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Solidaridad y bienestar

Por Francisco Miró Quesada Rada. Politólogo

Andrés Oppenheimer, en su artículo "Y ahora, el modelo peruano", se mostró entre sorprendido e incrédulo porque Marcelo Giugale, alto funcionario del Banco Mundial, mencionó al Perú entre las estrellas económicas de América Latina dentro de 20 años. Oppenheimer cita a Giugale cuando dice: "Los países que van a tener éxito son los que van a lograr un balance entre la eficiencia y la solidaridad social". Si esta es la tendencia, los peruanos tenemos que prepararnos para ser eficientes y solidarios, una situación que requiere equilibrar el crecimiento económico con el bienestar social de la población.

En cuanto a la eficiencia, necesitamos empresas privadas, grandes, medianas o pequeñas, que se modernicen, aplicando tecnologías adecuadas, capacitación de su personal y planes, tanto de desarrollo como expansión, en el mercado nacional e internacional.

Debemos tener un mercado interno competitivo y una política agraria de exportación en el mercado internacional. Pero a la vez, los logros que pudieran alcanzarse, como consecuencia del crecimiento económico en la eventualidad de que esta tendencia continúe, no deben concentrarse solo en el sector económico y en algunas zonas urbanas, porque tendremos entonces un crecimiento desigual y, por ende, también un desarrollo desigual. En el fondo, el desarrollo desigual no es desarrollo, implica solo el bienestar de una parte de la población.

Debemos esforzarnos por construir una sociedad de bienestar para combatir lo que William Beveridge denomina los "cinco gigantes" a los que tenemos que enfrentar para lograr el bienestar social: la necesidad, la enfermedad, la ignorancia, la miseria y la desocupación. En consecuencia, deben aplicarse políticas sociales para derrotar a estos "cinco gigantes", que comprometan al Estado, la empresa privada y otros sectores de la sociedad civil, a través de un pacto social que implique un compromiso institucional y socioeconómico y, a partir de acuerdos claramente definidos, producir la normatividad correspondiente orientada a garantizar el bienestar social.

Un auténtico 'bien-estar' significa que la persona se sienta bien en la sociedad donde vive y esto no solo pasa por lo económico. Una persona está bien cuando logra la autonomía y autoestima personal. La autonomía para decidir libremente su destino y el de su sociedad, y la autoestima como expresión de su afirmación en cuanto ser humano.

Es aquí en donde la solidaridad social es fundamental, pero igualmente la cohesión social, en un país como el nuestro en el que existen serias desigualdades. El progreso individual y colectivo está íntimamente vinculado al desarrollo humano, este desarrollo requiere que las necesidades básicas fundamentales del ser humano sean satisfechas. Se requiere, entonces, aplicar políticas dirigidas a buscar el pleno empleo, el acceso integral a la educación y a la salud, no solo física sino mental, la disposición de una infraestructura de servicios adecuados para todos, de comunicación, acceso al conocimiento científico y tecnológico, disponer de servicios como luz, agua y transporte, en el marco de un medio ambiental saludable. Es decir, la tarea es gigantesca, pero de ninguna manera imposible. Además, en lo político se requiere una democracia sólida, tanto representativa como participativa, y una "democracia cotidiana", término que propone Anthony Giddens, que puede verse favorecida con la nueva tecnología de la informática.

Si en el Perú logramos armonizar el crecimiento económico con el bienestar social y la solidaridad, habremos dado un gran paso para que nuestra sociedad sea más justa, menos arbitraria y más simétrica.

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