EL ÁNGULO

El deber de capacitar

Por Gastón Acurio

Hace diez años decidimos que en nuestro restaurante los mozos aprenderían inglés. Contratamos un curso privado diario al cual podía asistir libremente todo el personal. La decisión marcaría solo el inicio de lo que hoy es una política corporativa muy clara de capacitaciones, que incluye desde cursos de expresión corporal y oratoria hasta realidad nacional, historia y baile.

En aquel momento un buen amigo, dueño de un restaurante cercano, cuestionó nuestra decisión. "Para qué vas a gastar en ellos si cuando aprendan, se irán a la competencia", dijo.

Una política de capacitación no debe surgir solo de la necesidad de toda empresa de invertir en la preparación de su gente --si quiere ser competitiva-- sino por el deber que tenemos los empresarios de contribuir con una formación integral de aquellos que, a diferencia de nosotros, no tuvieron la suerte de acceder a una educación de calidad a lo largo de su vida.

Hoy los mozos de nuestro restaurante hablan inglés, estudian para ser 'someliers', administradores y ninguno de ellos se ha ido. Por cierto, el restaurante de nuestro buen amigo tuvo que cerrar hace 8 años.