Chemo apostó por Penny, Salas y Lobatón en el equipo titular y acertó. Brasil con sus 'cracks' volvió a irse de Lima sin ganar (1-1). Kaká abrió la cuenta y Vargas --con ayuda de Lucio-- nos dio la igualdad.
Por Elkin Sotelo
El fin de la Eliminatoria dirá cuánto vale este punto. Mientras tanto dan ganas de pararse y aplaudir, de palmotear a cada uno de los nuestros, de jactarse que Brasil solo pudo tocarnos con ese guantazo derecho de Kaká en el primer tiempo porque no los dejamos que se acerquen más.
Pero cualquier prolongación de alegría se borra cuando te meten entre los ojos la tabla de posiciones y Perú, de 18 puntos posibles, solo hizo dos, y que fecha a fecha, nos gastamos el oxígeno sin salir a flote.
Entonces aparece el arrebato y el tremendismo; este partido parecía un himno antiguo a la solemnidad. Brasil es una selección a la que no se le antoja matar a nadie a domicilio. Y su estadística parece importarles poco: de visita apenas han ganado cuatro veces en veinte partidos de dos procesos clasificatorios. Goleando en casa y arrebatándole puntitos a los menos vivos del continente les alcanza para estar bien adentro.
Una foto del 2003, choque que acabó con el mismo marcador, se asemeja a lo que aconteció ayer: cuando Paulo Autuori era técnico se especuló hasta horas antes del partido que Erick Delgado sería el golero y acabó atajando Óscar Ibáñez. Brasil nos hizo un gol en el primer tiempo y lo empatamos en el segundo, sucediendo todo en los mismos arcos que ayer. Todo igual, todo coincidencia.
Diego Penny y Guillermo Salas fueron las sorpresas de Del Solar y los que más cumplieron. El arquero tenía en sus manos su propio destino. Este partido podía ser el argumento necesario para que dejen de llamarlo juvenil o el inicio de otros horizontes, pero lejos del arco. Y fue lo primero. Atajó con seguridad y arrojo y en el gol de Kaká poco pudo hacer ante semejante destello de capacidad del brasileño.
Salas tenía poco que perder. Quizá el jugador en el que menos confió todo el país para este encuentro, pero que se bañó de irreverencia para enfrentar a Robinho y Ronaldinho, los astros que se recostaron por su banda. Empezó nervioso, pero acabó siendo aplaudido por todo el estadio porque nadie le ganó una dividida.
Cielo despejado
Ronaldinho fue el dueño de la pelota cuando Brasil insinuaba un ataque, pero lateralizó y se sacudió de la posibilidad de sentir en sus tobillos a algún peruano acalorado. Eso sí, sus servicios siempre fueron a los pies de Wágner Love o Maicon, pero todo controlado por la zaga peruana.
Kaká, el mejor hombre del campo, jugó en un 75% de lo que sabe y lo demostró con el golazo que anotó a los 40'. La pelota le cayó en el pie derecho a 25 metros del arco y sin apuntar --pero con excepcional técnica-- sacó un remate formidable, que no fue ni fuerte ni débil, simplemente incalificable.
Tras anotar Brasil no quiso sepultar a Perú y comenzó a rotar la pelota, que a los nuestros les costó recuperar. Fue un tiempo con poco aplauso para el equipo de Chemo porque Paolo Guerrero no correspondió a las expectativas, porque Farfán no se decidía a encarar con la potencia que posee y porque Solano tenía poca efectividad en sus servicios.
Esta vez Pizarro hizo una mejor presentación aunque siguió peleado con el gol. Pero anduvo más solidario, con mejor trato de balón y más recuperación en función del equipo.
El cambio
La segunda mitad tuvo un actor importantísimo: Roberto Palacios. Quizá no con la pelota, pero con mucha actitud, el volante no se escondió jamás y fue valiente para pedir y encarar. El ingreso de Mendoza preocupó a los brasileños y el gol de Juan Vargas acabó siendo un premio a la perseverancia, que a pesar de ser desordenada, Perú demostró.
La pelota entró porque la fuerza que hizo el estadio empujó la pierna de Vargas y obligó a Lucio a la desesperación en el cruce. Julio César se jugó todo hacia su segundo palo y no intuyó el desvío que hizo su zaguero. No saben como sonó ese estadio. Iban 71' minutos del encuentro y la emoción hizo alucinar que obtener los tres puntos se irían al asaltado bolsillo de Del Solar. Pero la experiencia brasileña fue superior a la peruana y manejaron el encuentro para no perder. Total, a ellos el punto les calzó facilito.
El tímido pitazo final del juez Carlos Torres no se sintió en el estadio hasta que vimos a Farfán intercambiando la camiseta con Ronaldinho.
Lo que viene para Perú es el viaje a Quito. El presupuesto ya exige un triunfo. La economía de Chemo denota un forado enorme que debe remediar. Es posible que soñar con la clasificación suene exagerado, pero los ecuatorianos andan en peor situación. Es el mejor pretexto para recuperar la alegría que hasta ahora se nos niega y que el crecimiento y la mejoría no sean un espejismo.