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¿Cómo ir a un TLC con Europa estando atados a la CAN?

Juan Paredes Castro

El presidente Alan García ha dado un paso audaz hacia la búsqueda de un TLC con Europa que lo obligaría a dar el siguiente, igualmente audaz: el retiro peruano de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).

En efecto, la propuesta de García de negociar con Europa un TLC fuera de la CAN encierra dos realidades de fondo que no podemos escamotear más: una, que las posiciones ideológicas y políticas radicales de Evo Morales y de Rafael Correa hacen prácticamente imposible que Bolivia y Ecuador quieran acompañar al Perú en su proyecto; y otra, que definitivamente perderemos el tren de la historia en la medida que sigamos atados al viejo carro de la CAN.

No creemos que el mandatario peruano solo haya querido enviar una señal disuasiva a sus homólogos de Bolivia, Ecuador y Venezuela para convencerlos de abandonar sus planes desestabilizadores. Pensamos que él sabe muy bien que nuestra permanencia al interior de la CAN ya tocó fondo y que, por lo tanto, habría llegado la hora dolorosa de preparar nuestro alejamiento de una alternativa integracionista que hace rato perdió la brújula de su propia ruta.

A la propia Unión Europea (UE) le parecería más interesante y menos complejo negociar un TLC con el Perú desde la condición de ruptura de este con la CAN, que aferrarse a un supuesto entendimiento en bloque que se asemeja cada vez más a una bomba de tiempo política en permanente explosión. Que no nos extrañe que la UE termine revisando sus políticas de negociación comercial en bloque y aceptando propuestas como la de García, que quizás logren mover el entusiasmo de los parlamentarios europeos.

En verdad sería decepcionante que a las puertas de la ratificación del TLC con EE.UU. y ante las perspectivas de crecimiento que nos acompañan, el Perú siguiese sufriendo el dilema de optar por la ganancia de nuevas oportunidades de desarrollo y competitividad fuera de la CAN, o la hipoteca de toda una vida al servicio de un integracionismo inútil, dentro de ella. La propuesta de García abandona precisamente este dilema y se sitúa en la orilla de lo que en breve tiempo podría significar mirar la otra con más confianza.

Ya no demos más vueltas alrededor de la pregunta de si nos vamos de la CAN o nos quedamos en ella. Sencillamente deberíamos irnos, sin demora, bajo el convencimiento de que la CAN comprende también que ya se agotaron sus energías institucionales internas y que no hay forma de renovarlas.

El TLC del Perú con Europa pasa por dejar atrás a la Comunidad Andina, con toda la gran pena que puede darnos.

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