Votar por Burga equivale a girarle un cheque en blanco a un candidato que ni siquiera se ha preocupado por presentar un plan de acción coherente
Por Carlos Salas. Editor de Deporte Total
Contra todas las opiniones (salvo, desde luego, la de él mismo y unos pocos), Manuel Burga Seoane decidió presentarse a la reelección como presidente de la Federación Peruana de Fútbol.
Lo hizo de la peor forma posible: sobre la hora, con lo que redujo al mínimo las posibilidades de escrutar su lista y de debatir propuestas con su contendor. Típicas maniobras de un político, que vienen de alguien que, al menos públicamente, enarbola la independencia del fútbol respecto de la política, pero que tiene entre sus principales aliados a dos congresistas. Uno de ellos, Juvenal Silva, forma parte de su lista.
Tampoco le importó a Manuel Burga el hecho de que solo dos de cada diez peruanos aprueben su gestión y que solo uno de ese mismo universo avale su candidatura.
Hoy se definirá quiénes serán los que manejen el destino del fútbol peruano en los próximos tres años y los que deberán decidir sobre esta tarea de interés prácticamente nacional serán solo 37 personas, los 25 presidentes de las ligas departamentales de fútbol y los 12 representantes de los clubes de primera división.
Las posiciones están bien marcadas. Votar por Burga equivale a apostar por la continuidad de un proceso que, ciertamente, tiene algunos logros, pero que en el balance general pierde por goleada.
Implica también ahondar el conflicto entre el directorio actual y el Instituto Peruano del Deporte, que lo ha inhabilitado por no adaptar los estatutos de la FPF a la normativa nacional.
Finalmente, equivale a tirarle un cheque en blanco a un candidato que ni siquiera se ha preocupado por presentar un plan de acción coherente, algo que sí ha hecho su rival, Federico Cúneo, quien no ha tenido problemas en adelantar su intención de presentarse y discutir sus ideas.
Sabemos que los intereses de los votantes no son los mismos que los de los aficionados, pero al menos esperamos que sean capaces de ejercer su facultad a conciencia y sin que medien presiones de ninguna clase.
Estaremos atentos a la transparencia de los comicios y, personalmente, deseosos de que Manuel Burga no ratifique su mandato. Con semejantes antecedentes y tan marcada impopularidad, la recomendación para los sufragantes en el caso de Burga solo podría ser una: no lo vote, bótelo.