VICIOS POLÍTICOS Y VIDAS PRIVADAS

Pacto contra la intriga

Por FernandoVivas. Periodista

El Toledo público me es indefendible. No voté por él en el 2001 y soporté sus cinco años de mendacidad y baja voluntad política con la esperanza de una mejor alternancia. A pesar de muchas decepciones respecto del aprismo, creo que sí ha habido esa mejoría.

La temporada que ha pasado no ha cambiado mi perspectiva. Que tenga una bancada de dos parlamentarios, David Waisman y Carlos Bruce, que nunca se los ve juntos, y un grupete de ex asesores refugiados en blogs donde disparan a diestra y siniestra escudados en el anonimato, da una medida del despilfarro político que fue su gobierno para el Perú y para el propio peruposibilismo.

Pero defiendo, por principio, la vida privada de Alejandro Toledo, zarandeada por una intriga de baja estofa que pretende pintarlo como un violador. Ahora bien, la presunta víctima, Diana Arévalo, en una entrevista que sostuvo con el congresista denunciante Gustavo Espinoza y un reportero de "La ventana indiscreta", negó que hubiera sido violada (como dio a entender el inefable Espinoza en un comienzo), pero afirmó, con detalles confusos, que sí llegó a forcejear con él. Admitió también que si bien estaba lúcida había bebido, lo que empobrece su testimonio.

Tan débil caso no nos autoriza a seguir oleteando en la intimidad toledista, aunque las contradicciones en su defensa hacen pensar que sí hubo, al menos, una situación embarazosa que le incomoda admitir. Que no dé coartadas en detalle y que no amenace con denunciar a la chica, aunque sí a Espinoza, abonan a esa especulación.

Pero ahí lo dejamos, porque, repito, no hay materia delictiva. Tampoco hay suficientes indicios para asegurar que el Apra estuvo detrás de la intriga, aunque sobren coincidencias: Espinoza lanzó la bomba en plena campaña de salvataje del ministro Luis Alva Castro, se lo vio ese día con el aprista Javier Velásquez Quesquén, que acaba de preparar un compendio de las acusaciones a Toledo (llamé a su despacho para obtener un ejemplar, pero solo obtuve evasivas), el comisario y algunos de los policías que tomaron las declaraciones de Arévalo han sido removidos y varios oficialistas han hecho declaraciones ponzoñosas contra Toledo. Pero, insisto, no tenemos pruebas para culpar al Apra de la intriga ni a Toledo de acosador sexual.

Lo que sí nos consta es que Gustavo Espinoza cometió una bajeza política que merece una sanción de la Comisión de Ética Parlamentaria, similar a la que le cayó a su correligionario (de alma más que de partido) Carlos Torres Caro cuando se lo acusó por intrigar con una foto de Velásquez Quesquén cabeceando.

Espinoza, al lanzar una denuncia con términos engañosos y efectistas y en un recinto que debe consagrarse a otros menesteres, ha hecho regresionar la agenda nacional. Si el Apra quiere demostrar que está por encima de la intriga, pues que vote por una ejemplar sanción a este otorongo que ya nos debe más de una intriga sin esclarecer.