Por Fritz Du Bois
Con la virtual ratificación del TLC por parte del pleno del Congreso de Estados Unidos, en el transcurso de las próximas dos semanas, culminará exitosamente una negociación que se inició hace cinco años. En ella, tanto los dos países involucrados como dos sucesivos gobiernos peruanos que participaron en el proceso, e incluso los partidos políticos norteamericanos que se alternaron en el control del Congreso, tuvieron en todo momento la voluntad de llegar a un acuerdo. En un proceso que iniciamos simultáneamente --aunque por separado-- cuatro países andinos, en el camino quedaron quienes no creen en el mercado, mientras que Colombia tendrá que esperar algún tiempo para cerrar su tratado. Es decir, se fue con la velocidad que cada país decidió dar.
Con este acuerdo comercial, que será de enorme beneficio para los peruanos, se inicia lo que debe de ser una seguidilla de tratados (Canadá, Suiza, Chile, China etc.) que deben de ser firmados en los próximos doce meses, con lo cual no solo recuperamos el tiempo perdido de no haber firmado hasta ahora ningún tratado, sino que también aseguramos acceso a la mitad de nuestros mercados. Lamentablemente dentro de ellos no está ni estará por muchos años la Unión Europea (UE), quien es nuestro segundo principal socio comercial aunque, ante la evidente falta de interés que demuestra en estrechar vínculos comerciales con nosotros, estoy seguro que pronto perderá esa posición.
Debemos recordar que cuando se planteó en el año 2002 un TLC a los EE.UU., también se hizo lo mismo con la UE, sin embargo desde un inicio esta última demostró poco entusiasmo. Peor aún, al poco tiempo empezó el condicionamiento --promovido desde el seno de la secretaría de la CAN-- de que cualquier acuerdo con ellos tendría que ser con el bloque andino, ya que consideraban que individualmente nuestros países eran muy pequeños. Sin embargo, la UE tiene tratados firmados con Jordania, Túnez, Líbano, Albania, hasta Liechtenstein, todos ellos más pequeños que nosotros, sin mencionar que también los tiene con Chile y México. Por todo ello ese argumento huele a pretexto.
En realidad lo que motivó esa condición fue un claro matrimonio de conveniencia entre la necesidad de la burocracia andina, de justificar su cuestionada existencia, y el deseo de hacerse la vida más fácil por parte de la Comisión Europea, que así evitaba la molestia de tener que lidiar separadamente con cuatro países. Lamentablemente, como en toda negociación que solo puede hacerse en bloque y no hay manera de avanzar individualmente, iremos al paso del más lento ya que cada país tiene implícita capacidad de veto en cada tema. En este caso tenemos a Bolivia, la cual ni siquiera quiere un tratado de libre comercio del todo, ya que su gobierno no cree ni en la libertad ni en el comercio. Incluso, considerando que Chávez se salió de la CAN por el TLC con los EE.UU., su manifiesto interés en regresar posiblemente se deba a la confianza que tiene que la CAN y la UE nunca van a lograr un TLC, ya que ambas partes en realidad no tienen ninguna voluntad.
Luego de cinco años, desde el mismo punto de partida, el TLC con Washington ya se ha logrado, mientras que con Bruselas recién se ha empezado un tortuoso proceso que, al paso que vamos, tomará por lo menos una década más en el mejor de los casos. Si el Perú no toma ahora la decisión de negociar individualmente, y si para lograrlo se requiera dejar la CAN mejor aún, simplemente nuestra economía nunca tendrá con la Unión Europea el beneficio de integrarse, comerciar y prosperar.