LA SEMANA QUE PASÓ
(A Burga) lo favoreció la ausencia de una oposición cohesionada, que empezó a trabajar muy tarde
Por Pedro Ortiz Bisso
La reelección de Manuel Burga no representa un adiós automático a Sudáfrica 2010, como se ha dicho alegremente en algunos titulares y charlas de esquina. Ya las posibilidades de la selección que dirige José del Solar eran ralas por una serie de carencias individuales y colectivas que no iban a desaparecer por arte de magia si Federico Cúneo hubiese sido ungido presidente de la Federación Peruana de Fútbol. Es más, aun si se consiguiera la clasificación al Mundial, los problemas estructurales del balompié se mantendrían igual.
El Mundial que debería preocuparnos es el que seguramente albergará Brasil en el 2014 y algún país asiático cuatro años después. Pensar en esos torneos con la conducción actual --salvo que ocurriese algún hipo coyuntural similar al de los 'jotitas'-- es lo más parecido a imaginar al 'Puma' Carranza haciendo una pared con Messi.
Al fútbol peruano hay que mirarlo en perspectiva, visión que la gestión Burga --y la anterior, a la que él también perteneció, encabezada por Nicolás Delfino-- no ha tenido. Los resultados se ven en el paupérrimo nivel del campeonato local y los papelones que cada año se perpetran en las copas Libertadores, Sudamericana o en cuanto tope internacional se pacta. La ausencia de un plan de trabajo sustentado, que señale con exactitud objetivos, metas y estrategias, dirigido con generosas cuotas de liderazgo y credibilidad, son los causantes de estos desastres semanales que mantienen los estadios despoblados y a la hinchada en permanente estado de indignación.
Pero si Burga sigue siendo presidente de la FPF, no es solamente por la existencia de un sistema electoral ad hoc a sus intereses o la complicidad sospechosa de algunos líderes regionales. Lo favoreció también la ausencia de una oposición cohesionada, que empezó a trabajar muy tarde y tuvo una visión muy 'limeñista' del mundo de las federaciones departamentales. Si se aceptó ir a una elección con estas reglas, la oposición debió ser más inteligente.
Ellos son los verdaderos culpables de esta nueva frustración.