Por Javier Zúñiga. Economista
En los últimos días el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) decidió reducir los aranceles a más de 4.200 productos. Esto querría decir que 70% de los productos procedentes del exterior no pagaría impuestos y que la tasa arancelaria, en promedio, se reduciría del 8% al 5,8%.
Estas medidas intentan dinamizar las inversiones y terminar con un proceso inflacionario de alrededor del 3% para el presente año. Asimismo, debido al aumento de las importaciones se podría reducir la presión hacia la baja que tiene actualmente el tipo de cambio.
La disminución de aranceles permitiría reducir los precios sobre todo de los productos alimenticios, como lácteos, fideos, arroz y azúcar, lo que bajaría el costo de la canasta básica familiar.
En lo referente a los materiales de construcción, se ha reducido la tasa arancelaria del 12% al 0%, como consecuencia de que los precios en este sector habían aumentado considerablemente.
Con respecto a los productos agrícolas, la disminución de aranceles no debió haber tomado en cuenta aquellos subsidiados de Estados Unidos y Europa, que afectan de manera directa a los productores locales.
La reducción de aranceles no constituirá necesariamente una medida de inyección a la productividad en todas las empresas, en especial aquellas de confecciones y fabricantes de productos intermedios, que con estas medidas les será muy difícil permanecer en el mercado.
En lo personal, considero que lo más apropiado hubiera sido concertar con los gremios empresariales la determinación de las medidas arancelarias más adecuadas.