Por Juan Zegarra Salas
El artículo escrito por el presidente Alan García plantea la dificultad de la propiedad y la riqueza no explotada, ¿ese es el problema central en el Perú?
La riqueza no explotada es un buen candidato para definirse como el problema principal, pero a la vez es una oportunidad gigantesca.
Pero eso es histórico
Es histórico. Lo que ocurre es que en varios aspectos se ha hecho más evidente, con la revalorización de muchos recursos naturales por el efecto de los precios mundiales, pero también la globalización, parece estar revalorizando varios de nuestros recursos, porque también están siendo revalorizados nuestros paisajes, arqueología y herencia cultural. Lo otro que no se mencionó en el artículo del presidente es la paradójica situación de la liquidez. En el mundo hay una sobreliquidez. En el Perú existe un alto nivel de reservas así como el tamaño que está agarrando el fondo de AFP, pero hay deficiencias que tienen que ver con temas legales e institucionales que han hecho difícil, por ejemplo, que ese fondo de las AFP sea utilizado en inversiones productivas. Con el déficit gigantesco que tenemos de infraestructura es paradójico, porque ese fondo podría ser aplicado en inversiones altamente rentables. Pero además debe haber seguridad para que el inversor pueda vencer problemas institucionales, eso es lo que está frenando un mejor aprovechamiento de ese fondo.
La paradoja es que tengamos recursos públicos y no sean invertidos. Es decir, tenemos un Estado ausente y no solo opositores anticapitalistas.
Son instituciones que solo el Estado puede arreglar. En ese sentido, el Estado no ha cumplido su papel.
¿Qué hacemos entonces?
Hay que devolverle la pelota al presidente Alan García.
El drama es que los pobres no están viendo obras pese al crecimiento, ¿Por dónde hay que comenzar?
El punto de partida para atacar esta limitación es ser consciente de que no se resolverá el problema de un día para otro. De hecho, me parece que hay avances. Uno lo ve con el volumen de inversión. Existe una situación mucho mejor que hace apenas cinco años en términos de la aceptación en la opinión pública, por ejemplo, en el área de concesiones de energía y manejo de bosques privados. Creo que ya es historia el arequipazo. Cinco años después es menos probable que se llegue a ese tipo de situaciones.
¿Cree que ha mejorado la percepción del peruano respecto a las privatizaciones y concesiones?
Sí, me es difícil señalar ejemplos específicos y normas, pero lo veo como una cosa general. Hay gobiernos regionales interesados en buscar inversión privada y los gobiernos locales están trabajando en la simplificación administrativa. La competitividad se está volviendo parte de la nueva cultura en el Perú. La misma frase sobre la reforma del Estado brota a diario.
¿Y qué significa en concreto la reforma del Estado?
Lo entiendo esencialmente como un tema de lograr eficiencia. Se ha aceptado la idea de que el Estado debe ser socio de la sociedad, que tiene una serie de funciones que todos queremos que cumpla pero que para realizarlas necesita aprender a trabajar con la sociedad civil y la empresa privada. Por ejemplo, en la parte de infraestructura debe existir una intervención de la empresa privada y, para poder cumplir con políticas sociales, el Estado trabaja frecuentemente con ONG que administran programas de salud, educación y otros. Esto va teniendo aceptación, pero falta más.
¿Quiere decir que está cambiando el papel tutelar del Estado?
Existía como un tutelaje donde el Estado estaba por encima, manejando como dueño u operador de ciertos espacios. Pero ahora se está desacralizando al Estado. Hay un concepto más práctico de cómo debe ser el Estado y cómo debe operar.
¿Pero hay un fuerte componente de corruptela en el Estado?
Creo que se está avanzando en contra de la corruptela. Se están derritiendo los glaciales aunque los tenemos para rato, es decir, vamos a tener corruptelas para rato. Definitivamente hay un nuevo cuadro de alerta y mecanismos de fiscalización muchos más agresivos. Claro que hay una serie de costos para la sociedad porque existe un clima de denuncias no disciplinadas. Es decir, la denuncia se puede volver un instrumento político que haga daño, que frene a muchos funcionarios cuando quieren hacer su trabajo.
¿Entonces se avanza contra la corruptela o las denuncias paralizan al Estado?
No puedo medirlo pero mi intuición es que ahora hay más miedo justificado entre los políticos y funcionarios porque hay más chance de que se denuncien y castiguen cosas. Sin embargo, la microcorruptela sigue siendo pan diario en muchas áreas del Estado. Hace dos años, junto con una colega, hicimos un estudio de maestros y médicos del sector público. Me sorprendió que por donde íbamos se hablaba de corrupción en los dos sectores. Hablaban de compra de puestos y nombramientos así como del robo de medicamentos. También había una especie de corrupción más blanda que era robarle su tiempo al Estado y al público, porque no completaban su jornada de trabajo o llegaban tarde. Claro que el cómplice en distintos niveles es el Estado porque no les paga. Hay una frase famosa, me parece originaria de Cuba pero aplicable aquí: "El Estado hace como si nos estuviera pagando, y nosotros hacemos como si estuviéramos trabajando". Esta es la mejor forma de resumir la situación en ambos servicios.
¿Para romper ese círculo es crucial que los ciudadanos se involucren más para exigir al maestro que cumpla con los niños y al médico que cuide al paciente?
La clave está en despertar a los clientes que son los padres de familia y el público de los hospitales. Un especialista que trabajó con nosotros sugirió que un mecanismo para abrir los ojos en el tema educativo es evaluar la capacidad de lectura colegio por colegio, distrito por distrito. Ahora los padres no tienen ninguna idea de la enseñanza que les dan a sus hijos en el colegio.
Pero también en esa historia del péndulo, pasamos de un Estado interventor a otro que prácticamente desapareció de escena.
Creo que ha existido un debilitamiento de muchas instancias del Estado que tienen que hacer un servicio público puro. En el 90, el Estado se quebró y se introdujo la cultura de la semiprivatización del Estado, donde se justificaba que cobrara por todo. En las postas médicas y colegios te cobraban, el INEI cobraba por sus servicios. En el INEI quedó el concepto de hacer cosas por lo que paga la gente, especialmente encuestas, pero no hacen bien el trabajo donde nadie paga, como es una buena estadística de la producción agrícola o un buen censo.
¿Y no funcionó la teoría del chorreo?
Sé que está impregnada la idea de que el chorreo no funciona. Queremos pensar mal.
¿Hay escepticismo porque no se siente el efecto?
Somos escépticos, hay unos cuantos datos que parecen dar la razón, pero esos no son datos comparables por la forma en que se vinieron haciendo estos estudios. Lo que falta son encuestas de hogares que ofrezcan resultados que sí sean comparables con encuestas que se hicieron hace cinco o diez años atrás. Yo sí creo que se ha venido dando en los últimos tres a cuatro años una mejora, y sospecho que está agarrando más fuerza. Es típico que el mecanismo de chorreo demore porque primero hay que crecer y luego viene precisamente el chorreo. Probablemente ya está pasando ahora. El crecimiento económico se ha acelerado en los últimos dos años.
El presidente García denuncia que hay grupos anticapitalistas, que se oponen a la inversión privada y están camuflados con nuevos ropajes
Poca gente tiene un potencial muy grande para trabar, especialmente cuando son políticos profesionales que saben aprovechar argumentos y movilizaciones con tremenda fuerza. Creo que hay que hacer un trabajo fino de inteligencia porque por lo menos el público debe conocer quién está moviendo esa opinión. Ponerlos sobre la mesa para confrontarlos abiertamente. Preguntarles, ¿Usted cómo llegó a esta conclusión? Y luego contrastar la coincidencia de esa posición y prédica con su antecedente político. Es cierto que todos estamos preocupados por la ecología y es justificado que haya gente dando esa lucha, sin embargo, debemos hacer cierta fiscalización de cómo se hace esa lucha, quién está argumentando y cuáles son sus credenciales para ser un fiscalizador honesto. Queremos campeones del medio ambiente pero tenemos que estar seguros que sean puros.
¿Y para todo esto, el artículo del presidente García tiene una orientación correcta?
Sí, me parece bien que se ponga sobre la mesa este tema. Incluso esa acusación genérica que incluye a gente con distinta motivación y distintos problemas mentales. Pero sí hay una categoría global aquí del problema mental y está bien enfocarnos en eso. Hay que recordar que hay un grado de legitimidad en algunos de estos problemas mentales. Entonces si bien puede haber exageración y mala intención en esa gente, si uno quiere atacar el problema hay que reconocer donde exista un grado de legitimidad.
El punto quizá es qué viene después de identificar al perro del hortelano porque quien escribe eso es quien gobierna al país.
El próximo paso es que el Gobierno defina su agenda. Es decir, lo que tenemos que hacer, y eso se llama reforma del Estado. Surgen problema tras problema, como la compra de patrulleros, y luego se crea la oficina contra la corrupción. Entonces uno ve respuestas ad hoc. Hay la idea de que sí se puede arreglar mucho el problema pero no se puede hacer de golpe. Hay un problema de raíz en la estructura legal y la cultura peruana que lo hace más difícil. Hay que imaginar un Estado mucho más eficiente y justo, ver los mecanismos internos --como cuando uno destapa el capote de un carro-- para encontrar cosas más de fondo y arreglarlas. Allí tiene que ver mucho con la cultura excesivamente controlista. Una pauta genérica para una nueva concepción del Estado es el semáforo del aeropuerto, que permite controlar de forma aleatoria y no al 100%. El aparato burocrático está en función de un control del 100%, que no permite supuestamente que nada este mal. Justamente esa exageración a la bruta termina favoreciendo a muchos mafiosos porque crea oportunidades de darles una vuelta total a las cosas. Al final es un teatro porque creas los mecanismos de control total pero no estás controlando nada. Es como los guachimanes que te piden el DNI para entrar a un edificio, eso es puro teatro. ¿A quién están fiscalizando? Esa es una cultura general.
¿Y nos quedamos en la superficialidad?
En la ineficacia. Ese es un ejemplo de un tema de fondo que debe ser puesto sobre la mesa y ver cómo gradualmente puede ir cambiando.
Labor del BCR impide caída abrupta del dólar
¿Estamos ante una gran posibilidad de crisis internacional que desacelere el crecimiento mundial?
Posibilidad sí que la hay y los expertos de mayor nivel en el mundo están advirtiendo tal cosa. El tema es si existe la posibilidad de una crisis muy abrupta y fuerte, o que sea moderada. Cualquiera de las dos opciones pueden darse. Los optimistas no son los que afirman que no habrá crisis sino los que señalan que sí habrá crisis pero que no será fuerte.
¿Y los pesimistas?
Es el que cree que la crisis será aguda. Lo que no veo es que alguien hable de una crisis que se acerque a la de los años 30.
¿Pero sí un 'crack' económico?
Un 'crack' como de los más fuertes que han habido de los años 50 para adelante.
¿Y esto cuánto afecta al Perú?
En un caso fuerte puede haber una mezcla de caída en precios de muchas de nuestras exportaciones, algún cierre de mercados y disminución de la inversión privada. No es el fin del mundo. El problema viene cuando una caída así afecta al sector financiero local, porque entonces se multiplica el efecto. Así es como sucede con la crisis afuera. Algo así puede pasar acá. Ahora estamos con mejores defensas que en el 98.
En el 98, cerraron bancos...
Desaparecieron 10 de 25 bancos.
¿Ahora no ocurriría eso?
Ahora la situación de los bancos es mucho más fuerte, han empezado a prestar más gradualmente. También, el BCR está con mucho más capacidad. El problema del BCR es que la ley no le permite actuar en defensa de los bancos privados porque está prohibido de prestarles, excepto que tenga una buena cartera.
¿Ve posibilidades de una caída abrupta del dólar?
Creo que el BCR excluye la posibilidad de una caída abrupta. El banco central ha hecho evidente su intención de no permitir una caída abrupta.
¿A veces el mercado es más grande que el Estado?
A veces, pero el BCR está comprando 100 o 200 millones de dólares al día. Entonces con compras tan masivas impediría una caída abrupta del dólar. Sin embargo, lo que puede darse es una caída gradual del dólar que sería dolorosa para muchos. No excluyo que de aquí a tres o seis meses estemos con un dólar de 2.90 soles.
LA FICHA
Nombre: Richard Webb Duarte.
Nacimiento: Callao, 1937.
Estudios: Economía en la Universidad de St. Andrew, Escocia. Y doctorado en la Universidad de Harvard en 1974.
Trayectoria: Ocupó la presidencia del BCR hasta en dos oportunidades. Ha ejercido la docencia en la PUCP (1969-1972), donde ha sido jefe de su Departamento de Economía, también en la Universidad de Princeton, EE.UU.