DEL CONSULTOR: La estadística no es un ejercicio frío

Por Carlos E. Aramburú. Antropólogo y demógrafo

El INEI acaba de publicar datos sobre el sismo del 15 de agosto. Sin negar el impacto psicológico y la tragedia de nuestros hermanos del sur, la estadística permite precisar cuántos, quiénes y dónde están los más afectados.

La cifra de afectados con viviendas destruidas o muy afectadas (inhabitables) es de casi 320.000 personas y no 600.000 como señaló el Indeci en un primer momento. El mayor número de afectados está en la provincia de Ica (116.424), luego en Chincha (108.408) y en Pisco (54.855).

El sismo golpeó más a Chincha (50,4% de sus casas están destruidas o muy afectadas), luego a Ica con 39% y Pisco con casi el 37% de viviendas inhabitables. Pese a que el epicentro estuvo más cercano a Pisco, el sismo parece haber afectado más a ciudades lejanas de la costa. La cuenta humana es también dolorosa: 600 fallecidos, 2.800 heridos graves y unos 19.000 con heridas leves. El 97% reside habitualmente en estos distritos, es decir, no tiene adónde ir.

Ponerle datos a la tragedia no es un ejercicio frío e inhumano, es tener una base sólida para direccionar la ayuda y priorizar el esfuerzo de reconstrucción. Felicitamos al INEI por la celeridad y compromiso en brindar esta información no solo a los encargados del esfuerzo de la reconstrucción, sino al público en general.

Toda tragedia pone a prueba a instituciones y personas. Emociona comprobar la solidaridad que el sismo generó. Personas de todas las condiciones daban lo que podían. Duele también comprobar desentendidos entre algunas autoridades. Pero quizá la lección más importante es que no estamos organizados a nivel de cada localidad para responder rápidamente a este tipo de tragedias. El gran asesino durante el sismo fueron paredes, muros y techos precarios que cayeron principalmente sobre los pobladores más humildes. La tecnología está disponible, incluso en el caso del adobe. Urge una política nacional de vivienda popular de calidad y condiciones adecuadas para evitar que adobes y ladrillos vuelvan a matar, herir y desguarnecer a los que menos tienen.