El último viernes fue un infeliz día para el fútbol nacional. Con una pantomima democrática, la candidatura reeleccionista de Manuel Burga se impuso a la sensatez y a todo el país que mayoritariamente (cerca de 90% en contra, según Apoyo) reclamaba la renovación de la Federación Peruana de Fútbol (FPF).
Sin embargo, los estatutos están confeccionados a la medida de una cúpula que desde el poder distribuye prebendas y recibe a cambio los incondicionales votos para entronizarse. Los delegados que votaron fueron 37, de los cuales 25 son presidentes de ligas departamentales y los otros 12 representan a los clubes de primera división.
Precisamente, la actual estructura eleccionaria es la que posibilita la continuidad por cuatro años más de Burga, que lleva en el cargo de presidente ya cinco años y quince como dirigente. La holgada ventaja que logró, 26 votos contra 11 que apoyaron a Federico Cúneo, solo refleja la grosera manipulación que hace de las federaciones departamentales. Además, los votos opositores de los principales equipos --Alianza Lima, Universitario, Sporting Cristal, Sport Boys, San Martín y Bolognesi-- quedan aplastados por los desconocidos representantes de esas ligas.
Mientras este modelo estatutario siga vigente, la FPF seguirá tomada por una cuestionada cúpula, que para mayor indignación de todos los amantes del fútbol, goza del blindaje legal de la FIFA, que ejerce y le presta una suerte de extraterritorialidad e impunidad frente a las leyes nacionales.
Legalmente Burga no podía postular pues está vigente la sanción que le impuso un consejo de justicia del Instituto Peruano del Deporte (IPD). No obstante, el comité electoral, de dudosa neutralidad, obvió este ineludible impedimento.
Pero ya quisiera esta espuria directiva, tras los comicios del viernes, dar la vuelta a la página. Sin embargo, falta un nuevo capítulo en esta trepidante historia. Y es que, por imperio de la ley peruana, estos resultados son inaceptables porque Burga está impedido de ejercer el cargo.
Ahora el paso siguiente, como anunció el ministro de Educación, José Chang, sería que el Consejo Nacional del Deporte del IPD actúe con coherencia para defenestrar a Burga y hacer entrar en razón a la FIFA, explicándole que su posición no es politizada, sino que está a tono con el clamor de todo un país. Frente a ello, la FIFA no puede hacer oídos sordos.
Y, si a pesar de todo, esta intervención genera una negativa reacción de la FIFA para desafiliarnos de sus campeonatos, entre ellos las próximas eliminatorias mundialistas, el único responsable de tremenda deshonra será Manuel Burga Seoane y su nefasta camarilla reeleccionista.