En la agresión al hábitat participan tanto la pobreza como la bonanza. La gente sin recursos no cuenta con servicios mínimos, si no los tiene bota la basura al río
Por Mariella Balbi
Un ministro declaró hace unos días que quienes defienden el medio ambiente son 'comunistas reciclados', sin embargo existe poco nexo entre ambas prácticas. Los ecologistas más musculosos son los alemanes, fueron la vanguardia y llegaron a tener una representación parlamentaria interesante, bien lejana del comunismo, por cierto. Nada que ver con Stalin, los procesos de Moscú, gobiernos antidemocráticos, etc. Como su nombre lo indica, los ecologistas son grupos preocupados por el medio ambiente y --sobre todo-- por la cotidiana depredación que el ser humano hace de este, sin conciencia o por interés económico.
En la agresión al hábitat donde vivimos participan tanto la pobreza como la bonanza. La gente sin recursos no cuenta con servicios mínimos, si no los tiene bota la basura al río, tan simple y destructivo como eso. Ayer El Comercio publicó una foto del desastroso y contaminado estado en el que se encuentra el río Chillón, al norte de la capital. Con el agravante de que se trata de una situación crónica, volviéndola más corrosiva aún. Igual de contaminado está el siempre majestuoso Huallaga, tantas otras aguas y tantos otros espacios.
La bonanza también intoxica a la naturaleza, a pesar de contar con alternativas, que reducirían un tanto sus ganancias, pero que al final resultan siendo más ventajosas de lo que se cree. La ecología, el desarrollo sostenible, son ciertamente rentables. Altos representantes del Gobierno sostienen que "los dogmatismos de ciertas ONG impiden la explotación de la madera y quieren hacer fracasar al Gobierno". Que se sepa, esto último no forma parte del ideario ambientalista. Se debe tomar en cuenta que la explotación maderera, por lo menos en Pucallpa, ha sido caótica, creando mafias sanguinarias incluso que han asesinado para garantizar su accionar. Amén de la actividad informal y de --como lo ha señalado bien Antonio Brack-- la ceguera de este y otros gobiernos en incrementar la frontera agrícola, cosa que --según Brack-- es lo menos agrícola del mundo y lo más depredador del medio ambiente.
Vaya que la madera es rentable, pero para ello debe ser también una actividad sustentable. Nos hemos traído abajo una buena tajada de la Amazonía, sin que a nadie, o a pocos, se les mueva un pelo. Está documentado, filmado, hay todo tipo de registro. Como en la minería, en la explotación maderera se requiere de una autoridad autónoma, confiable, equilibrada, vigilante, que nos garantice que la prosperidad obtenida tenga un buen origen. Y esto debe ser igualmente válido para la actividad formal y la informal, aunque el combate de esta última le corresponde al gobierno de turno. Si no se quiere que las ONG velen por el futuro de un recurso que forma parte de nuestro hermoso patrimonio natural, pues que en estos tiempos tan prebolcheviques se elija a un zar o zarina con autonomía que garantice un tratamiento racional del medio ambiente.