Por Andrés Oppenheimer. Periodista
El 8 de noviembre tuve el honor de ser llamado repetidamente 'un loco' por el conductor conservador de la cadena de televisión Fox News, Bill O'Reilly, a raíz de una columna que escribí en la que pedía una solución integral para el problema de la inmigración en EE.UU. He aquí mi respuesta.
No voy a caer en la tentación de descalificar personalmente a O'Reilly --ni a su colega de la CNN Lou Dobbs, otro campeón de la cruzada contra la inmigración-- acusándolo de ser un xenófobo antihispano. En lugar de utilizar la descalificación personal --como lo hizo O'Reilly conmigo-- me enfocaré sobre lo absurdo de sus argumentos.
Primero, los hechos. En mi columna del 4 de noviembre, "El peligro de la intifada hispana", argumenté que el incremento de la histeria antiinmigrante en EE.UU. es una tendencia preocupante. Señalé que la escalada antiinmigrante creará un submundo de casi 13 millones de personas que no se irán de EE.UU., ni pueden ser ubicadas para su deportación, y que --si no se les da una oportunidad para ganarse la ciudadanía-- se volverán cada vez más frustrados.
Utilicé la palabra 'intifada' para describir el escenario más pesimista de lo que podría suceder si no se les da a los indocumentados ninguna posibilidad de ascenso social. En ese contexto, cité el caso de las manifestaciones de los jóvenes palestinos en Israel en la década de los noventa y las protestas de los jóvenes musulmanes en los suburbios de París en el 2005.
Mi argumento se centraba en los 1,8 millones de jóvenes indocumentados que fueron traídos a este país cuando eran muy pequeños, que a menudo no hablan otro idioma que el inglés y que muchas veces ni siquiera recuerdan sus países de origen. Muy pronto, estos jóvenes serán lanzados a un mercado laboral en el que no tendrán ninguna posibilidad legal de conseguir un empleo.
¿Qué pasará con estos jóvenes? Muchos no podrán solicitar ingreso a una universidad, van a crecer en las calles, y muchos se van a unir a las pandillas que ya están aterrorizando a muchas ciudades de EE.UU.
Los jóvenes indocumentados, especialmente los más brillantes, necesitan que se les dé una oportunidad para ganar la ciudadanía de EE.UU., como fue contemplado en el proyecto de ley Dream Act, recientemente derrotado en el Senado.
Apenas salió publicada mi columna, me inundaron de e-mails de todo el país. Muchos de ellos eran abiertamente hostiles hacia los inmigrantes hispanos, y muchos aducían --equivocadamente-- que mi columna llamaba a la violencia.
El 8 de noviembre, O'Reilly dijo en su programa de televisión, en una conversación con la analista de Fox News Laura Ingraham, que "hay un columnista loco en Miami que dice que los hispanos se van a rebelar".
Ingraham aseveró que yo había "sugerido algo semejante a iniciar una guerra de clases". O'Reilly respondió: "Es un chiflado. Es un chiflado este tipo". Ingraham añadió que yo formaba parte de "un ala anarquista de extrema izquierda".
Mi opinión: para que a nadie le quepa duda, nunca hice un llamado a la violencia, ni lo haría. Sugerir que hice tal cosa --como se hizo en el programa de O'Reilly-- es periodismo irresponsable.
Pero mucho más irresponsable es lo que están haciendo a diario en sus programas de televisión estos campeones de la cruzada antiinmigración, al incitar al pueblo estadounidense a alzarse contra los ilegales --la mayoría de ellos hispanos-- sin ofrecer ninguna solución realista al problema inmigratorio.
Mientras la brecha de ingresos entre EE.UU. y América Latina continúe siendo tan amplia como ahora, mientras los empleadores de EE.UU. sigan contratando a inmigrantes indocumentados para hacer trabajos mal pagados que los estadounidenses no quieren hacer, y mientras los consumidores de EE.UU. sigamos queriendo pagar menos por los servicios realizados por trabajadores indocumentados, el flujo inmigratorio continuará, no importa cuántos muros se construyan a lo largo de la frontera.
Si se quiere reducir la inmigración ilegal, hay que permitir una mayor inmigración legal, y al mismo tiempo aumentar la cooperación económica con los países latinoamericanos, para que crezcan más, reduzcan más la pobreza y sus habitantes tengan menos necesidad de emigrar.
Y, sobre todo, hay que darles a los 1,8 millones de niños indocumentados que han crecido en EE.UU. una vía para la legalización. De otra forma, estaremos creando una subclase de parias sociales, muchos de los cuales terminarán uniéndose a las pandillas callejeras. ¿Les parecen locos estos argumentos? ¿Son ideas anarquistas de extrema izquierda? Decidan ustedes.