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Presidente Chávez: recuerde al libertador

Por Héctor López Martínez. Historiador

El incidente de la Cumbre de Santiago de Chile entre Hugo Chávez y el rey de España, que tanto dio que hablar en el mundo entero, proporcionando material estupendo a connotados caricaturistas-humoristas, toma ahora un giro amenazante, promovido, cuándo no, por la incontinencia verbal del presidente venezolano. Anuncia que someterá a "profunda revisión" las relaciones con España y que las empresas hispanas instaladas en Venezuela "van a rendir cuentas y yo voy a meterles el ojo a ver qué están haciendo aquí". Se trata de una amenaza que no tiene sustento. El presidente Chávez ha inflado un incidente que pudo quedar como anécdota para ahora exigir disculpas al monarca y plantear la tesis que "con un presidente que sale a defender a un fascista y a atropellar la verdad y un rey que pretender atropellar la dignidad de un pueblo es difícil tener buenas relaciones".

El presidente del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero, como él lo dijo, está en las antípodas del pensamiento político de José María Aznar. No defendía, pues, sus ideas sino a la persona que por el voto libérrimo lo había precedido como inquilino del Palacio de la Moncloa. Ese gesto honra a Rodríguez Zapatero o a cualquier otra persona, no interesa la nacionalidad, que hubiera salido en defensa de un compatriota agraviado. El presidente Chávez, fervoroso hasta el fanatismo de Simón Bolívar, debe recordar que este se caracterizó por su cortesía y exquisita amabilidad. En una oportunidad Bolívar y un numeroso séquito visitó el salto de Tequendama, cerca de Bogotá, para luego almorzar en la hacienda del ciudadano español Fernando Rodríguez, que les ofreció toda suerte de atenciones. En algún momento uno de los asistentes hizo un brindis en contra de los realistas. Todos festejaron la ocurrencia menos el dueño de la casa. Bolívar advirtió el detalle y le dijo: "Señor Rodríguez, ¿por qué no nos acompaña usted?" Rodríguez respondió: "Porque siendo español, no creo que sea razonable". Bolívar se levantó rápidamente y se acercó donde Fernando Rodríguez con la mano extendida exclamando: "Ojalá tuviésemos muchos patriotas como usted, señor don Fernando". Ese era el talante del libertador, señor Chávez. Respetuoso de las convicciones ajenas sostenidas con valor. Pero también hay que recordar que a Simón Bolívar la oposición lo irritaba hasta provocarle ataques de furia. Las reglas que imponía una Constitución lo molestaban. "No soy capaz de jugar en tan complicado tablero, decía el Libertador. Lo rompería". En este caso el señor Chávez es un aventajado discípulo de Bolívar, quien se había acostumbrado al poder dictatorial y le repugnaba una presidencia constitucional. Gravemente enfermo, casi agonizante a causa de la tuberculosis --y no debido a un envenenamiento como piensa el comandante Chávez--, el libertador llegó con muy pocos amigos a Santa Marta (Colombia), y un español, el gaditano Joaquín de Mier y Benítez, con desinteresada hidalguía, pone a su disposición la hacienda San Pedro Alejandrino donde fallece el 17 de diciembre de 1830.

Un gran venezolano, don Arturo Uslar Pietri, escribió: "La historia no es divisible, hay que recibirla en su conjunto, no podemos admitirla a beneficio de inventario, como dicen los abogados, para quedarnos con la parte que nos es grata y repudiar la que nos es desagradable o contraria". Todos los países de Hispanoamérica tenemos vínculos muy especiales con España que debemos conservar desde la igualdad y el respeto. Solo así no se cumplirán las desesperanzadas palabras de Bolívar que ante la anarquía provocada por los díscolos auguró para nuestros pueblos caer en manos de "tiranuelos casi imperceptibles de todos los colores y razas".

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