Entrevista. JOSÉ MARÍA SALCEDO 

En Sendero las violaban para que sus hijos no fueran Asháninkas

El carismático 'Chema' prepara una película sobre el genocidio que padeció el pueblo asháninka a manos del terrorismo

Por Francisco Tumi Guzmán

¿Cómo deberíamos convivir los peruanos con los asháninkas y, en general, con los pueblos amazónicos?
Lo primero que deberíamos superar es nuestra falta de conciencia amazónica. A lo más que llegamos nosotros, la parte occidental y moderna del Perú, es a la región andina. Lo segundo es recoger el mensaje de comunidades como la asháninka en materia de, por ejemplo, hierbas medicinales. Todo lo que está de moda ahora, por ejemplo la uña de gato, es cuidado en gran parte por ellos. En tercer lugar, deberíamos sacarnos de la cabeza el ideal político de república unitaria que nos han metido desde niños.

¿Por qué no podemos ser una república unitaria?
Porque no somos iguales. De lo que se trata es de respetar esas diferencias. Si Bélgica, España o Alemania no son unitarios, ¿por qué nosotros pretendemos tener la ficción de que todos somos iguales? Otra cosa con la que debemos tener mucho cuidado es con nuestras políticas de poblamiento de la Amazonía. Cuidado con las carreteras de penetración y con las colonizaciones, pues, evidentemente, pretendemos colonizar la Amazonía como si estuviese vacía, y no es así. Esas riquezas tienen dueño. Los asháninkas y otras comunidades son los propietarios ancestrales de esas tierras.

¿Por qué es tan extendida esa actitud respecto de la selva?
Porque en el fondo tenemos una actitud totalitaria, conquistadora, colonizadora. Va a ser muy difícil que las cosas cambien, si es que no hay un reconocimiento de lo que significa la Amazonía para el Perú. Los políticos, evidentemente, no hablan mucho de esto, pues ahí votan menos. Los asháninkas son pocos y votan menos.

¿Cómo comenzó tu interés por la gesta de los asháninkas contra Sendero Luminoso?
En 1996, el Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica (Caaap) me invitó a la inauguración del servicio de agua potable en Puerto Ocopa, que es la capital del distrito del Río Tambo, provincia de Satipo, en la selva de Junín. Llegué a ese poblado y de inmediato sentí que mi aterrizaje en ese lugar era mágico.

¿Por qué?
Desde el aire, Puerto Ocopa era un sitio paradisíaco, con un paisaje fantástico y un árbol maravilloso en medio de la cancha de fútbol. Pero, al mismo tiempo, encerraba historias trágicas de la época de Sendero Luminoso. Ahí conocí a varias monjitas de la misión y del colegio La Inmaculada, y también a los niños víctimas de la guerra.

¿Sabías que allí había habido un genocidio?
No tenía idea, como creo que es el caso de la mayoría de peruanos. Ese día conocí a Santiago Contoricón, uno de los líderes de lo que hoy podríamos llamar el ejército asháninka de resistencia contra Sendero. Ese contraste entre algo que era tan bonito y tan dramático al mismo tiempo, entre ese paisaje tan pacífico y paradisíaco y esa historia devastadora que acababa de ocurrir --Puerto Ocopa había sido incendiado--, me despertó una enorme curiosidad.

¿Cómo se manifestaba esa devastación?
Primero, por las historias que te contaban. Pero también por los huérfanos, por la historia de cada uno. Había un chiquito con una enorme cicatriz en el rostro que después se ha hecho famosa por una exposición de fotos de la Comisión de la Verdad. Es un chiquito al que, siendo casi un bebito, un senderista le cortó la cara simplemente porque se puso a llorar. Lo hizo para 'disciplinarlo'. Su nombre es Lucio. Había también una bebita rescatada por Santiago Contoricón de la cushma --la túnica que usan ellos-- de su mamá muerta. Yo la conocí a los 7 años; ahora tiene 14 y actúa en mi película.

¿Por qué lo de este grupo amazónico es una gesta épica?
Porque es la terquedad de una etnia por mantener su independencia y su libertad a través de la historia. El primer antecedente es una lucha contra --paradójicamente-- los franciscanos en mil setecientos cuarenta y tantos. Juan Santos Atahualpa, que es un personaje envuelto en leyenda, llega a la selva central y subleva a los asháninkas, que en esa época eran llamados campas. Una de las principales quejas de los caciques nativos era la prohibición de los franciscanos de tener varias mujeres. Si uno va al convento de Santa Rosa de Ocopa, en las afueras de Huancayo, verá una galería de retratos de los mártires franciscanos muertos en esa época.

¿Flechados?
Flechados. Todas las crónicas de la evangelización de los franciscanos en la Amazonía hablan de esa terrible tragedia que sufrieron los curas. Pero Juan Santos Atahualpa siguió hasta Tarma, donde fue rechazado por los tarmeños. Desde ese momento se abre una brecha insondable entre andinos y amazónicos. El último capítulo de esa brecha es Sendero versus los amazónicos, pues, para estos, Sendero representa al andino cocalero que siembra coca y derriba árboles. De modo que la lucha de los asháninkas fue, en realidad, una lucha por la defensa de su tierra. No solo pelean para que no se los lleven a la fuerza, sino que pelean por eso que ahora se llama ecosistema.

¿Qué buscaba Sendero?
Sendero necesitaba un corredor para huir del ejército y de la policía, que los comenzaban a cercar desde Ayacucho y Huancayo; necesitaba además un lugar de descanso y también una retaguardia agrícola. Para esto se llevaron a comunidades enteras y formaron unos "comités populares abiertos", una especie de aldeas polpotianas como la que aparece en la película "Los gritos del silencio".

¿Cuándo empezó Sendero a abrirse campo por ahí?
Bastante temprano: el año 86 u 87. Al principio no hay una resistencia abierta, sino una situación de expectativa: ¿qué traen los senderistas? Sendero, además, había captado a algunos asháninkas. De modo que la resistencia contra Sendero tuvo en algunos momentos visos de guerra civil, pues había un grupo minoritario que estaba con Sendero. Ya había ocurrido eso con las guerrillas de 1965, con la incursión en la zona del Ejército de Liberación Nacional (ELN) encabezadas por Lobatón.

¿Hasta el final hubo asháninkas que apoyaban a Sendero?
No. Al final ya todos los asháninkas estaban contra ellos. Comenzaron a escaparse de esas reducciones senderistas, aunque todavía el año 2003 he visto asháninkas --mujeres y niños-- recién rescatados en una localidad llamada Meteni, entre Mazamari y Puerto Ocopa. Los llamados remanentes, dedicados al bandolerismo y a otras cosas, todavía tenían gente cautiva.

¿Cuántos asháninkas murieron en la guerra?
Se calcula que unos 6.000. Es decir, entre el 8 y el 10% de la población de toda una nación, de todo un pueblo. Pon ese porcentaje en proporciones peruanas. Por eso fue un genocidio. Ahora los asháninkas son cincuenta y tantos mil, casi 60 mil.

¿Cómo murió la mayoría?
Ocurrieron varias cosas. Primero hubo violaciones masivas de mujeres, para que tuvieran hijos que ya no fueran asháninkas. El razonamiento de Sendero era: "Yo tengo la lealtad de esta mujer y de esta gente si es que tienen hijos". Pensaban que una vez que una madre tiene un hijo, tiene que defenderlo. Por eso las violaciones masivas. De esto no se ha hablado mucho.

Es decir, las violaciones no ocurrieron por un desborde sexual, sino
Todo fue político. En Sendero todo es político. No es que sean dementes. En fin, quien tiene una teoría así debe de tener seguramente un grado demencial, pero en el caso de Sendero todo cumple una finalidad política.

¿Qué pasó con esos niños?
Nacieron en cautiverio hablando del presidente Gonzalo y de todo lo demás. Por eso, cuando madres e hijos son liberados, los asháninkas que no habían caído en manos de Sendero los reciben con desconfianza, pues se preguntan: "¿Qué me están mandando acá? ¿Son infiltrados?". Esa desconfianza dura hasta ahora. Por eso es tan difícil la reconciliación, aquí o en Ruanda.

¿Cómo comienza la resistencia armada asháninka?
Cuando ocurren las primeras llegadas de Sendero a la zona, en los años 80, se realiza una vasta asamblea interétnica de asháninkas, matsiguengas y otras etnias, en la que se aprueba una moción de rechazo a Sendero. Los líderes étnicos vienen incluso a Lima a pedir apoyo, el cual, por supuesto, no reciben, y esa gente es asesinada. Esa es la primera resistencia. Más tarde, en sus incursiones, Sendero secuestra y mata gente, realiza masacres tremendas que terminan con cadáveres apilados. Los asháninkas responden, Sendero toma represalias...

¿Qué tareas les daban a los secuestrados?
Los vigilaban con armas y los obligaban a trabajar, a aprender quechua, a cantar canciones en quechua. Su objetivo era que dejaran de ser asháninkas. Querían desamazonificar; querían quechuizar. A las mujeres las obligaban a usar trenzas. Algunos adultos y niños se escapan de esas reducciones y terminan en Puerto Ocopa, que tampoco era un lugar seguro, pues allí Sendero hacía incursiones constantemente.

¿No había fuerzas del orden?
En ese momento, no. El ejército llegó después. La primera resistencia fue con arco y flecha y algunas escopetas de caza, y se hizo gracias a curas como el padre Mariano Gagnon y el padre Castillo, que es el héroe de Puerto Ocopa. Los que huían a lugares como Puerto Ocopa comenzaron a formar grupos armados pequeños para rescatar a otros, recogerlos y traerlos al pueblo, o para hacer incursiones en las mismas aldeas de Sendero.

¿Quién comandó eso?
Surgieron nuevos líderes. Uno de ellos fue el famoso Kitoniro, que murió en un accidente. El otro fue Santiago Contoricón, que hoy es teniente alcalde de Satipo. Contoricón --que ha sido uno de los testigos contra Abimael-- era un chiquillo que estudiaba pedagogía en Huancayo y que decide regresar a su pueblo para ponerse en armas. En ese momento, los asháninkas estaban completamente solos. Lo que hicieron fue organizar a la población para fabricar arcos y flechas y reunir armas de fuego.

¿Desde cuándo comienza a respaldarlos el Estado?
Por el año 91 empieza a intervenir más el ejército y un poco más la policía. Se formalizan las rondas y en general se formaliza la resistencia, que ya tenía, efectivamente, un aliado en el ejército. Eso significó la derrota de Sendero, excepto en algunas partes de la selva de adentro donde se habían llevado a familias enteras.

¿Cuál es la situación actual de los asháninkas, que es la etnia amazónica más numerosa del país?
Ellos han demostrado una gigantesca capacidad de supervivencia. Fueron, por ejemplo, esclavizados en la época del caucho, pero lograron sobrevivir como comunidad. Cuando comenzó la masacre de Sendero, ellos eran casi 60 mil. Ahora han recuperado esa población de hace 10 o 15 años.

¿Es inevitable que se urbanicen?
Creo que la ciudad los está alcanzando. Tuvieron que refugiarse en las ciudades para huir de Sendero. Algunos viven en Satipo. Cada vez son más bilingües. En cambio, los de Pichanaki no viven en la ciudad, sino en los alrededores, en el campo. Viven en pequeñísimas aldeas, a veces en casas aisladas. En general, se dedican principalmente a la agricultura, un poco al comercio. Son gente en condiciones de extrema pobreza.

¿Usan celular?
Todos usan celular. Ayer he estado aquí en Lima con el chamán que actúa en mi película, Carlos Camacho, que es un personaje muy gracioso que anda con dos celulares. Él es muy pobre. Es curandero. Vive a 10 minutos de Pichanaki.

LA FICHA
Nombre: José María Salcedo De la Torre.
Nacimiento: Bilbao, España, 12 de setiembre de 1946. A los 4 años llegó al Perú.
Estudios: Periodismo escrito, radial y televisivo. Actor en las cintas nacionales "Ojos de perro", "Malabrigo", "Sin compasión" y en la boliviana "Amargo amar", en la cual hizo el papel del presidente Mariano Ignacio Prado durante la guerra con Chile. Con el poeta José Watanabe escribió el guion de "Alias La Gringa". "Asháninka" es su primer proyecto como director.