FILTRACIONES SUBTERRÁNEAS EMERGEN Y FORMAN AMENAZANTES CHARCOS ALREDEDOR DEL MONUMENTOEXPERTO ASEGURA QUE, DE NO TOMARSE MEDIDAS, PODRÍA DESAPARECER EN 30 A 35 AÑOS
EL CAIRO [EFE]. El supuesto hundimiento de la Esfinge tiene a los egiptólogos preocupados por el estado del milenario coloso, después de comprobar cómo las aguas subterráneas en sus alrededores están saliendo a la superficie.
Tan solo a unos pasos de los pies de Abu el Hul, o Padre del Terror, como los egipcios llaman a la Esfinge, una capa de césped ha comenzado a crecer hace cuatro meses, lo que prueba la existencia de agua en la zona, explicó el arqueólogo Bassam el Shammaa.
"Hace una semana vi con mis propios ojos grandes charcos de agua estancada de una profundidad de entre treinta y cuarenta centímetros delante del Templo del Valle, a pocos metros de la Esfinge", aseguró Shammaa.
El experto ha lanzado una campaña de concientización por Internet con el nombre de Salvemos la Esfinge, y en su página web (www.sossphinx.bassam.itgo.com) ha colgado fotografías que confirman sus palabras.
El egiptólogo espera que los responsables de antigüedades se muevan raudamente para salvar el monumento, al que --dice-- solo le quedan entre 30 y 35 años de subsistencia si no se resuelve el problema. Después de 4.600 años custodiando las pirámides de Guiza, a este monstruo de piedra caliza, mitad hombre mitad león, le ha llegado el momento de que lo protejan.
Los dirigentes del poderoso Consejo Supremo de Antigüedades (CSA) egipcio han reconocido que existen problemas cuyo origen todavía se desconoce con las aguas en las cercanías de la Esfinge.
"Ya sea una fuga de las tuberías de agua potable, del desagüe, de los canales o de las aguas de irrigación, tenemos que descubrir las causas del problema para que no se repita", explicó el director del Departamento de Egiptología del CSA, Sabri Abdelaziz.
Para lograr ese objetivo, un comité de especialistas de la Universidad de El Cairo comenzó, hace dos meses, a estudiar el nuevo fenómeno que rodea a la Esfinge, y se espera que lleguen a alguna conclusión en el próximo mes.
"Pese a todo, la Esfinge está a salvo. No corre peligro, porque se encuentra en un nivel más alto que las aguas subterráneas. Los estudios necesitan su tiempo antes de que lancemos un proyecto para la protección del monumento", tranquiliza Abdelaziz.
Otros expertos independientes, también preocupados por los templos faraónicos, como Ayman Ahmed, de la Universidad de Sohag (sur de Egipto) y el hidrogeólogo Graham Fogg, de la Universidad de California en Davis (EE.UU.), examinan el movimiento de las aguas subterráneas bajo los monumentos.
Bien a través de esfuerzos individuales o mediante trabajos auspiciados por las autoridades, lo cierto es que el estado de la Esfinge, uno de los más célebres y gigantescos monumentos del mundo, ha puesto en alerta a los egiptólogos de todo el mundo.
Con una longitud de 73 metros, una altura de 22,5 y un ancho que fluctúa a lo largo de su cuerpo entre los 5 y los 9 metros, la Esfinge siempre gozó de veneración y culto durante la antigüedad. Su cabeza, similar a la del faraón Kefrén, lleva el tocado real faraónico y una barba postiza en el mentón, que, al igual que su mítica nariz, ha desaparecido.
Su emplazamiento, cercano a la Pirámide de Kefrén, ha llevado a muchos historiadores a asociar su construcción a la figura de este faraón (2.520-2.494 a.C.).