La obligación de transparencia vale para el líder de PP. El nacionalista no pierde nada, pues esantidemocrático
Por Juan Paredes Castro
Es cierto que no hay nada de malo en que dos líderes políticos se reúnan y conversen, excepto cuando lo hacen en secreto.
Inclusive el secreto podría ser una condición extremadamente necesaria para ambos, pero se presta a más de una sospecha cuando uno de los interlocutores es un demócrata declarado y practicante y el otro un exponente del más radical autoritarismo.
¿De qué y por qué tendrían que dialogar?
Nada parecería más normal que un encuentro entre quienes representan ideologías distintas, a menos, claro, que de un lado de la mesa tengamos la aspiración por un país con instituciones políticas sólidas y del otro lado la alternativa de una asamblea constituyente como en Venezuela, Bolivia y Ecuador, simplemente para entronizar, a través de ella, un caudillismo dictatorial de plazo indefinido y descalificar aun más la suerte de los partidos.
¿Qué interés elevado podría reunir al ex presidente Alejandro Toledo y al líder del Partido Nacionalista, Ollanta Humala?
Sus caminos ideológicos y políticos no son ni convergentes ni paralelos. Son diametralmente opuestos. ¿Cuál podría ser el denominador común forzado, si consideráramos la existencia de este? ¿El interés nacional, el futuro de los peruanos, o tal vez la ayuda a los damnificados del sur?
Más parece el burdo ensayo de mezclar el agua y el aceite en el alambique criollo de la política, con el propósito de generar algún tipo de explosión parlamentaria en las filas de un adversario común: el Apra. Pero esto podría hacerse abiertamente, sin pasar por un aquelarre embarazoso que no deja bien parado a Toledo y sí deja cierta agua para los molinos del humalismo, que nada pierde.
Sería muy saludable que en el país hubiera consensos partidarios, que los encuentros entre líderes fueran moneda corriente y no sorprendente y que el país se beneficiara del intercambio de ideas y energías para mejorar la calidad de nuestro sistema político y de nuestras propuestas por el país. Todo esto es profundamente deseable, dentro, por supuesto, de la más absoluta transparencia y de la más franca toma de posiciones.
Cuando los políticos hablan abierta y sinceramente todo es claro para todos, como pudo serlo el encuentro entre Toledo y Humala, si a la entrada o salida uno de ellos hubiera dicho a la prensa de qué se trataba o se hubiera reservado la necesidad de entrar en detalles, sin ocultar lo demás.
Recuérdese que estamos hablando sencillamente de la falta de transparencia. Ni más ni menos que de eso. No estamos acusando a Toledo y Humala de alguna conspiración en marcha.