Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google

El partido político en la sombra que se proyecta al 2011

Hugo Chávez sabe qué mano tiene puesta aquí, otra cosa es que el Gobierno Peruano no quiera saberlo

Por Juan Paredes Castro

Probablemente cuando lleguemos al 2011 las casas de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) constituirán en la sombra el partido político ad hoc de la candidatura que en el Perú tendrá el padrinazgo del presidente venezolano Hugo Chávez.

Habría que ser demasiado ingenuos para no ver en lontananza lo que hoy es un proyecto encubierto que apunta a ese fin.

Para entonces (de aquí a tres años), el movimiento ALBA ya habrá cuajado lo suficiente en el país como para confirmar lo que Chávez busca desde ahora: la exportación de su modelo autocrático en América Latina, comenzando con el derribamiento populista de sus constituciones y el presidencialismo reeleccionista.

Por ahora las casas del ALBA son solo piezas de su tablero de ajedrez, como lo son Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador y Ollanta Humala en el Perú. Son piezas que pueden recambiarse. Finalmente los nombres no importan. Estamos ante una estrategia de desestabilización democrática regional en la que los peones que la sirven gozan de un paraguas de financiamiento oscuro que nadie se atreve a investigar.

¿A propósito, cuál es el temor del Gobierno Peruano de investigar las casas del ALBA que funcionan en el Perú, bajo la enorme sospecha de realizar un intenso proselitismo político, intentando rellenar, mediante una hipócrita acción caritativa social, la deplorable ausencia del Estado Peruano en las zonas pobres del país?

No nos traguemos el cuento de que las casas del ALBA representan a las hermanas de la caridad venezolana y que lo único que hacen en esta villa del Señor es devolver la vista a los enfermos de cataratas, regalar un par de mejorales a los que hacen cola en sus puertas y adornar con una prótesis la sonrisa desdentada a un campesino.

Aplaudimos el bien social, venga de quien venga, siempre que el propósito que lo anime no tenga un interés desestabilizador que se huele a leguas y de cuyo aroma desea desentenderse el gobierno, solo por llevar la fiesta en paz con el vociferante señor Chávez.

Comprendemos que el canciller García Belaunde no quiera poner una vela personal en el entierro de las casas del ALBA. Pero para ello están los entes pertinentes, desde una procuraduría ad hoc hasta el Ministerio del Interior, pasando por la Sunat y la fiscalía.

Este no es un tema de halcones o palomas. Es un tema ineludible de Gobierno y de Estado.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google