, una corrupción que dura hasta hoy día. Y los asesinatos y torturas que fueron cometidos por el grupo Colina han sido comprobados por declaraciones de varios de sus propios miembros, ordenados por Montesinos y aprobados por Fujimori.
El juicio al que será sometido Fujimori será justo y no será politizado. Porque el presidente de la Corte Suprema, el doctor Francisco Távara, es un hombre valiente e incorruptible, y lo mismo puede decirse de los vocales de la Corte Superior, en la Sala Penal: el vocal supremo César San Martín, y los dos restantes, cuidadosamente seleccionados por el presidente de la Corte Suprema: Víctor Prado Saldarriaga y Hugo Príncipe Trujillo, ambos valientes e incorruptibles.
Podemos tener la seguridad de que Fujimori será condenado. Sus delitos han sido demasiado graves, y lo bueno que hizo solo en sus primeros años de gobierno queda plenamente anulado ¿Por cuántos años? No podremos saberlo hasta conocer la sentencia. Sabemos que será justa, dada la personalidad de los jueces.