Por Élida Román
Dos exposiciones, de indudable interés, se presentan en simultáneo en la Galería Artco.
"Tramas y enredos" reúne una veintena de pinturas recientes de Eduardo Llanos, todas ellas composiciones abstractas a partir de los resultados de tejer, entrelazar, entrecruzar ligando, y, en algunas obras, interviniendo este fondo con masas formales imprecisas, invasivas y sugerentes.
Según M. Mertens, "La acción de tejer representa fundamentalmente la creación y la vida, sobre todo esta en sus aspectos de conservación y multiplicación o crecimiento. Este sentido era conocido y aplicado con fines mágicos y religiosos en Egipto y en las culturas precolombinas del Perú..." ('L'Occultisme du Zodiaque', Paris, 1939). Interpretación interesante y pertinente, si tomamos en cuenta la referencia que hace Llanos, al origen y motivo de este trabajo suyo, dedicado en homenaje a su abuela y rememorando el lugar central activo que esta ocupación significaba para ella. Memoria y asociación con la existencia misma de la trama familiar, esa relación de uniones y cruzamientos inevitables y mutuamente sostenibles, que también adquieren la categoría de 'enredos', en alusión acertada al conflicto que también la integra.
Cabe recordar que el autor ha completado su formación en textilería monumental en Holanda, pese a lo cual, y para este proyecto, ha preferido la representación pictórica, a excepción de dos pequeñas piezas tejidas como red apretada y endurecidas mediante auxilio químico. Optar por la pintura le ha permitido realizar una obra donde la sutileza sirve a una sensibilidad expuesta, mediante trazos cuidadosos y delicados, aún aquellos realizados con colores fuertes y contrastantes. Surge así una sensación de fragilidad y hasta peligro, que trasmite un cierto ánimo temeroso, algo parecido al vaivén de tiempo y vida transcurrida, labilidad ingobernable, una cierta forma de admitir destino y azar.
Marta Cisneros, autora de una escultura poderosa e impactante, reúne nueve piezas que ratifican la gran calidad de su trabajo. Madera, metal, piedra, sintéticos y cerdas de cabello, son utilizados no solo como elementos contrastantes sino que asumen, cada uno, un cierto rol de significantes, atendiendo a sus características intrínsecas, las que la artista ha logrado metaforizar mediante un tratamiento que va desde el pulido exquisito hasta la exacerbación de lo agudo y amenazante, pasando por la obvia sensualidad del pelo, utilizado en el doble rol de arma atractiva e instrumento defensivo. Eros y Tanatos, presentes y violentos, urgentes e implacables.
Todas las esculturas parten de la presencia de un cuerpo, entero o fragmentado, total o insinuado. Cuerpo que puede encarnar el rito agresivo, o la posibilidad de engendrar y nutrir, como ocurre en las formas con múltiples mamas. O simplemente aludir al gesto del perdón o el ofrecimiento, como en las manos centradas en el círculo. Una corriente de agresión y defensa, de llamado y mirada impotente, recorren estas piezas que, de todos modos, imponen su presencia, no como grito, pero sí, como alerta.
Una estupenda escultora.