Por: Juan Incháustegui V. Ex ministro deEnergía y Minas |
En el escenario actual que vivimos, de crecimiento y optimismo, pero a la vez de justo reclamo sobre la falta de una visión y una estrategia, que generen desarrollo e inclusión social, nos parece pertinente dirigir la mirada al campo del conocimiento, la ciencia y la tecnología; que son temas lamentablemente soslayados o pospuestos en los debates y aportes producidos y que pensamos que tienen la más alta prioridad si de veras queremos tener una visión de futuro y no quedarnos girando en el círculo del cortoplacismo complaciente , en el que pareciera que nos gusta bailar.
Para motivar una reflexión al respecto citaremos palabras del más grande científico del siglo veinte: Albert Einstein que allá en 1948 dijo lo siguiente: "Todos los imperios del futuro serán imperios del conocimiento. Solo serán exitosos los países que entiendan cómo generar conocimientos y cómo protegerlos. Cómo asegurar que los jóvenes talentosos se queden en el país. Los otros países se quedarán con litorales hermosos, con iglesias, minas, con una historia fantástica, pero probablemente no se queden ni con las mismas banderas, ni con las mismas fronteras, ni mucho menos con un éxito económico".
El Perú posee, como se ha comentado con verdad siempre, grandes y valiosos recursos naturales entre los que destacan su biodiversidad que abarca los climas, bosques, especies acuáticas y terrestres y por tanto germoplasma, los minerales, su potencial hidroeléctrico, su patrimonio histórico, cultural y arqueológico, su gastronomía, sus glaciares como reserva de agua dulce, y muchos otros más que han generado expresiones como aquella de que el Perú es "un mendigo sentado en un banco de oro". Infortunadamente, empero, en vez de servirnos de base para un desarrollo creciente, han sido con frecuencia convertidos en lastre, por quienes han ejercitado el triste papel de perros del hortelano, recientemente descrito por el presidente Alan García.
Es preciso sin embargo, decir que tampoco se trata solamente, de poner en valor de uso para la sociedad todo lo que tenemos, rematándolo al mejor postor y en el menor tiempo posible. No. Porque muchos de esos recursos son agotables y deben ser usados racionalmente, en el tiempo adecuado, pero sobre todo, generando capacidades que desde ahora nos equipen --por la educación y la capacitación-- para el futuro de la nueva sociedad que se esta gestando en el mundo, y que como dijo Einstein se basa en el conocimiento y en su aplicación, que son los ingredientes básicos de la tecnología.
Hemos carecido en el pasado y seguimos careciendo aún, de una visión y de políticas y estrategias adecuadas y eficaces para el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Apenas estamos haciendo pininos --con más de 20 años de retraso respecto de otros países de América Latina-- en el campo de su financiación a través del fondo aportado por el BID; pero nos falta clamorosamente una visión nacional de su importancia y una acción concertada hacia su desarrollo, que tiene que liderar necesariamente el Estado.
Allí donde se habla de una transformación o reforma del Estado, cuando a veces se pretende entenderla equívocamente como una reducción, está precisamente la demanda urgente de alinear y potenciar sus actos hacia ese desarrollo moderno basado en ciencia y tecnología que seguimos ignorando. El papel de orientar y conducir los planes y las acciones del mundo académico y del de la producción de bienes y servicios, hacia una confluencia sinérgica y verdaderamente revolucionaria, es justamente el del moderno Estado, que estamos todavía en trance de definir. Ese tema, que se omitió por todos los candidatos del último proceso de elecciones generales, con la sola excepción de la del Frente que lideró Valentín Paniagua, tiene que ser el gran tema de debate nacional desde ahora y de cara al futuro del Perú.