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Fútbol y pago de impuestos

Por: Álex Córdova Arce. Tributarista |

Cada vez que inicia una eliminatoria renacen las ilusiones de ver al Perú en un mundial de fútbol. La mayor parte de peruanos participa del mismo ritual: vestir la camiseta de la selección para reunirse con los amigos frente al televisor --si no se puede ir al estadio-- para alentar al equipo de todos.

Pero la realidad siempre nos explota en la cara. Nos damos cuenta de que nuestro fútbol no ha evolucionado, que sigue siendo uno de barrio, sin organización, con malos dirigentes, casi amateur, en el que una jugada de lujo convierte en reyezuelo al futbolista, cuya máxima aspiración es conseguir un contrato con algún equipo de liga. Y claro, así no se puede llegar a un mundial.

Es evidente que nuestro fútbol necesita de un profundo cambio. Y en ello no puede estar ajeno el Gobierno ni tampoco su política tributaria.

Y en este escenario de crisis, nuestra legislación tributaria y la propia Sunat pretenden dar la estocada final al fútbol que, quizá, constituye la única bisagra que hermana de verdad a todos los peruanos: ¿Cobrar IGV por ir al estadio? ¿Encarecer las entradas para alejar aun más a los contados hinchas que asisten los fines de semana a los partidos de fútbol? ¿Gravar con IGV espectáculos deportivos a pesar de que incluso los no deportivos se encuentran exonerados? Esto que merecería ser contado como anécdota es parte de nuestra realidad, una que hunde más al deporte peruano.

Es el momento que el Estado haga algo que contribuya a cambiar la situación. No solo a través de políticas modernas que fomenten la actividad deportiva en todos sus niveles, sino también brindando un marco tributario que promueva la inversión en el deporte y la transformación de los clubes de fútbol en empresas altamente organizadas y competitivas en el ámbito internacional. Después de todo, el fútbol es un negocio y vaya de qué magnitud.

Para ello no solo tendría que hacerse viable la exoneración del IGV a los espectáculos deportivos (eliminando requisitos formales de imposible cumplimiento, como es el caso de las certificaciones que el IPD no otorga quizá por sus conflictos con la federación de fútbol), sino extenderla a los organizados por sociedades anónimas (la inafectación recogida en la ley solo alcanza a las asociaciones civiles que ya han mostrado su fracaso) para promover su rentabilidad, por lo menos en una etapa de transición.

Igualmente, es necesario alentar la constitución de empresas dedicadas al deporte, incentivar la inversión en infraestructura deportiva (que tanto hace falta) y en la formación integral de nuestros niños (física, educativa y nutricional), otorgando exoneraciones en materia de Impuesto a la Renta a las sociedades anónimas que se dediquen a estas actividades y flexibilizando las normas que permiten realizar donativos con deducciones tributarias para el desarrollo de ellas.

Si bien las exoneraciones tributarias son cuestionables y existe una tendencia natural para eliminarlas, no puede negarse que la situación actual del deporte peruano y del fútbol en particular requiere de medidas extraordinarias que permitan sacarlo de la profunda crisis en que se encuentra. Se trata de una forma en la que el Estado puede invertir en la promoción del deporte, lo cual no solo contribuirá a la formación integral de nuestros jóvenes y niños, sino también a mejorar nuestra identidad y autoestima como peruanos. Vale la pena intentarlo.

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