Por Virginia Rosas
A medida que se acerca la fecha del referéndum del 2 de diciembre en Venezuela, en el que se decidirán las reformas de 69 de los 350 artículos de la Constitución, la incontinencia verbal del presidente Hugo Chávez se multiplica tanto como sus desplazamientos por el extranjero. Hasta parece que tuviera el don de la ubicuidad.
No le basta el escándalo que desató en la Cumbre Iberoamericana el sábado pasado y que obligó al rey Juan Carlos de España a abandonar, airado, el recinto, tras increparle por qué no se callaba, pues no dejaba de interrumpir constantemente al presidente de Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero, llamando fascista al ex presidente José María Aznar.
En su necesidad de estar siempre en el ojo de la tormenta, Chávez busca la confrontación, y es mejor para él si esta tiene lugar en un foro internacional de gran envergadura, porque sabe que ríos de tinta correrán sobre su persona y se desatará el escándalo que distraerá sobre lo que pasa en su país: una escasez de alimentos que obliga a los venezolanos a hacer largas colas para conseguir un litro de leche, un kilo de huevos o un trozo de pollo. En un país que tiene las mayores reservas mundiales de petróleo y en una época en que el crudo está batiendo su récord mundial en precio: 100 dólares el barril.
Tampoco quiere el ex coronel golpista que se hable mucho de las multitudinarias manifestaciones --duramente reprimidas por los chavistas armas de fuego en mano-- de los estudiantes contra la reforma constitucional, que permitiría establecer la reelección presidencial ilimitada, eliminar la autonomía del Banco Central de Venezuela y convertir a las Fuerzas Armadas en un cuerpo de milicias partidarias, entre otras perlas.
Ni que se difunda la condena de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) al Gobierno Venezolano por atentar contra las libertades sindicales.
Hugo Chávez escapó de una caravana electoral a favor del sí el jueves pasado en Venezuela para participar en Arabia Saudí en la tercera Cumbre de la OPEP. De allí irá a visitar al vocinglero presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, a quien la oposición persa llama con humor el "Chávez de Medio Oriente", por su 'estilo' para gobernar, en el que los discursos encendidos y confrontacionales reemplazan con creces a políticas de Estado para sacar al país del subdesarrollo.
Este martes, Chávez viajará a Francia para encontrarse con su homólogo Nicolas Sarkozy, a quien espera entregarle pruebas de supervivencia de Ingrid Betancourt, la franco-colombiana secuestrada por las FARC hace cinco años.
El mandatario venezolano centrará su visita a París en el intercambio de 45 secuestrados de las FARC por 500 guerrilleros presos, pues ha sido aceptado como interlocutor en el proceso de pacificación colombiano. Y es por eso que Caracas se ha convertido en el punto de encuentro de representantes de las dos guerrillas colombianas, las FARC y el ELN, con las que --¡oh casualidad!-- Chávez siempre tuvo afinidad.
En una entrevista con la televisión francesa, previa a su llegada a la Ciudad Luz, refiriéndose al programa nuclear de Irán, dijo que este se limita a fines pacíficos y anunció que Venezuela emprenderá también un programa atómico similar al de Teherán y que muchos otros países deberían imitarlo. ¿Una pesadilla más para la humanidad?