CONTRA LAS TRABAS DEL CRECIMIENTO

Necesaria revaluación de la política peruana

Por Raúl Ferrero C. Jurista

La economía del país sigue creciendo a tasas del 7% y 8% anuales. Esto es excelente. Ese crecimiento bien administrado nos debería llevar a alcanzar el desarrollo, siempre que se tomen las medidas gubernamentales adecuadas.

Sin embargo, quienes tienen que tomar las decisiones manifiestan sentirse maniatados por la maraña de procedimientos burocráticos que deben seguir para que las cosas marchen.

Peor aún, tienen que asegurarse de cumplir una gran cantidad de regulaciones para evitar ser pasibles de la responsabilidad que los pueda llevar a verse obligados a responder por esos actos ante la administración de justicia.

Esto llega al punto que los altos funcionarios muchas veces prefieren no tomar decisiones para luego no tener que responder ante las denuncias que se les puedan formular por haber actuado.

Por ello es que vemos permanentemente que muchos funcionarios públicos prefieren no tomar acción alguna, lo que lleva a la virtual paralización que está afectando a muchas de las actividades y sectores del Estado.

Tanto es así que el Estado no se siente capaz ni siquiera para comprar patrulleros, ambulancias, pertrechos ni municiones, que al país le resultan indispensables. Los procedimientos son tan complicados y engorrosos que al final la solución fácil resulta ser simplemente anular las licitaciones para evitarse problemas posteriores. Entonces, nos preguntamos: ¿Dónde quedan las necesidades del país? ¿Permanentemente postergadas?

Resulta que hoy debemos agregar al inmenso problema de la insuficiente capacidad de gestión del sector público, el del tema de los funcionarios a quienes se les hace difícil asumir responsabilidades, lo que está afectando severamente el desempeño del Estado, que es el encargado de proveer los servicios fundamentales de educación, salud, justicia, seguridad social, seguridad ciudadana, etc.

A lo dicho, es preciso mostrar inquietud por la forma como se viene devaluando la actividad política que es la conductora del desempeño del Estado.

La aversión de mucha gente valiosa hacia la política llama a preocupación. Recientemente hemos visto cómo algunos directores de Forsur han renunciado de inmediato cuando se les dijo que tendrían la calidad de funcionarios públicos.

Cada vez es más pobre la opinión de la población sobre quienes desempeñan cargos públicos, fuera de resultar injusta en numerosos casos, esta constatación resulta muy peligrosa. Es preciso que se revalúe la actividad pública. Ello exige también que quienes la ejercen cuiden mejor su comportamiento y tomen las cosas con la seriedad que corresponde.

De otro lado, no está bien que se haya convertido en casi un deporte nacional el denostar a los políticos. Esto nos lleva igualmente a pedir que la opinión pública sea más crítica al escuchar o leer las denuncias que a diario se hacen contra los políticos.

Sería muy lamentable que el país desaproveche esta época de bonanza por la falta de un aparato estatal que cuando tuvo que actuar no lo hizo, ya sea porque no quiso o porque no pudo.

Limpiemos las trabas burocráticas, pidámosle el mayor compromiso a los altos funcionarios del Estado y trabajemos para que la actividad política recupere prestigio. A su vez, la opinión pública debe exigir más seriedad a las denuncias que se presentan a diario contra quienes ejercen la actividad política, para que así el escrutinio sobre ellos sea más ponderado y desapasionado.

No desaprovechemos estos tiempos de fuerte viento a favor en la economía, para que paralelamente se revalúe la política y a los políticos que tienen que conducirla, para que no nos lamentemos en el futuro sobre las desdichas que sí se pudieron evitar si se hubiera actuado a tiempo.