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Los problemas del mundo según un filósofo alemán

Las preguntas de Otfried Höffe

Por David Hidalgo Vega

Tendría que establecerse la consulta anual con el filósofo entre las necesidades básicas del hombre contemporáneo. Otfried Höffe, uno de los principales maestros de esta disciplina en Alemania, llegó a Lima para ofrecer una muestra de su carácter terapéutico. Habló de tolerancia, de globalización y, entre una charla y otra, quedó claro que el futuro del hombre tiene una trinchera en el pensamiento. "La filosofía está a la búsqueda de un concepto indiscutible", dijo tiempo atrás. Se refería a una idea de justicia que empiece por la exigencia a cada ser humano de ser justo y honesto por sí mismo antes de exigir algo a los demás. Es una búsqueda perpetua, cabría decir.

¿Cómo se interesó en la filosofía?
Desde muy temprano me interesaron las cuestiones fundamentales, tanto en las ciencias naturales como en las sociales. Ya en el colegio estuve interesado en la teoría de la relatividad de Einstein y siempre tuve la preocupación de averiguar más. Pronto me interesé en los grandes clásicos. Al principio dudaba de si dedicarme a la física, al derecho o a la filosofía, pero en combinación con la física.

Su colega eslovenio Slavoj Zizek dijo una vez que la filosofía es necesariamente dogmática, que ningún diálogo filosófico ha funcionado.
No estoy de acuerdo con eso. Creo que la filosofía es multifacética. Consiste en el arte de plantearse nuevas preguntas o de ofrecer nuevas respuestas a las viejas preguntas. La filosofía comienza siempre con el escepticismo; es el primer momento. En un segundo momento, uno se plantea cómo ofrecer respuestas nuevas. Solo a partir de allí se puede decir que hay un rasgo de dogmatismo, pero en el sentido de que uno ofrece ideas que ha reflexionado con seriedad.

Alguien, citando a Heidegger, dijo que cada filósofo tiene una percepción fundamental que repite a lo largo de su obra. ¿Es su caso?
Sería fácil decir que sí, pero no lo es. Si miro la amplitud de mi obra, diría que el tema central ha sido el de la justicia política.

Usted la analiza en el contexto de la globalización, que es un proceso controvertido por varios frentes.
Lo primero que habría que decir es que la globalización no es un fenómeno meramente económico, y lo segundo, que no comienza en el siglo XX. Ahora, la primera forma de la globalización es la de la comunidad de la violencia, y pienso en la criminalidad, la circulación de las armas, el terrorismo. El segundo sentido es el de la comunidad de cooperación, y allí están los mercados de la economía y del trabajo, pero también de la cooperación cultural. En todo el mundo se estudia una serie de tópicos comunes: la teoría de la relatividad, estudiamos a Goethe, Shakespeare o Vargas Llosa, visitamos los mismos museos, todo el mundo aprecia el Cusco. Y el tercer sentido es la comunidad de un destino común, en el sentido de que todos compartimos la tierra, tenemos los mismos problemas ambientales y por lo mismo podemos reaccionar de manera solidaria.

¿No es mucho optimismo? Por ejemplo, usted ha escrito que el ciudadano global ya existe, que es una realidad, pero el racismo y la xenofobia desalientan a creerlo.
Yo no sé si habría que llamar a esto una visión optimista; más bien se trata de ampliar la perspectiva y observar cuáles son los factores positivos del proceso. Tomemos como ejemplo el libro de Samuel Huntington, "El choque de civilizaciones". Yo creo que Huntington no describe la realidad o no la comprende. Él ha dividido el mundo en siete u ocho culturas, pero ha realizado una serie de simplificaciones. Se refiere a Latinoamérica como si fuese un bloque completamente adherido a Occidente, pero no percibe su originalidad. Otro tanto ocurre con su percepción del mundo eslavo, porque mezcla la tradición católica con la tradición ortodoxa, pero en verdad hay conflictos entre ambas. Yo creo que hay otros factores de importancia.

¿Como cuáles?
Por ejemplo, me pregunto si los jóvenes de Lima no tienen más sintonía con los jóvenes de otras partes del mundo que con los de la sierra, con la cultura de los Andes. Eso se percibe entre los jóvenes turcos de Estambul, que pueden tener más cercanía con los jóvenes de Alemania que con los viejos turcos de la zona de Anatolia. No quiero negar el problema del racismo y de la xenofobia, pero es claro que hay una diferencia muy grande entre el nacionalismo de los siglos XIX y XX y la situación actual. En el primero, se defendía el racismo de manera oficial y había una intelectualidad que sostenía ese tipo de ideología. En la actualidad ya no es así. Se ha dado un paso hacia delante.

El filósofo francés Bernard-Henry Lévy asegura, hasta con cierta jactancia, haber acuñado el término 'islamofascismo'. ¿Cómo evalúa la mirada hacia el islam o la justificación moral de la guerra a Iraq?
Me he ocupado de estudiar las condiciones que legitiman una intervención. Por ejemplo, en el caso de Kosovo era mi opinión que existía la legitimidad para intervenir. En el caso de Iraq, no. Eso mismo se lo he transmitido al Gobierno Alemán con la idea de que no participase. Ahora, el tema del islam es un universo que tiene muchas dimensiones. Hubo un momento de su historia en el que incluso se producía algo así como una Ilustración musulmana; por desgracia se interrumpió. Pero hay posibilidad de encuentro, y la muestra es que en el 2004, cuando el mundo celebró los 200 años del nacimiento de Kant --el gran filósofo de la Ilustración occidental--, fui invitado a Teherán. Pude constatar que hay una academia de las ciencias donde se cultiva la idea de establecer un diálogo entre la filosofía occidental y la sabiduría oriental. Lamentablemente, bajo el actual presidente de Irán esta academia tiene dificultades: uno de sus miembros está en la cárcel, otro en el exilio. En casos como ese se puede hablar con cierta cautela de islamofascismo.

¿Tiene identificado un sector de la academia interesado en acentuar las confrontaciones? Pienso en Huntington, pero también en Oriana Fallaci, que fue muy dura con el islam tras el 11/9.
Bueno, la gran ventaja del discurso en Occidente es que hay centenares de voces. Para hacerse escuchar en este coro, algunas personas defienden tesis muy exageradas, con las que se puede ganar mucho dinero porque las lee mucha gente, pero no creo que exista detrás un movimiento ni en el sentido político ni en el intelectual. Hay tantos intelectuales a favor de esa tesis, como otros que llaman la atención sobre los peligros de demonizar el islam.

¿Y qué efecto puede tener la manipulación de conceptos en la cultura de los derechos humanos?
Es evidente que la situación actual va a tener consecuencias. No hay que olvidar que los derechos humanos poseen un núcleo (el derecho a la vida, la libertad, la opinión) que no va a ser alterado, por lo menos no en Europa. Quizás en Estados Unidos haya un peligro más específico en relación con la libertad de prensa, pero ese núcleo no debería ser tocado.

Algunos intelectuales han dicho que el proyecto de la modernidad fracasó en Auschwitz. ¿Qué tiempo es este en que --salvando las distancias-- Estados Unidos justifica Guantánamo?
En realidad no se pueden comparar las dos situaciones. Auschwitz fue una caída escandalosa y trágica en la barbarie. Guantánamo no es ni de lejos tan terrible, pese a que estoy totalmente en contra de su existencia y conozco a muchos intelectuales, varios de EE.UU., que se avergüenzan de la situación. Ahora, es casi incomprensible que un país con una tradición de adhesión a los ideales de la Ilustración pueda ponerla en juego, de una manera tan ligera, a través de esa cárcel. Con todo, una de las tareas del filósofo es tratar de ampliar la perspectiva. Otra cosa que no se debe olvidar es que desde la Segunda Guerra Mundial se ha desarrollado mucho el derecho internacional, se han ampliado los temas y se ha profundizado en su tratamiento.

¿Pero si al final la razón siempre sucumbe a la fuerza?
Es una verdadera catástrofe: significa que no basta tener un derecho internacional, sino desarrollar las instituciones que puedan aplicarlo. Se ha creado el Tribunal Penal Internacional. Es lamentable que EE.UU. sea un freno a su implementación.

Eso lo empuja a uno al pesimismo.
A ver, uno se pregunta cómo es posible que Israel y Palestina, dos culturas con un mismo origen semítico, no puedan encontrar una solución, por ejemplo. Pero hay otras situaciones que van mejor y se abre un circuito de comunicación a través del cual la cultura se difunde, se critica más la injusticia y se crea una expectativa de que en el largo plazo podrían mejorar las cosas.

LA FICHA
Nombre:
Otfried Höffe
Nacionalidad: Alemana.
Profesión: Filósofo, catedrático de la Universidad de Tübingen.
Publicaciones: "Immanuel Kant" (1986); "Estrategias de lo humano" (1989); "Breve historia de la filosofía" (2001); "Ciudadano económico, ciudadano del Estado, ciudadano del mundo" (2007), entre otras.

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