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Impulsemos más hidroeléctricas

Por Miguel Guevara (*). Congresista aprista

Asegurar el crecimiento económico sostenido con una redistribución social paralela de la riqueza creada es necesario. El crecimiento de 6% a 7% del PBI requiere por lo menos un crecimiento del 10 % anual de la capacidad de potencia eléctrica. Sin energía oportuna, a precios razonables, no es posible el crecimiento continuo. La mayor oferta energética debe basarse en los recursos naturales más abundantes y superar nuestra dependencia del petróleo y derivados en la matriz energética. Aprendamos que "la energía más cara es la que no se tiene".

Tenemos 6.000 megavatios disponibles en capacidad de potencia eléctrica, de los cuales 51% es hidráulica y 49% térmica, pero requeriremos un incremento de por lo menos 500 megavatios anuales, de mantenerse esta demanda, sobre todo, por los proyectos mineros e industriales y pensando en el 2015.

Desde 1990 al 2006 nuestro país ha importado 15 mil millones de dólares en petróleo crudo y diésel 2 para cubrir los requerimientos del mercado interno. De mantenerse la cotización internacional del crudo por encima de los US$70 por barril, existirán presiones para elevar las tarifas eléctricas y los combustibles.

Por ello, es urgente y necesario el cambio de la matriz energética en un balance equilibrado entre la generación hidráulica a gas natural de ciclo combinado, el carbón reformado y las energías alternativas, como la eólica, solar y geotérmica. Se trata de aspirar a la autonomía energética y convertirnos en país exportador de electricidad como lo hace Colombia. Aprendamos las lecciones de Argentina que, de exportador de gas natural hacia Chile, hoy no tiene gas.

Según los expertos, el potencial hidráulico del Perú es de 60 mil megavatios, es decir, el equivalente a 60 veces la hidroeléctrica del Mantaro. Este potencial no es aprovechado por falta de incentivos, como tampoco lo es la energía eólica, potencial energético de los vientos que, solamente en la costa, daría 10 mil megavatios. Por ello, el apostar en la producción de electricidad sobre la base de las centrales térmicas a gas natural de Camisea, es una salida fácil y algo irracional sobre todo en las de ciclo simple que usan solo el 30 % de la fuerza energética, pues se pierde el calor que produce el vapor, pero además se quema el etano, hidrocarburo básico, fuente de la industria petroquímica final.

No subutilicemos el gas, menos ahora que se debate el dictamen de la ley de promoción para la inversión en la industria petroquímica, en el pleno del Congreso.

Todo país debe consumir los recursos energéticos que existen en su suelo. Por tanto, la energía más limpia y segura es la hidroelectricidad, que requiere fuertes inversiones en la etapa de factibilidad y construcción, frente a la baratura de generar electricidad con gas natural, razonable en la etapa inicial, pero inconveniente al generalizar su uso.

En un país bendecido por su naturaleza en recursos energéticos, nos convoca la responsabilidad de afianzar la dotación de energía limpia a precios competitivos, que nos aleje de los perniciosos subsidios que aplican nuestros vecinos y de la nefasta dependencia del petróleo. Gracias a Camisea y a los futuros descubrimientos tendremos más gas natural, pero ello no debe limitar la explotación de otros recursos energéticos, como la hidroelectricidad, el carbón reformado y la fuerza de los vientos.

* SECRETARIO DE LA COMISIÓN DE ENERGÍA Y MINAS DEL CONGRESO

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