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"Soy un optimista de luto"

ENTREVISTA. Jorge Eduardo Benavides

Por Enrique Planas

En un principio, pensó que tenía entre manos la historia de una vieja proxeneta que comandaba una casa de jóvenes prostitutas solo para militares. Pero el proyecto literario fue creciendo: empezaron a aparecer más personajes, ya no solo uniformados sino también los temerosos ministros y ambiciosos asesores que pulularon en la dictadura del general Juan Velasco. Vladimiro Montesinos (por entonces un bisoño aprendiz de conspiraciones) encontró un lugar en la novela de forma natural. Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, 1964) se dio cuenta de que estaba escribiendo la novela política que cerraría el ciclo abierto con sus anteriores libros, "Los años inútiles" y "El año que rompí contigo". "Encontré un tema muy interesante --explica--, pero este no es un libro de ensayos. La novela no pretende dilucidar nada sobre ese proceso histórico. En verdad, he acomodado la historia bastante a mi antojo. Lo que subyace en la novela es una mirada al lado humano del personaje, lo que la sociología y la historia nunca van a estudiar".

Benavides tenía 4 años cuando Velasco dio el golpe de Estado en 1968. Aún recuerda la progresiva militarización de su ciudad, la proliferación de desfiles cívico-patrióticos por cualquier motivo y una prensa parametrada en cuyos titulares de primera plana podía leerse "Velasco da una lección al mundo" o "Perú asombra al orbe con sus reformas", entre otros delirios. Ahora, el escritor recuerda, investiga, busca los más caprichosos detalles para ofrecernos una ambiciosa novela sobre un dictador acosado por sus miedos, temeroso de cualquier traición e incapaz de descubrir a los verdaderos conspiradores de su ilegítimo gobierno. Sin duda, "Un millón de soles" no es una novela sobre cualquier dictador tropical, sino que nos aporta una muy actual lectura sobre las ilusiones y las trampas del poder.

"Un millón de soles" cierra una trilogía de novelas políticas sobre las últimas décadas de nuestra historia. Pero esta se diferencia de las anteriores en que has decidido enfocarte ya no en los ciudadanos sino en los gobernantes...
Es la novela más política que he hecho, y yo que me prometía no volver a escribir novelas políticas. Pero era inevitable para mí. Quería escribir sobre el poder, pero no quería hacer una típica novela de dictador. En realidad, Velasco no es el personaje principal de la historia. La mirada se centra fundamentalmente en el grupito de conspiradores que lo rodean.

Dicen que la historia siempre se repite, pero en la novela uno puede encontrar aspectos de la política que pueden considerarse superados. Por ejemplo, la idea del poder falocéntrico.
Han variado algunas cosas. Por ejemplo, la ingenuidad de la gente que podía creer en verdad en un proceso como el de Velasco. Curiosamente, esa gente todavía existe. Muchos me han dicho: "Pero Velasco tuvo acciones buenas". Hay que negar eso. Velasco fue un dictador desde el principio. No cabe hablar de cosas positivas. Creo que Velasco y otros militares estaban convencidos de que hacían bien, y no se dieron cuenta de que terminarían comidos por los cínicos que los acompañaban. Eso sí, el dispendio de los militares es una bobería comparado con la corrupción de Fujimori. Creo que, con los años, se ha ido degradando la actitud política tanto de los cínicos como de los ingenuos.

En la novela, las mujeres son meras cortesanas de los poderosos...
En sociedades como las nuestras, entonces la participación política de la mujer era simplemente decorativa. Ante la brutalidad dictatorial, los débiles solo podemos acceder al poder a través de la persuasión. Persuade el que no tiene fuerza bruta. Y en las dictaduras, el gobierno de la fuerza bruta, las mujeres representaban "la cara amable del régimen", como decían las revistas de la época. Sin embargo, desde las sombras, ejercían el poder de la persuasión.

¿Crees que la aparición de Velasco es la primera manifestación de ese 'outsider' que siempre aparece en la polarizada política peruana actual?
Indudablemente Velasco representa un punto de inflexión en la forma como tradicionalmente se hacía la política. Hasta ese momento, la política era ejercida por gente blanca. Con Velasco, aparecen temas que nunca antes se habían reivindicado. Lo que ocurre es que, como sus intenciones no nacieron desde la institucionalidad ni desde el valor cívico, todo degeneró en el patrioterismo. Velasco integró a la brava y mal a sectores que nunca tuvieron antes voz ni representación. A partir de entonces, solo tenemos 'outsiders' en la política peruana.

Se piensa ingenuamente que Velasco llegó al poder con una ideología y un plan. En la novela, planteas que el gobierno atinaba solo a bravatas y arrebatos nacionalistas. Su ideología fue algo inventado sobre la marcha...
No pude meter en la novela anécdotas históricas fantásticas porque el libro se me desbordaba. Por ejemplo el Partido Socialista Revolucionario fue creado para darle una cierta institucionalidad y un revestimiento ideológico a su gobierno. Pero no había ningún programa. El Plan Inca era una absoluta chorrada. La reforma agraria tenía tantas contradicciones y parches que los propios técnicos que la hicieron no la podían entender.

Lo que sí existía era un profundo sentimiento antiyanqui que explica la simpatía popular ante el golpe de Estado velasquista.
Cuando Velasco toma el poder, hasta los odriistas estaban en su contra, imagínate. Pero inmediatamente se toma la International Petroleum Company y los peruanos vieron en ello algo maravilloso. Pero la expropiación se hizo muy mal. El Gobierno Peruano tuvo que pagar una millonada de dólares por ello. Y es que las dictaduras tienen ese problema:los remedios suelen ser peores que las enfermedades.

Para darle verosimilitud histórica a la novela compartes detalles muy reveladores. ¿Cómo supiste, por ejemplo, que Velasco fumaba cigarrillos de marca Chalanes?
La ficción se sustenta en esos detalles. Que Velasco fume Chalanes, Winston o Hamilton podría no tener importancia para algunos, pero a mí me da la carga de verosimilitud necesaria que me permite escribir y mentir con conocimiento de causa. Así, Velasco fumaba Chalanes, solía decir: "un momentito", "un asuntito", todo en diminutivo. El tanque que entró a Palacio fue el número 233, también está la presencia de Banchero Rossi. Hay infinidad de datos que descubrí leyendo toda la prensa de entonces y viendo televisión de la época. La investigación es muy sabrosa, pero solo sirve para mentir con conocimiento de causa. Tuve que dejar mil cosas, pues la novela me habría salido gigantesca y distorsionada.

Sugieres en tu libro que Banchero Rossi fue quien casi exterminó la anchoveta durante los años 70.
Claro, y que además, veladamente, que fueron los militares quienes acabaron con él. Esa es una de las muchas teorías, era lo que se decía.

¿Y qué piensas tú al respecto?
Pues la verdad no lo sé. Mira que he leído todo lo que he podido y no puedo llegar a ninguna conclusión. Hay quienes dicen incluso que lo asesinaron mafias europeas por sus negocios en Ámsterdam y Berlín. El asesinato de Banchero es nuestro caso Kennedy.

Es notable también en la novela cómo el narrador se desplaza por Palacio de Gobierno. Seguramente tú nunca has entrado a Palacio...
Una vez, como periodista, cuando trabajaba para una radio local. Pero no pasé de un salón. He visto planos y fotos. Hay una donde se ve a Velasco sentado en su escritorio, con un cuadro de Bolognesi al fondo y todos los ministros de pie. Es curioso: Velasco colocaba las sillas al fondo de su oficina, contra la pared, muy lejos del escritorio. Con lo cual, quien llegara a verlo, dudaría en tomar una silla y acercarse o quedarse de pie ante él, como un alumno que recita la lección aprendida. Esas cosas Velasco las tenía planificadas perfectamente.

¿Los militares beben realmente tanto como lo hacen en tu novela?
Pues yo creo que sí. Los militares chupaban todo el día pisco y whisky. Brindar era una forma de hacer política.

Curiosa también es la relación de la dictadura con los medios. En la novela cuentas cómo, por ejemplo, los militares temían un conflicto con el diario El Comercio, y que tomarlo fue idea de sus asesores.
Me da la sensación de que los militares despreciaban profundamente a los intelectuales, pero les resultaban útiles. Entre los que se acercaron corriendo a presentar sus servicios, hubo muchos que pensaban que los militares necesitaban un vínculo con la sociedad a través de la prensa. A los militares ni se les había ocurrido. El Comercio jugó un papel muy importante en defender la legalidad y las instituciones, y por ello fue acosado constantemente por los militares. Lo mismo que la revista "Caretas". Se infiltraban en sus sindicatos y los cerraban por cualquier motivo. Fue Héctor Cornejo Chávez quien planteó una ley de prensa que era en realidad una vendetta. Y, tras la toma, fue quien ocupó la dirección de El Comercio. Era tan pusilánime que no quiso enfrentarse con los Miró Quesada. Esperó que los policías los obligaran a salir y solo entonces entró al edificio.

En "Un millón de soles" es evidente el parecido en el estilo a una novela como "Conversación en la catedral", de Vargas Llosa. ¿Fue una intención consciente?
Es más que nada compartir una visión desencantada muy parecida. Más que un pesimista, me considero un optimista de luto. Indudablemente, hago un gran homenaje a las técnicas de Vargas Llosa. Y la preocupación política también esta allí. He tratado de hacer mía esta forma de contar. Pero, claro, sería terrible ser solo un escritor epigonal. Se trata de un aprendizaje de cierta forma de contar.

¿Terminado este ciclo de novelas políticas qué es lo que vendrá? Supongo que una novela de amor...
Efectivamente, y además completamente europea. Quiero hacer una novela que transcurre en Damasco, Venecia y Nueva York. Tiene un fondo político muy tenue: el terrorismo islámico. Lo bueno de esta novela es que me permitirá contar explorando otras formas.

UN MILLÓN DE SOLES
Autor Jorge Eduardo Benavides / Editorial Alfaguara / País Perú/ Páginas 416

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