La abrumadora mayoría que obtuvo el partido de Rafael Correa lo coloca en una posición envidiable, pero también peligrosa. En Ecuador muchos creen que pretende quedarse en el poder
Por Gisella López Lenci. Periodista
Hace casi un año, Rafael Correa era derrotado en primera vuelta por el millonario bananero Álvaro Noboa. A los cuatro vientos gritó que hubo fraude y se enfrascó en un inolvidable intercambio de palabras con el polémico candidato de la derecha. Una suerte de autoproclamado mesías que, con Biblia en la mano derecha, y fajos de dólares en la izquierda, intentaba convencer a un país harto de los políticos de que era la mejor alternativa.
Estuvo a punto de ser el octavo presidente ecuatoriano en una década. Pero las urnas no le favorecieron. Rafael Correa se alzó con la victoria, la primera de las tres que ha protagonizado desde entonces.
Su plan fue elaborado con inteligencia. No presentó candidatos al Congreso, al que no dudó en calificar de corrupto y demás perlas, porque apostaba por una asamblea constituyente que elaboraría una nueva carta magna.
Su estrategia dio resultado. Se alzó con el referéndum que permitió la Asamblea Constituyente y, hace una semana, su partido ha obtenido más de 70 de los 130 representantes. Una paliza.
Ahora, los siguientes pasos son disolver el Congreso --ya lo anunció--, un referéndum que apruebe una nueva constitución y unas casi probables elecciones anticipadas, con lo que no es difícil predecir que habrá Rafael Correa para rato. Así, en un año pasó de ser casi un perdedor al único líder político del país.
PELIGRO EN CIERNES
Sin embargo, las voces discordantes no han cesado de escucharse. Pese a la contundencia de su victoria en las urnas, el peligro de que se constituya un régimen de largo plazo en Ecuador no es gratuito (una paradoja, teniendo en cuenta que nuestro vecino país se caracterizó en los últimos años por gobiernos que salieron por la puerta falsa antes de tiempo).
"Sin ninguna duda, la asamblea va a tratar la parte constitucional, pero paralelamente el Gobierno va a utilizarla para sacar las leyes que le interesan, entre ellas la consolidación del futuro poder", afirmó a El Comercio el economista y reconocido analista ecuatoriano Pablo Lucio Paredes, además de asambleísta electo por el movimiento independiente Futuro Ya.
"El Gobierno va a tratar de alargar el período presidencial a 5 o 6 años (actualmente es de 4), más el período que Correa ya ha hecho y probablemente más una reelección", añade. Con eso tenemos que Alianza País, el movimiento del presidente, se aseguraría como mínimo unos 12 años en el poder.
¿Alguna similitud con Hugo Chávez? No hay que olvidar que el presidente venezolano fue elegido en 1998 pero al año siguiente convocó a una asamblea constituyente que promulgó la llamada Constitución Bolivariana, que estableció el período presidencial en seis años. Desde entonces, Chávez no ha dejado de gobernar y seguirá haciéndolo si prosperan las modificaciones que pretende hacer a su propia Carta Magna que lo dejarían indefinidamente al frente de la presidencia.
Pero tampoco hay que olvidar que el extraditado Alberto Fujimori intentó lo mismo en el país, teniendo en cuenta que él empezó disolviendo el Congreso y luego convocando a la Constituyente.
"Rafael Correa es un aprendiz de Chávez pero sin sus recursos petroleros, y en un país donde ningún presidente elegido en votación popular desde el año 1996 ha logrado terminar su mandato", refiere el peruano Julio Carrión, director del Programa de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Delaware (EE.UU.)
"Yo estoy convencido de que el proyecto de Correa, desde el punto de vista político, es el mismo de Chávez, es decir, quedarse en el poder. Lo que no tengo claro es si el proyecto económico y social de Correa es tan extremo como el de Chávez", añade Paredes.
Justamente, en los últimos días el presidente ecuatoriano ha aparecido con un tono conciliador y ha dicho que apelará a mecanismos de mercado para renegociar el próximo año la deuda pública, la misma que asciende a 13.351 millones de dólares, pese a que ya canceló la deuda con el Fondo Monetario Internacional, que era solo de 30 millones. "Parece estar tomando un camino más neutro y eso es muy positivo", declaró a Reuters el analista Enrique Álvarez, de Idea Global.
Sin embargo, el viernes, la canciller María Fernanda Espinosa declaró que su gobierno espera establecer relaciones comerciales nada menos que con Irán, cuyo presidente, el polémico Mahmud Ahmadineyad, realizó hace una semana una gira por Venezuela y Bolivia.
LA DERROTA DE LOS PARTIDOS
Si algo ha quedado claro luego de la victoria oficialista en la constituyente es la agonía de los partidos políticos ecuatorianos. Si Alianza País obtuvo el 70% de la votación, Sociedad Patriótica (el partido del defenestrado ex presidente Lucio Gutiérrez) alcanzó un exiguo 7,6%. Los partidos de siempre --Social Cristiano, Izquierda Democrática y Partido Renovador Institucional Acción Nacional (Prian)-- quedaron prácticamente diluidos. "Existe un gran rechazo en la gente de los políticos tradicionales y Correa capitaliza esto", agrega Carrión.
Al respecto, la respuesta de Alfredo Castillo, analista y uno de los primeros propulsores de la Asamblea Constituyente durante el gobierno de Alfredo Palacio, es contundente: "Los partidos políticos han sufrido su derrota más impresionante. Este proceso va a generar una modificación del sistema político ecuatoriano porque los viejos partidos han caducado definitivamente y, tras una autocrítica, tendrá que surgir una nueva derecha y una nueva izquierda", expresó a El Comercio.
Ecuador, uno de los países que políticamente ha sufrido más en la última década, inicia una nueva etapa. Una etapa histórica pero también peligrosa, con un presidente ensalzado tras el respaldo popular, pero que deberá diferenciar entre una democracia sustentada en la mayoría o aquella erigida sobre principios legales y morales.
Que Ecuador necesitaba un cambio de rumbo, era obvio. Rafael Correa tiene la oportunidad de ser recordado como un antes y un después, como el presidente que finalmente estableció reglas democráticas claras para el bienestar de la población, y no para el bienestar de un régimen.
El fracaso de la experiencia boliviana
Si se intenta comparar a Rafael Correa con Hugo Chávez, encontrando algunos puntos en común en sus proyectos políticos, no se puede decir lo mismo del boliviano Evo Morales.
El ex dirigente sindical y cocalero obtuvo la presidencia en diciembre del 2005 con el 54% de los votos, convirtiéndose en el primer indígena en ostentar el cargo.
Su promesa de refundar Bolivia se sustentaba en una asamblea constituyente, para así reivindicar a los pueblos originarios de su país.
Sin embargo, ha habido más piedras que flores en el camino de la asamblea.
Basta decir que en más de un año de funcionamiento, la constituyente no ha promulgado ni un solo artículo de la que será la nueva Constitución.
Pugnas partidarias, una oposición reforzada por los enfrentamientos regionales y el fracasado intento del gobierno de cambiar las reglas de juego para asegurarse la mayoría, han convertido al proyecto en un serio dolor de cabeza para el régimen de Morales.
En medio de las trabas, el Congreso de Bolivia no fue disuelto y sigue funcionando normalmente, Incluso, los asambleístas han debido recurrir al Parlamento para prorrogar su funcionamiento, el cual deberá extenderse hasta el 14 de diciembre.
Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera han admitido que su intento de refundar el país está corriendo grave riesgo.
CLAVES
Los últimos días del Congreso
4El Parlamento ecuatoriano denunciará al presidente Correa ante los organismos internacionales por su intención de disolver el Congreso.
4"El pronunciamiento del pueblo ecuatoriano ha sido contundente. El Congreso tiene que irse a la casa", exclamó Rafael Correa tras enterarse de la victoria oficialista.
4"Vamos a ir a todos los organismos mundiales", declaró el presidente del Congreso, Jorge Cevallos.
4Sin embargo, Cevallos juramentó sin dudas a parlamentarios suplentes, luego de que los 57 diputados titulares fueron destituidos por el tribunal electoral por intentar impedir el referéndum por la constituyente.
4La asamblea se instalará en noviembre. En agosto del 2008 entregaría la nueva Constitución, la misma que será aprobada por consulta popular.