CRÍTICA DE MÚSICA
Por José Quezada Macchiavello
Prolírica presentó en el Teatro Segura el único título de su temporada de ópera 2007: "La Flauta Mágica" de Wolfgang Amadeus Mozart. Siendo una de las cumbres de la música del genio de Salzburgo, "La Flauta Mágica" representa un momento temprano pero sin duda cumbre del "singspiel germano" -una suerte de ópera cómica de inspiración popular- como un encuentro no superado entre lo que conocemos como música clásica y lo que puede considerarse precisamente como popular. Recordemos que esta ópera estuvo destinada a un teatro un tanto marginal y popular y que desde esa perspectiva Mozart compuso una serie de melodías que conjugan la expresión sencilla con la más elevada inspiración, incluyendo, por cierto, arias y coros de profunda inspiración y seriedad. Todo esto fue escrito sobre un libreto un tanto disparatado de Schikaneder, un actor y empresario un tanto excéntrico, amigo del compositor, que conjugó símbolos y conceptos masónicos, con lugares comunes iluministas , una suerte de antifeminismo -que sería anacrónico juzgar desde nuestra perspectiva- que no ocultaría además un rechazo al poder y a la religión tradicional.
La manera más adecuada de montar "La Flauta Mágica" es precisamente la más alejada del realismo escenográfico o del despliegue de efectos mágicos, yendo a lo sencillo, a lo infantil en lo referente a decorados y caracterizaciones. Para muestra emblemática la extraordinaria versión cinematográfica de Igmar Bergman. El montaje de Prolírica con "regia" de Luigi Alva, coincidió felizmente con el modelo bergmaniano, con sencillos pero notables decorados de Carlos Revilla y apropiado vestuario, en términos generales, de Catherine Scheuch y Dora Valderrama.
Deseo destacar en primer lugar la calidad de la orquesta, así como la concepción y la conducción impecable del maestro Óscar Vadillo. Un sonido fiel al estilo que se puede escuchar así en los teatros más exigentes. Notable la "Pamina" de Jacqueline Terry, aquí y en cualquier parte del mundo. De primer nivel, también en el más alto estándar internacional, el "Papageno" de Xavier Fernández. Notable la "Reina de la Noche" de la soprano española Eugenia Enguita. Muy bien el "Tamino" de Ricardo Mirabelli y la "Papagena" de Ximena Agurto. Humberto Zavalaga dio lo mejor de sí para el "Sarastro", aunque el rol exige un bajo más profundo, que él no es. Para el papel de "Monastatos" estuvo escénicamente aceptable Zenón García, pero en lo vocal este rol precisa una voz de mayor potencia y color, especialmente en la no poco exigente e importante aria que tiene , con una orquestación no precisamente leve. Los papeles secundarios y comprimarios bastante aceptables en general.
Sin embargo llamo la atención a un hecho que denota un descuido de detalles un tanto "imperdonable": "Los Tres Genios", que hubiese sido preferible confiar a voces femeninas de cantantes jóvenes, debidamente caracterizadas, claro está. El resultado afectó bastante la calidad del resultado general. Un poco desigual también el ensamble de "Las Damas de la Reina de la Noche", en lo referente al nivel técnico de las voces.