ENTREVISTA

El arte de leer a Gabo

El poeta colombiano Juan Gustavo Cobo Borda compila El arte de leer a García Márquez (Norma) un magnífico libro de ensayos sobre el autor de Cien años de soledad

EL ARTE DE LLER A GARCÍA MÁRQUEZ  
Juan Gustavo Cobo Borda (compilador)
Grupo Editorial Norma
Bogotá, 2007
S/.65

¿Qué criterio empleó para reunir los trabajos de este libro?
-En realidad, yo ya había hecho dos recopilaciones sobre García Márquez. Lo que pretende esta nueva reunión es actualizar el corpus crítico sobre García Márquez, porque aquí en Colombia, el país que más directamente concierne a este escritor, pasa una cosa muy curiosa: es muy difícil conseguir material sobre él. Se impuso entonces la necesidad de contar con trabajos últimos, algunos escritos desde la orilla de la creación, como en el caso de John Updike, J.M. Coetzee o Anthony Burguess. Y no todos son elogios, porque Burguess comenta, por ejemplo, que Crónica de una muerte anunciada le parece una opereta seguramente de interés antropológico para los descendientes de sicilianos en Nueva York.

¿Lo sorprendió especialmente alguno de estos textos?
-Bueno, diría que el Perry Anderson, que como usted sabe es un ensayista inglés dedicado a temas políticos e ideológicos. No me imaginaba que iba a encontrarme con un lector tan fino y perspicaz, capaz de articular las semejanzas y diferencias entre los mundos narrativos de García Márquez y Vargas Llosa. Y sin ánimo de halagar, déjeme decirle que para mí, los tres mejores lectores de García Márquez son peruanos: primero Vargas Llosa, cuya Historia de un deicidio es una referencia fundamental; luego, Julio Ortega y José Miguel Oviedo.

Igual de sorprendente es el texto de Gerald Martin, quien ha traducido varios títulos de García Márquez.
-Sí. Gerald Martin es un maniático irredimible, que lleva como quince años tratando de escribir una biografía de García Márquez y que se ha convertido en una suerte de sombra semioficial del escritor. A mí me da una infinita compasión, porque lo veo cada vez más desbordado por esa tarea, que cada día es más disparatada y caudalosa. Él me dio un texto muy singular, porque no es exactamente sobre García Márquez, sino sobre algunos problemas referidos a la traducción de sus libros al inglés y nos muestra que los traductores muchas veces intentan transmitir una visión estereotipada de América Latina, desde las palabras que eligen para los títulos, por ejemplo.

¿Podemos decir que se lee a García Márquez del mismo modo que hace cuarenta años? ¿Qué cosas han cambiado?
-A mi modo de ver, el primer cambio que noté es que yo había envejecido. A mí me da la sensación de que las nuevas generaciones, que pueden leer sus obras como parte del programa escolar, no tienen el fervor que hubo por el García Márquez inicial, su obra ya es parte de algo "asimilado". Naturalmente, se han perdido muchas referencias en el camino, ¿no? En la América Latina de 1967 lo más importante era la lucha revolucionaria o la literatura innovadora, aunque la literatura de García Márquez es, en el buen sentido de la palabra, de las más tradicionales que pueden haber.

Hay quienes dicen que Cien años de soledad, con el correr del tiempo, será como el Quijote de Sudamérica. ¿Está de acuerdo con esa percepción?
-La recepción de Cien años de soledad ha sido tan vasta, heterogénea y tumultosa, que esta novela sí tiene algo de emblemático para nosotros. Pero no sé si la energía de la primera lectura es hoy compatible con estos tiempos, porque hay una suerte de espejo deformante, formado por los últimos libros de García Márquez, como Memorias de mis putas tristes o Del amor y otros demonios, que crean una distancia, porque a lo mejor estos son los libros que leen primero los más jóvenes, mientras que lectores como los de mi generación asistimos al paulatino crecimiento y edificación de una obra y, especialmente, de Macondo.

¿Si hubiese un tema que atravesara y articulara toda la obra de García Márquez, cuál sería?
-Visto en perspectiva, yo diría que ese tema es la deseperanza. Hay una mirada que linda con lo absurdo en las acciones, los gestos, las batallas del ser humano. Al mismo tiempo, se constata un consuelo involuntario, representado en ese personaje que es el único guerrero que vence: Florentino Ariza, que logra conquistar a Fermina Daza, después de cincuenta años de empeño y de haber pasado por quinientas mujeres. Sin embargo, es un triunfo de senectud y, en ese sentido, algo pírrico, ¿no?

¿En qué consiste para usted el arte de leer a García Márquez?
-El arte de leer a García Márquez lo he descubierto recién ahora, después de tantas lecturas y relecturas: consiste en partir de la poesía para llegar a la poesía. Si bien se trata de un mundo narrativo, creo que ese mundo nace de una expansión enérgica y termina encerrándose en sí mismo. (ARD)