ENTREVISTA. Jorge Drexler

Entre la palabra y la oscuridad

EL MÚSICO URUGUAYO, GANADOR DEL ÓSCAR A LA MEJOR CANCIÓN ORIGINAL EN EL 2005, LLEGARÁ POR PRIMERA VEZ A NUESTRO PAÍS PARA OFRECER UN GRAN CONCIERTO EL 13 DE OCTUBRE EN EL POLIDEPORTIVO DE LA PUC

Por Raúl Cachay A.

"Creo que esta es mi primera entrevista con un medio peruano", dice Jorge Drexler desde Madrid, donde se ha desatado un monumental diluvio que obligó al uruguayo a interrumpir varias veces la conversación para impedir que el agua inundara su casa.

Lo corrijo: es la segunda. Poco después de obtener el Óscar a la Mejor Canción Original por "Al otro lado del río" en el 2005, nuestro colaborador Sergio Burstein le hizo una breve entrevista en Los Ángeles.

Pero esta vez las circunstancias son distintas: el pretexto para nuestro diálogo es el inminente debut del charrúa en escenarios peruanos. Drexler presentará las canciones de su álbum más reciente, "12 segundos de oscuridad", el sábado 13 de octubre en el Polideportivo de la Pontificia Universidad Católica.

La inspiración para tu último disco, "12 segundos de oscuridad", llegó cuando pasabas algunos días 'retirado' en el balneario uruguayo de Cabo Polonio ¿Cuán importante fue el entorno durante el proceso creativo de ese disco?
El Cabo Polonio no es un lugar cualquiera para mí. Toda la costa de Rocha, en Uruguay, es una parte del país que yo visito mucho desde que era niño. Mi familia tiene una casa cerca de allí. Tanto este, que es mi octavo disco, como el primero, "La luz que sabe robar", están basados en ese lugar. Yo tenía la necesidad de reconectarme con cosas mías, propias, y encontrar cierto aislamiento para pensar en el nuevo disco. De hecho, podría decir que fui a 'buscar' el disco al Cabo Polonio. Yo había tenido un año demasiado agitado, con mucho movimiento interno y externo en mi vida. Creo que todo eso está reflejado en el disco. El Cabo Polonio tiene otra característica que es muy poco habitual en el mundo de hoy: allí no hay cobertura para celulares. Por eso escribí tanto. La inspiración de este disco estuvo en proporción inversa al número de barras de la señal del teléfono móvil. Yo soy una persona que ha sufrido sucesivos desarraigos: soy hijo y nieto de inmigrantes; yo mismo lo soy, porque vivo en Madrid y no en Uruguay. Además, viajo mucho. Por eso siempre tengo la sensación de estar lejos de alguien. Eso convierte al teléfono y a Internet en aliados, aunque también tiene un lado esclavizante. La única manera que encontré para parar eso fue viajar al Cabo Polonio.

Es curioso que tu respuesta como artista a la sobreexposición mediática que sobrevino luego de que ganaras el Óscar haya sido el disco más introspectivo e incluso minimalista de tu carrera
Hacer un disco es una mezcla de distintas variables. En mi caso, yo escribo de una manera muy subconsciente, trato de no planificar las cosas. Me interesa mucho el balance, suelo trabajar por sistemas de opuestos que se contrapesan: cuando voy mucho en una dirección trato de contrapesarlo yendo hacia otra dirección. Cuando estoy más expuesto y abierto, por ejemplo, trato de ir hacia el lado más íntimo y personal. Eso en mi disco "Eco" estuvo muy presente, en canciones con dos polos, como "Deseo". O cuando escribo cosas como "Que viva la ciencia, que viva la poesía" y "Yo soy el moro judío que vive con los cristianos". Soy un conciliador nato, para bien y para mal. No me enorgullezco ni me avergüenzo de ello, integrar cosas en apariencia opuestas es una de mis características personales. Creo mucho en ese balance, que puede darse en las letras de una canción y en la propia música, al trabajar con elementos muy acústicos y regionales y combinarlos con la música electrónica.

Será tu primera vez en el Perú
Siento que recién estoy conociéndome con el Perú. Es un país de escritores y músicos que admiro mucho. Soy, por ejemplo, un gran fanático de Chabuca Granda y Vargas Llosa, uno de los escritores que más he leído.

En "12 segundos de oscuridad" cuentas con la colaboración de artistas brasileños como María Rita y Arnaldo Antunes ¿Qué importancia ha tenido Brasil en tu formación artística?
Uruguay es el país más chico del continente, y está ubicado entre los dos más grandes, Brasil y Argentina. Cuando me preguntan algo así mi respuesta es más geopolítica que artística: basta mirar el mapa. Un país tan chico como Uruguay, ubicado entre dos países tan grandes, es inviable como una entidad autónoma, desde el punto de vista económico, militar y cultural. Es decir, todo lo que se hace en Uruguay tiene una gran presencia de Brasil y Argentina. Yo, como mucha gente en mi país, hablo portugués fluidamente sin haberlo estudiado nunca. Brasil está muy presente en nosotros desde la bossa nova hasta el contrabando, digamos. Está en todos los aspectos de la vida de los uruguayos. Yo, en lo particular, siempre sentí una afinidad muy grande por un tipo de manifestación musical brasileña que es la derivada de Joao Gilberto, que a su vez deriva de Chet Baker: la aproximación a la canción refinada y económica en los recursos de la voz y exenta de grandilocuencia. Esa es mi escuela. Antes de tocar mis propias canciones yo hacía versiones de Joao Gilberto, Chico Buarque, Caetano Veloso, Djavan, Gilberto Gil y las tocaba en vivo en diversos bares. Mi repertorio era mixto, entre uruguayo y brasileño.

A propósito de Kevin Johansen y Paulinho Moska, que también aparecen en el disco, ¿crees que se está consolidando una nueva generación de cantautores latinoamericanos que, como tú, tienen un pie en la tradición y otro en la modernidad?
Si eso está sucediendo, no me parece muy importante. Como leía el otro día en un libro, la técnica es secundaria en esto. A mí me gustan muchos tipos de músicas diferentes, y lo que más me interesa de Kevin Johansen y Paulinho Moska son sus canciones. Yo sigo siendo un enamorado del género 'canción'. Desde Chabuca Granda hasta Björk, más allá de la sonoridad, lo que me gusta es la manera como se construyen las canciones. La técnica, si es realmente buena, debe tener la virtud y la humildad de desvanecerse, y dejar espacio para lo que realmente importa, que es emocionar a las personas.

Es casi obligatorio preguntarte sobre todo lo que ocurrió en aquella noche memorable en que ganaste el Óscar
El momento lo viví con mucha alegría. No me imaginaba que eso fuera a pasar. Me sentí muy contento porque nominaron una canción que yo nunca pensé siquiera que algún día sería pasada por la radio. De hecho, yo mismo rellené a mano el formulario de presentación de la canción a la academia. Creo que nadie en el mundo, ni siquiera la gente involucrada en el proyecto de "Diarios de motocicleta", tenía la esperanza de que obtuviera alguna nominación. Todos saben lo que pasó: no fui invitado a cantar y ni siquiera fui consultado en las decisiones artísticas referentes a mi canción, que es algo que a mí me chocó, porque estoy acostumbrado a tomar decisiones desde el punto de vista artístico. Yo no hice este último disco siguiendo un criterio mediático, no es un gran álbum de 'crossover' latino. Si una canción compuesta, cantada, grabada y coproducida por mí se va a presentar en público y no se me consulta nada al respecto, es lógico que ponga el grito en el cielo. Pero luego aprendí muchas cosas: por ejemplo, no hay que ser tan ingenuo, no se puede pensar que un 'broadcast' de televisión que tiene uno de los índices de audiencia más grandes de la historia de la humanidad va a regirse por criterios de simpatía artística. Si tu cara es conocida, subes. Y si no es conocida y no te premian, pues no subes. En la ceremonia yo me sentía como un astronauta que explora con su escafandra un mundo distinto. Cuando me dieron el premio lo único que me quedaba por hacer era cantar. Me parece que así dije mucho más que con un discurso demagógico.