Hay algunos avances en el hemisferio, pero en general, sobre todo en Venezuela y Cuba, la situación de la libertad de prensa se sigue deteriorando cada vez más. En algunos países se ha dado leyes y sentencias ejemplares contra la impunidad, pero peligrosamente persisten actos de violencia física y psicológica y acoso gubernamental. Y, solo en el último semestre se ha asesinado a nueve periodistas.
Tal es la principal conclusión de la Asamblea General 63 de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que debería ser vista como un llamado de alerta por los periodistas y entidades internacionales para seguir denunciando cualquier retroceso y luchar para restituir la plena libertad de expresión.
No caben aquí la indiferencia o el apaciguamiento ante la intolerancia, en mayor o menor grado, de los gobiernos supuestamente democráticos, o, peor aún, de regímenes como el cubano y el venezolano, que empezaron afectando la libertad de prensa y opinión para avanzar en sus proyectos totalitarios.
En el Perú ya hemos sido testigos de lo que sucede cuando la dictadura velasquista acalló a la prensa. Y recientemente en Venezuela, luego del cierre de RCTV se le ha confiscado sus equipos y estaciones, se ataca a los colegios privados y se ha planteado la reelección presidencial indefinida. Ahora mismo, el régimen chavista ha ido endureciendo las amenazas contra los hoteleros de distintas ciudades para evitar que la SIP celebre en Venezuela su próxima reunión de medio año, lo que es un escándalo internacional y evidencia la entraña dictatorial de un gobierno que repudia el pluralismo. ¿Hasta dónde puede llegar el oscurantismo chavista?
La lucha por la libertad de prensa no puede detenerse. Y ello debe comprometer no solo a los periodistas y los medios de comunicación, sino a todos los ciudadanos, en el entendido de que cuando se ataca a un periodista que cumple su función se afecta un principio básico de la democracia y del respeto a las libertades de todos.