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Las aves también pueden razonar

Un loro gris africano de 31 años revolucionó el estudio de la inteligencia animal. Pese al reducido tamaño de su cerebro, esta ave conocía 150 palabras, identificaba colores, formas y materiales, y contaba hasta seis

Por Tomás Unger

El pasado 6 de setiembre murió Alex, un loro africano de 31 años, en el laboratorio de la Universidad de Brandeis, en Massachusetts, EE.UU. Pocos científicos merecieron los obituarios que tuvo Alex, tanto en el "New York Times" como en "The Economist", entre otras publicaciones. Hay buenas razones por las que este loro gris, de 33 cm y cola roja, mereciera tanta atención.

Sujeto de un estudio científico que duró 30 años, el loro Alex ha cambiado la opinión de los investigadores de psicología animal sobre la capacidad de razonar de los animales en general y de las aves en particular.

ANIMALES Y LENGUAJE
Quienes estudian la inteligencia animal por mucho tiempo subestimaron la de los primates, tratando de enseñarles a hablar a los monos. La ausencia de un mecanismo fonador que permita modular la voz frustró todo intento hasta que a alguien se le ocurrió enseñarles el lenguaje de señas. A partir de entonces ha habido grandes progresos en el estudio de la inteligencia animal. El gorila Coco y varios chimpancés probaron que nuestros parientes, los simios, pueden alcanzar la inteligencia de un niño de 5 años. Una serie de experimentos ingeniosos, los más recientes con computadoras, han demostrado que los gorilas y chimpancés son capaces de asociaciones, abstracciones y deducciones lógicas.

Por varias razones, los logros de los primates no son sorprendentes. En primer lugar, el tamaño de su cerebro es el que más se acerca al nuestro, así como sus habilidades manuales, visión y percepción de los sentidos. Por otra parte, compartimos un antecesor común hace unos 4 millones de años. El caso de las aves es muy distinto y lo refleja el dicho cerebro de pajarito. Si bien se ha descubierto que hay aves que manejan herramientas y recientemente se ha observado cuervos que las fabrican, no se sospechaba que las aves, con un reducido tamaño de cerebro, pudieran desarrollar procesos de asociación y abstracción similares a los simios. Sin embargo, este parece ser el caso.

ANCESTRO Y HABLA
A pesar de que los antepasados de las aves se separaron de los nuestros hace más de 320 millones de años, ciertas aves han evolucionado un sistema fonador mucho más cercano al nuestro que el de los primates. Es el caso de las aves en general y en especial de la familia de psitácidos: los loros. Capaces de imitar sonidos y repetir frases enteras, los loros han dado por mucho tiempo la falsa idea de una capacidad de comunicación inexistente. Esta tal vez ha sido la razón por la que no se ha considerado al loro, a pesar de su capacidad de aprender fonemas, como un sujeto digno de investigación sobre inteligencia animal.

Todo esto cambió a partir de 1977, cuando Irene Pepperberg, entonces una doctora en química de 28 años, compró un loro africano gris de un año en una tienda de mascotas. El loro, bautizado Alex (Avian Learning Experiment) aprendió a hablar rápidamente, pero no había manera de saber si simplemente repetía frases o les asignaba algún significado. La doctora Pepperberg, influenciada por el investigador inglés Nicholas Humphrey, cuya teoría plantea que la inteligencia se desarrolla en función del entorno social, decidió aprovechar la habilidad del loro en el lenguaje para experimentar.

LOS LOGROS
El informe de los logros de Alex, resultado de 12 años de aprendizaje, llevado a cabo en la Universidad de Arizona y luego en Harvard, fue publicado en 1999. Para entonces la doctora Pepperberg se había especializado en psicología animal y diseñado una serie de experimentos para probar la capacidad de razonamiento de Alex. El resumen de sus logros es impresionante. Además de un vocabulario de 150 palabras, lo sorprendente es que aparentemente entendía su significado. Al identificar un objeto sabía usar las palabras correctas para describir su color, forma y material del cual estaba hecho.

Otro concepto importante era el de la relación entre objetos. Alex empleaba correctamente las palabras mayor y menor, igual o diferente. También sabía pedir cosas específicas y no aceptar si le eran dadas otras en su lugar: por ejemplo, un plátano en lugar de una nuez o viceversa. Otro experimento con bolas de lana demostró que Alex sabía contar hasta 6 y, según la doctora, estaba por aprender el número 7. La doctora Pepperberg afirma, aunque esto sería más difícil de demostrar, que Alex había aprendido el concepto del cero.

Como la expectativa de vida normal de un loro gris africano es de 50 años, la Universidad de Brandies, donde se encuentra la Fundación Alex ahora, había programado un aprendizaje de identificación de fonemas. Alex había aprendido a identificar combinaciones de dos letras en la esperanza de que pudiera eventualmente asociarlas con letras escritas. La idea era que esta asociación le permitiera eventualmente al loro, gracias a su sistema fonador capaz de reproducir sonidos humanos, leer combinaciones de letras y luego palabras enteras.

Como el ave más famosa del mundo científico, Alex recibía una atención especial. Periódicamente se le hacía un chequeo físico completo, incluyendo el nivel de colesterol en su sangre, un cardiograma y los análisis de rigor. Por esto, habiendo recibido un examen físico unos días antes, la muerte del lorito fue una sorpresa. La autopsia no ha dado ninguna conclusión definitiva, ya que no se conoce lo suficiente sobre la fisiología de los loros africanos.

Al parecer se le detuvo el corazón por razones desconocidas y murió repentinamente en la noche y las habilidad de Alex y su repertorio de palabras y asociaciones se han perdido. Sin embargo, los métodos desarrollados por la doctora Pepperberg representan un enorme avance en el estudio de la inteligencia animal en general y de las aves y loros en especial. Por lo pronto, en la Fundación Alex son entrenados otros loros para seguir los pasos de Alex.

DOS LOROS MÁS
En el laboratorio donde vivió Alex hay dos loros grises africanos más: Griffin de 4 años y el joven Kyaaro de poco más de 1 año. Sin embargo, se ha descubierto que, como sucede con la gente, no hay dos loros iguales. Griffin parece muy atento pero no muy inteligente, mientras que Kyaaro parece sufrir de síntomas de déficit de atención. Si este es el caso, falta ver si este síntoma, similar al de algunos niños, puede contrarrestarse con la misma medicación y si se desarrolla de igual manera que en los humanos.

Todo parece indicar que Alex era un loro con inteligencia superior a la de la mayoría de sus congéneres, lo cual será difícil de desmentir. Algo similar sucede con Coco, el gorila nacido el 4 de julio de 1971 en el Zoológico de San Francisco, a quien la doctora Peny Patterson de la Universidad de Stanford ha estado entrenando por décadas. Coco sabe mil signos del lenguaje usado por los sordomudos y entiende unas 2.000 palabras en inglés. Además de gustarle los gatos, de los cuales ha criado varios, Coco se ha comunicado con otros gorilas con idioma de señales.

Los animales parecen acercársenos cada vez más a medida que se perfeccionan los métodos para estudiar su inteligencia. Lo triste es que conforme aprendemos a entenderlos y apreciarlos, nuestras actividades reducen día a día su número. ¿Cuántos quedarán --si quedan-- el día que aprendamos a comunicarnos con ellos?.

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