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Colas y tragedia

La responsabilidad es también del empresario que levantó galerías ignorando las disposiciones legales

Por Pedro Ortiz Bisso

Cuando un servicio falla u ocurre una tragedia, hacer tiro al blanco contra las autoridades se convierte en deporte nacional porque siempre resulta más fácil mirar la paja en el ojo ajeno que la paquidérmica viga que se atraviesa sobre el nuestro.

Entre las interminables colas para pasar las revisiones técnicas y la desgracia que volvió a posarse en Mesa Redonda esta semana existen varios puntos en común. En ambos casos hay evidentes responsabilidades municipales que tienen que ver con la falta de previsión y la actitud timorata para tomar decisiones a fin de que la ley se cumpla a plenitud. Aunque es justo reconocer que gran parte de los esfuerzos de fiscalización en la zona comercial del Centro de Lima resultan estériles por los sorprendentes fallos del Poder Judicial, cuya asombrosa dedicación para legitimar leguleyadas favorece a los inescrupulosos que hacen caso omiso de las normas de seguridad.

Pero existe también una enorme responsabilidad en el conductor que decidió llevar su auto a una de las plantas de revisión técnica el día en que se cumplía el plazo establecido, que dejó pasar el tiempo arguyendo justificaciones pueriles, basado en su lealtad absurda a esa peruanísima costumbre de postergar las cosas hasta el último momento, que la Real Academia de la Lengua llama procrastinar, pero que debería denominarse simplemente estupidez.

Y la tiene el empresario que levantó galerías comerciales gigantescas, pero a la vez estrechas y laberínticas, ignorando las disposiciones que regulan su construcción, que pagó sobornos a los funcionarios que intentaron sancionarlo y almacenó sus productos en calamitosas condiciones, sintiéndose inmune al peligro, la ley y las mínimas reglas de convivencia social.

La municipalidad metropolitana con su actitud negligente, y el Poder Judicial con sus decisiones inexplicables, no pueden eludir su gravísimo papel en estos hechos, uno de los cuales --las revisiones técnicas-- ocurrió, vaya ironía, durante la llamada Gran Semana de Lima. Sin embargo, el ciudadano de a pie tampoco debe mirar para el costado. Ya es momento de que todos aprendamos la lección.

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