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Un viaje al mundo de Oz

EL ESCRITOR ISRAELÍ HABLA DE SU FASCINACIÓN POR LA MUJER, ANALIZA EL CONFLICTO DE MEDIO ORIENTE Y REFLEXIONA SOBRE EL PODER QUE TIENE LA LITERATURA PARA INFLUIR EN LA REALIDAD

LA NACIÓN de Argentina

ROMA. "Mi vida estuvo marcada por un libro para niños, que a ustedes no les dirá nada porque forma parte de nuestra tradición. El protagonista era un oso al que se le pagaba con miel por la historia que relataba. Yo también empecé a escribir historias para que me dieran miel a cambio". Amos Oz está en la ciudad italiana de Cosenza, donde ha llegado a recibir un premio de la Fundación Carical-Grinzane Cavour. Oz recorre retrospectivamente su precoz encuentro con la literatura, en una familia de intelectuales. "Le debo a mi madre la pasión por el relato", confiesa con ternura. "A los dos o tres años, ella me contaba fábulas que atraían intensamente mi atención. Solo de adulto entendí que eran historias que ella misma inventaba".

El tono de la voz y la expresión de su rostro revelan que persiste en él la fascinación por la figura materna. A eso se debe, sin duda, la presencia de tantos personajes femeninos en sus novelas. "Mi madre se quitó la vida cuando yo tenía 12 años. Y ese trágico acontecimiento desencadenó mi curiosidad por el universo femenino. Muy joven, a los 24 años, escribí una novela titulada "Mi querido Mijael". A esa edad estaba verdaderamente convencido de que había entendido todo sobre las mujeres. Hoy no me atrevería a escribir una novela en la que la voz narrativa fuera la de una mujer. Con el transcurso del tiempo he aprendido que lo que sé sobre las mujeres es poco en relación con lo que verdaderamente debería saber".

Pero la prudencia del escritor israelí no disminuye su constante atención hacia los personajes femeninos. "He recibido muchos mensajes. En algunas cartas me preguntan cómo hice para escribir esas páginas capaces de expresar el punto de vista de una mujer. En otras, por el contrario, me acusan explícitamente de no entender lo más básico del mundo femenino. ¿Cuál de las dos partes tiene razón? No estoy seguro de poder descifrar realmente a los personajes femeninos de mis novelas. Pero puedo confesar que daría gran parte de mi vida por conseguir ser, al menos durante un momento, una mujer".

Amos Oz habla con pasión de su vivo interés por las vicisitudes íntimas, por las historias que cuentan los encuentros y desencuentros de los seres humanos. "En mis novelas describo sobre todo la vida de las personas. Me gusta construir historias en las que las relaciones familiares o amistosas son el centro de atención".

Se puede advertir, sin embargo, que en todas sus obras las relaciones entre individuos siempre hablan también de las relaciones entre culturas o pueblos diversos. "Revelaré un secreto. En realidad, no hablo de pueblos, sino de seres humanos individuales. Pero con frecuencia releo lo que escribí. Y solo a posteriori me doy cuenta de que describiendo a un personaje en particular he logrado describir también a una familia, un barrio entero, una determinada situación histórica. Pero esta ampliación del horizonte es espontánea, no es producto de una planificación".

El tema de la "mediación" representa un ejemplo elocuente de la manera en que la dimensión privada puede ser un laboratorio para entender mejor el macrocosmos de la realidad política. "Creo profundamente en la mediación, no tanto en el aspecto de un enfoque político. Mi propia experiencia íntima me ha hecho entender que sin mediación es difícil concebir una relación entre padre e hijo, entre marido y mujer, entre hermano y hermana, entre individuos en general. Es necesario partir del hecho de que los seres humanos son muy diferentes entre sí y sin mediación no es fácil hallar un punto de encuentro".

Amos Oz sabe perfectamente que en el plano político su posición despierta resistencia. "Desdichadamente, los jóvenes, que son más idealistas, rechazan la mediación", comenta. "La consideran un mecanismo deshonesto, oportunista: una falta de integridad. Para mí, en cambio, la mediación es coexistencia, la capacidad de vivir juntos. Y eso vale tanto para dos individuos como para dos pueblos. Muchas personas creen que lo contrario de la mediación es la integridad. Para mí, en cambio, lo contrario de la mediación es el fanatismo y, por consiguiente, la muerte".

La conversación cae, inevitablemente, sobre el campo minado del fundamentalismo, tema sobre el cual Oz expresa firmemente su punto de vista. "El fanático es un signo de exclamación andante. No tiene vida privada. Aparece como un altruista, dado que se interesa sobre todo por los otros. Pero eso no lo hace entender al otro, simplemente lo impulsa a obligar al otro a ser lo que él cree que debe ser. Para esa clase de personas, ninguna mediación es posible", explica.

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