Gina Sánchez brilla en el emporio de Gamarra
Por Antonio Orjeda
Le fastidian los reportajes que tratan como pobrecitos a los hombres y mujeres que se hicieron de la nada. De pobrecitos no tienen nada ¡y de eso no existe mayor prueba que sus padres!
Gina Sánchez es flaca, pero de frágil no tiene nada. En Gamarra maneja tres tiendas de ropa para chicas. Ha cumplido 30, desde hace cinco años lidera la empresa que cimentaron Reinalda y Raúl. A ellos se lo debe todo. Bueno, casi todo.
Es la única mujer de seis hermanos. Su papá quería que fuese doctora, ¿cree haberlo decepcionado?
No creo que uno vaya a decepcionar a su padre por una carrera. Lo decepcionaría si eligiese un estilo de vida que le incomodase y, en ese sentido, mis padres no han tenido ningún problema conmigo.
Dice ser 'un chancay de a 20' al lado de su mamá.
Claro, ¡yo estoy recién comenzando! Ella me lo dio todo. Mis padres me lo dieron todo, pero me lo dieron desordenado... Ellos iniciaron la empresa, la forjaron; y me dieron un rompecabezas de mil piezas. ¿Cómo empiezas? Tienes que conocer la figura, eso te toma un tiempo; y yo me desesperaba porque quería hacer muchas cosas, pero tuve que ir pieza por pieza.
Sus padres se forjaron en Gamarra...
Mi papá hacía chompitas de niño y las vendía y distribuía en los mercados. En el Mercado Central, en el de Magdalena, Breña...
Tiene 30 años, ¿qué recuerdos tiene de sus padres trabajando?
Yo vivía en Zárate, en un terreno de mil metros cuadrados. La casa estaba en 180 metros, el resto era lo que recién comenzaba a ser una empresa; y yo desde niñita participé: a los 8 años entraba al taller y comenzaba a ordenarles a los trabajadores. Desde niñita me vieron así; y cuando tuve 12 --al principio del primer gobierno de Alan García--, las ventas comenzaron a subir, ahí yo comencé a vender. Me acuerdo que la gente iba a comprar a la fábrica a las cinco de la mañana.
¿El que desde niña se acostumbrase a mandar alteró su vida? ¿En el colegio era mandona?
Un poquito. Mis amigas hasta ahora me lo dicen... Eso alteró mi carácter, ¡formó mi carácter! Aprendí a ordenar, a guiar, a liderar; pero sin generar fastidio. ¡Tienes que saber cómo!
Su papá quería que fuese médica. Quizás quería que su hijita no creciese en un lugar como Gamarra.
Exacto. Él quería que su hija estuviese rodeada por la gente de la Cayetano. Tú sabes: el estatus que tiene un médico es distinto. Pero, al final, eso era tonto, porque alguien tenía que hacerse cargo de esto.
¿Cómo encaró a su padre?
Di un examen de orientación vocacional y salió cero Medicina. Me llegué a preparar para postular, pero no me gustaba Física ni Química; detestaba Anatomía, Biología. ¡Detestaba los cursos pilares de la carrera! Entonces me senté con mi papá y le dije que no. Fui un poco irrespetuosa, le dije que si tanto quería, que estudiara Medicina él. Yo no iba a basar mi vida en algo que no quería. Yo no me veo cortando u operando a un paciente.
Ingresó a la Pacífico. ¿Vivió alguna escena de discriminación por el hecho de que sus padres fuesen comerciantes de Gamarra?
¡Qué discriminación iba a vivir! ¡Esas son tonterías! Yo vivo orgullosa de lo que hacen mis padres, ¡por qué me iba a sentir mal! El papá de un chico, que es gerente de una empresa gigante, tiene un departamento; yo tengo una casa. Nunca he tenido vergüenza de lo que mis padres han sido. De lo que sí me avergüenzo es de aún no haber arreglado las cosas como yo hubiera querido. De eso sí. De mis padres, ¡jamás!
¿En la universidad, qué aprendió a hacer que no hacían sus padres como empresarios?
Planificación. Orden. Tomar en cuenta al recurso humano. ¡No trabajaban con data! Ahora trabajamos con un ingeniero, poco a poco estamos arreglando la planta.
Usted le cambió el rumbo al negocio de sus padres. Ellos confeccionaban ropa para niños, ahora se dirigen a la mujer joven.
Qué pasa: antes, en los años 70, tú podías ser un empresario tranquilo, no había mucha competencia. Ahora, a tu trabajador dale nomás 10 años ¡y ya se convierte en tu competencia! La gente ahora se está forjando con otra idea.
¿Fue difícil convencer a sus padres de variar de rubro?
No. En el 2001, mi mamá me dijo: estamos mal en ventas. Había días en los que vendíamos ¡cien soles! Mal, pues. Manteníamos una planta, había muchos costos fijos que mantener, y el Estado jamás te perdona. El Estado es el peor perseguidor del empresario; y del que se quiere formalizar, peor. Por eso nunca me voy a olvidar del 2001. ¡Pero para entonces mi hermano ya tenía una pequeña empresa que hacía ropa para chicas! Y como él es bien 'mosca', le iba bien. En ropa de niños había demasiada competencia. Mis papás se dieron cuenta de que no podían seguir así. Mi papá hizo mil cosas con tal de vender: se iba a la frontera, a Bolivia; a mí me daba pena: lo veía llegar todo quemado por el sol, se amanecía para terminar ganando un sol por prenda... Pero ya no, ahora mi papá está descansando. Ahora todo va por nuestra cuenta.
¿Cómo fue el cambio?
Mi mamá estaba muy preocupada, así que le dije: "¡Hay que cambiar!". Y nos metimos en ropa de mujer. Al principio, de manera muy tímida. Yo no conocía mucho. Es más: yo era tímida con los proveedores, ¡ahora soy más asada! (ríe)... En el 2002 nos comenzó a ir mejor. Agarramos unas telas frescas, hicimos un 'jumper' ¡que fue el 'boom'! Todo Gamarra se llenó de 'jumpers'. Pero ahí nomás me tuve que alejar --y mi mamá quedó a cargo-- porque yo retomé la universidad. La planta estaba en Zárate, y mis horarios no me permitían ir y venir. Después, en el 2005, entré a Nextel; pero eso no era para mí.
¿Por qué?
Entré como practicante, luego pasé a Ventas. ¡Había gente que había hecho maestría en Ventas en España! Podían sacar --con comisiones-- hasta dos mil y pico de dólares que, para lo que gana un profesional, no está mal. Intenté, ¡me saqué el ancho! Hasta que un día, parada, en el Rímac, dije: "¿Qué hago acá? He estudiado cinco años para decirle a alguien: ¿quieres un Nextel?". Una noche me puse a pensar: "¿Qué pasa si mi papá y mi mamá se mueren ahorita?". Yo ni siquiera conocía bien a sus proveedores... Todo se iría al tacho. Esa noche, dije: "¡No más!".
Diego de la Torre, presidente de la CADE de este año, tiene 12 años como catedrático y asegura que antes los chicos decían: yo voy a tener éxito pese a ser peruano. Hoy dicen: voy a tener éxito porque soy peruano. ¿Es eso cierto o es un exceso de optimismo?
Mira, yo me siento orgullosísima de ser peruana. El Perú tiene sus cosas negativas, pero se está levantando. El peruano es supercreativo. Los Añaños, por ejemplo, trabajaron duro y salieron adelante. ¡Ese era su intangible! El querer salir adelante.
Igual que sus padres.
¡Claro! No querían que sus hijos se quedaran sin estudiar, y trabajaron para eso.
Acá la gente se vuelca a comprar ropa en Saga y Ripley. ¿Qué piensa?
Que es una tontería. Yo soy cristiana, y cuando voy a la iglesia mis amigos me dicen: qué linda tu ropa, ¿dónde las has comprado? "En Gamarra, en mi tienda". La gente tiene que buscar más opciones de compra, no sé por qué se enfrascan en lo mismo, ¡toda esa ropa es china! Allá cierran un 'container' con prendas de un dólar y aquí te las venden a US$14. Además, esa ropa es malísima.
Le debe fastidiar mucho que persista el prejuicio de: yo no voy a Gamarra.
¡Ah! Sin embargo, vienen modelos, diseñadores... ¿Por qué? Porque aquí hay variedad. Pero tienes que buscar, porque --te soy sincera-- aquí no todo es 'bacán'. Por eso muchos todavía creen que porque es de Gamarra, tiene que ser barato; y no es así. ¡Yo ofrezco calidad! Por eso cuando me dicen: ay, pero a la vuelta consigo lo mismo a ocho soles, ¡me revienta! Pero les explico. Porque la gente, poco a poco, se está dando cuenta.
Sus padres no tuvieron la educación que usted sí ha tenido. ¿Pese a ello, cuál es la lección que le han dado?
Valorar el trabajo. Valorar el dinero, no lo puedes despilfarrar. ¡El empuje! Cómo de no tener nada hacer cosas. ¡No temer! Si te sacas el ancho, no importa, es mejor reaccionar: te salga bien o te salga mal, ¡lo intentaste! Es más, yo siempre digo y sueño: quiero llegar a ser como Topy Top, ¡ese es mi objetivo!
LA FICHA
Nombre: Gina Margot Sánchez Honorio.
Colegio: La Reparación.
Estudios: Administradora de la Universidad Pacífico.
Edad: 30 años. "¡No digas mi edad!".
Cargo: Gerenta general de Emprendedora Textil.