ANÁLISIS ECONÓMICO

Pescando a río revuelto

Por Fritz Du Bois

El fortalecimiento del nuevo sol frente al dólar corre el riesgo de desbordarse hacia una suerte de psicosis colectiva por la incesante reiteración de algunos gremios sobre el supuesto perjuicio de la reevaluación (aunque, como siempre, ni se les cruza por la mente pensar en el consumidor, el cual sí se beneficia con la actual situación). De esa manera alarmista están convirtiendo el tipo de cambio en la gran excusa para toda clase de planteamientos rentistas que de seguro no prosperarán. Sin embargo, el pequeño interés particular de algunos está poniendo en juego la estabilidad y, aunque no logren su cometido, la sensación de incertidumbre que están generando perjudica al bienestar general. Creo que es momento de reflexionar, actuar con un poco mas de responsabilidad y dejar el mercantilismo de lado, para variar.

En realidad hace 20 años no se veía tanta obsesión por el tipo de cambio en la población, la diferencia está en que entonces la preocupación era la extrema debilidad de la moneda mientras que en la actualidad es su fortaleza. Lo que no cambia es la necesidad e importancia, tanto hoy como ayer, de enfrentar estas situaciones con políticas que sean beneficiosas en el largo plazo para nuestra economía y no creando nuevas distorsiones. El anuncio presidencial de llevar a cabo una reducción significativa de aranceles, de ampliar la reinversión de utilidades y de eliminar (esperamos) miles de trámites burocráticos mediante el impulso de una radical simplificación administrativa es la respuesta correcta, ya que definitivamente aumentarán considerablemente nuestra productividad. Medidas como las anunciadas, y otras que sin duda le seguirán, continuarán teniendo un impacto positivo en la competitividad de nuestras empresas y productos muchos años después de que situaciones coyunturales -- como el actual episodio cambiario-- hayan caído largamente en el olvido.

Lamentablemente, en el Congreso también quieren pescar a río revuelto. Aprovechándose de la agobiante falta de infraestructura, la bancada aprista ha presentado un proyecto de ley que no solo busca retirar el control y la supervisión sobre la Empresa Nacional de Puertos (Enapu) sino que incluso intenta eliminar la competencia prohibiendo que en un radio de 150 kilómetros alrededor del Callao se establezcan otras terminales de contenedores, para asegurarle ingresos a la empresa estatal.

De ser aprobado este novedoso e imaginativo concepto de parcelar el país y el mercado para beneficio de algunos compañeros, se ahuyentaría la enorme inversión privada que se requiere a gritos en la modernización portuaria y llevaría a no poder aprovechar plenamente la posibilidad de dar un salto al bienestar con la inminente ratificación del TLC. Para el observador de afuera -- la verdad que también para los que estamos adentro-- es difícil entender cómo conviven en un mismo Gobierno tendencias tan opuestas como las que propugnan este retorno a los desastrosos monopolios del Estado, con aquellas que plantean la eficiencia y adecuada fiscalización de centralizar en una sola y transparente entidad todas las compras estatales.

Es fundamental seguir capitalizando en la coyuntura ya que las situaciones extremas tienen la ventaja de forzar decisiones que en otras circunstancias se postergan por comodidad. El peligro está en demorarse, lo que permitiría que los pescadores del corto plazo --que abundan en los ríos revueltos-- ganen la mano y logren con ello que la corriente se lleve el potencial económico del país.