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Las caras de este continente

Por Francisco Miró Quesada Rada. Politólogo

Más allá de las bravatas de Chávez y la respuesta del rey, se pueden sacar algunas conclusiones importantes sobre la Cumbre de Santiago, que se denominó por la solidaridad y la cohesión social. Esto demuestra que los mandatarios ibéricos y latinoamericanos han tomado conciencia sobre la importancia de lograr un desarrollo solidario y con cohesión social. En este último caso, lo que se pretende es establecer criterios para que el progreso económico y social no sea desigual.

Insistimos en este tema porque existen amplios sectores sociales que no se han beneficiado con las políticas económicas aplicadas a partir del denominado Consenso de Washington, que si bien contribuye a la estabilización monetaria, a la necesaria privatización y a ciertas desrregulaciones para promover las inversiones nacionales y extranjeras. Por otro lado, la aplicación de este consenso tiene limitaciones, porque no ha podido superar diversos problemas derivados de la exclusión y marginación social.

Los estados, que deberían contribuir con la solidaridad y la cohesión social, se han convertido en promotores del crecimiento, lo que en esencia no es negativo, y en administradores de la crisis. Pero han perdido capacidad de gestión social. Por ello, es necesaria la reforma del Estado, más en unos países que en otros, para que ejecute planes y proyectos de lucha contra la pobreza y contribuya con el bienestar de la población. Esta tarea, que es fundamental, no la puede efectuar un Estado mínimo que carezca o tenga poca capacidad de gestión, como tampoco un Estado de corte nacionalista-populista, sino en Estado de bienestar, moderno, flexible, transparente, por ende, democrático, que aplique políticas en beneficio del interés general.

En reciente entrevista a El Comercio, Marta Lagos, directora del prestigioso Latinobarómetro, se refirió al rol que debe desempeñar el Estado en el progreso de un país. No se trata de ser estatistas, estamos muy lejos de esta posición, pero tampoco se puede aceptar que se desentienda de su responsabilidad social.

Otro aspecto destacable ha sido la decisión del Gobierno Español, que ha donado 1.500 millones de euros para inversión de agua potable en América Latina. Esta medida, desde el punto de vista de nuestro interés nacional, nos conviene porque, por ejemplo, las ciudades y pueblos de nuestra costa están en un desierto. Además, Lima tiene una fuerte carencia de agua potable en diversos distritos. Pero la donación no basta. Es necesario crear una conciencia popular ahorrativa para el uso racionalizado del agua potable, un derecho humano esencial vinculado a la vida de todos.

José Rodríguez Zapatero anunció que la ayuda de España a Latinoamérica a partir del 2008 será de 2.000 millones de euros, destinados para planes de cooperación y asistencia social. Sostuvo que tanto las leyes como las políticas de este país tienden hacia el bienestar y la cohesión social. Dando una lección de solidaridad, no hizo distingos ni fijó condicionamientos políticos, para que la colaboración española se lleve a cabo.

Hace tiempo que España dejó de tener un gobierno fascista y ser una nación imperialista. Es una democracia parlamentaria, con instituciones sólidas e importante miembro de la Unión Europea. Un país que promueve y apoya la democracia en el mundo. Una democracia que ahora en América Latina tiene altibajos, con avances y retrocesos, situación que, en algunos casos, puede favorecer la tentación autoritaria de ciertos gobernantes.

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