La percepción de la gente depende mucho de cuán informada está. Y el Gobierno maneja una pésima información pública
Por Juan Paredes Castro
Encima de que no tenemos una cultura de información pública --ni de quien la pide ni de quien la da--, el gobierno de Alan García ha hecho poco o nada desde el interior de la administración estatal para que los peruanos sepamos lo que debemos saber.
La información pública propiamente de adentro no fluye hacia afuera, porque los mecanismos del secretismo en el aparato estatal son mucho más fuertes que la ley de transparencia.
El gran problema de los medios de comunicación es precisamente este: el de no poder acceder exitosamente a la información pública, no porque los jefes de organismos les cierren las puertas. No. Simplemente porque las reparticiones estatales no están preparadas para disponer de información actualizada sobre ellas mismas ni para procesarlas en función de las necesidades ciudadanas.
Las declaraciones presidenciales, ministeriales y parlamentarias nos ofrecen generalmente un panorama epidérmico de lo que pasa y está por pasar. Por ejemplo: hemos tenido que esperar varias renuncias en el Forsur para recién enterarnos de que había una propuesta del señor Julio Favre para que el directorio se reduzca a un máximo de nueve miembros.
¿Cuántas de las percepciones públicas buenas o malas sobre el Gobierno, el Congreso y el Poder Judicial obedecen al hecho concreto de la falta de información adecuada? Es cierto que ahora abundan los portales sectoriales. ¿Pero cuántos de estos sirven y cuántos no?
Hay encuestas con cifras en alza como hay otras con cifras a la baja. Detrás de ellas la pregunta vuelve a ser la misma: ¿la gente mide y juzga bien la perfomance de las autoridades públicas? ¿Y estas qué hacen a favor de que esa misma gente pueda medir y juzgar mejor? Al final de cuentas, todos podemos estar equivocados, aunque hay siempre percepciones que no se prestan a ninguna duda, que tienen su peso específico en verdad y en contundencia y que, por supuesto, forman parte del otro acervo: del acervo de la verdad.
No solo en beneficio propio sino de los ciudadanos, el Gobierno tiene que mejorar sus estándares de información pública, comenzando del propio consejo de ministros, de cuyos temas tratados conocemos muy poco.