Las terapias que siguió por años para superar un accidente se convirtieron en el arma que ahora le permite preparar a madres para el parto pero, sobre todo, vivir de su pasión: la danza
Por Antonio Orjeda
Karine Aguirre vive en un departamento alquilado, acaba de cumplir 40 pero nada de eso la preocupa ya. Dedicarse a su oficio --que es su pasión-- es bravo aquí, en Sri Lanka y en Nueva York. Ahora lo sabe, y sabe que con Cuatro Costillas Flotantes, su grupo de danza, es capaz de enfrentar lo que la vida le quiera poner al frente.
Antes, para tener con qué dedicarse a lo suyo, fue anfitriona en un restaurante miraflorino, 'baby sitter' en EE.UU. y, en Lima, dio una cantidad descomunal de talleres. Ya no. Karine se ha ordenado. Además de danzar, ayuda a las gestantes a que entren en contacto con sus cuerpos, las prepara física y emocionalmente para que reciban bien a sus hijos. Pero Karine, ante todo, es bailarina.
Usted es una de las bailarinas más reconocidas del país. El reconocimiento, sin embargo, no da que comer, ¿no?
Así es (ríe)...
¿A cuántas personas con talento ha visto renunciar a la danza?
A muchas... que renuncian de una u otra forma: a unas se les termina haciendo cada vez más chiquito el espacio de la danza en sus vidas, otras se quedan sin ponerle todo el profesionalismo que la danza exige, y eso pasa porque (para dedicarse a la danza) hay que trabajar en otras cosas.
¿Y usted por qué continúa?
Eso es algo que me comencé a preguntar a partir de que empecé este proyecto de empresa --las terapias prenatales-- que recién está emergiendo. Me comencé a preguntar: ¿qué hago? Porque yo no puedo dejar de bailar. Hay algo que tengo adentro que, si no bailo, no me siento bien.
A muchos les debe parecer absurdo, deben decir que hay cosas 'más normales' que hacer.
He pasado por eso. Estos dos últimos años han sido todo un proceso, un tirar y aflojar con la danza. En algún momento llegué a pensar: bueno, ya estuvo bien, me está costando demasiado tomar esta decisión, pero tengo que dejar de bailar ¡porque ya tengo 40 años y tengo que saber qué voy a hacer con mi vida! Porque ahorita me puedo mantener bien, ¿pero y en 10 años? ¿Si no tengo posibilidades de ahorro, qué voy a hacer?
¿Y cuál fue su primera respuesta?
Tengo que dejar de bailar. Tengo que dedicarme a trabajar --como loca-- en un proyecto que me funcione y con el que obviamente me sienta contenta, que me guste.
Una cosa es entregarse a una pasión en la adolescencia, a los 20...
Totalmente, ¡no la piensas! Yo nunca pensé que tendría que hacer otra cosa que bailar. No.
A los políticos no les interesa la cultura. No solo la danza se ha pasado años exigiendo mayor apoyo. En consecuencia, ustedes han tenido que buscarse alternativas económicas.
En mi caso, llegó un momento en que me vi y no tenía plata. ¡No puedo mantener un hogar! Tuve que buscar una alternativa, pero una que fuese afín a mí; y bueno, por mi historia, lo de la terapia prenatal conjugaba con muchas cosas que yo podía hacer. Además, para entonces ya había tenido a mamás que me habían buscado para trabajar; siempre me buscaban personas para trabajar algún tipo de dolencias o algún impedimento.
El peligro de hallar alternativas económicas, sin embargo, es que estas pueden demandar mucha energía y terminar alejándolo a uno de la investigación que exige su arte.
Me ha pasado en estos dos años, pero he tenido la suerte de estar dentro de Cuatro Costillas Flotantes. Eso ha sido una salvación. Quizá para Carola y Cory (dos de las cuatro integrantes de la agrupación), que tienen 30, es distinto, pero para Pachi y para mí, que tenemos 40, esta ha sido una etapa de interrogantes, y creo que si hemos podido permanecer ha sido por el grupo, ¡por su energía! El grupo me ha permitido no desaparecer.
En su trabajo, algo vital es la investigación. En el 2002 presentó "Entre velo", unipersonal que le demandó tres años de trabajo. En paralelo, tenía que pagar la luz, el teléfono...
En esa época tenía pareja, y me ayudaba un montón económicamente. Así era más fácil que me dedicase a bailar, pero cuando me separé y tuve que asumir las cosas sola, todo cambió. Ahí fue donde dije: ya estás grande, ¡te tienes que mantener! A partir de entonces tuve que dedicarle menos tiempo a la danza, pues mi empresa --de terapias corporales, como toda empresa joven-- debía ser mi prioridad. Era como haber quedado embarazada: durante un momento tuve que hacer un poquito aparte las cosas para ver cómo le daba la seguridad, la protección, a esto nuevo que estaba por nacer.
Claro, porque el mercado es duro. Pero al principio usted daba una variedad de talleres: danza, yoga, pilates... Había un desorden: ¡daba de todo!
Totalmente. Lo que a mí me cambió la vida fue entrar a un taller de desarrollo empresarial, ahí cambió mi chip. Una de las primeras cosas que vimos fue: ¿Qué vendes en tu bodega? ¿Qué estás ofreciendo a tus clientes para que sepan qué tienes tú de diferente?
Antes de eso, tengo entendido que llegó a sentirse deprimida. Llegó a dudar de su capacidad.
De mi capacidad no, pero quizá sí de mis posibilidades de alcanzar un objetivo con las cosas que yo sabía... Y me sentía deprimida. ¿Qué hago? He elegido una carrera --porque para mí la danza es una carrera, a la que le he dedicado años de estudio, de plata, de energía, de investigación, ¡de alma!-- ¡y no estaba funcionando! En el sentido económico no estaba funcionando, no me estaba dando para vivir.
Debieron volver a su cabeza frases que escuchó de adolescente: no te metas en esto, de esto no vas a poder vivir...
Claro, pero ahora sé que el arte es difícil en todos los países, y lo he visto en Francia, en Nueva York. En Nueva York conocí a Jeremy Nelson, uno de los bailarines más importantes en el ámbito internacional, y tú ves cómo el pata la suda todos los días para mantener un departamento alquilado --al igual que todos--, y el pata está feliz: está en lo suyo; y para mí, este proceso ha sido eso, ahora yo digo: nunca voy a renunciar a bailar. Lo que pasa es que ahora debo aprender a equilibrar las cosas. Además, ya no tengo la energía de los 20 años, ¡y tampoco me provoca estar saltando como una loca! (ríe)... Ahora estoy en la búsqueda de un lenguaje más auténtico: de decir algo, porque el cómo decirlo ya está en mi cuerpo.
En paralelo, terminó enfocando su empresa en los talleres prenatales.
Claro, porque aprendí que ese era mi potencial, que no lo tenía cualquiera, ¡y a mí me gustaba! Ocurre que en el año 97 o 98 tuve un accidente --durante tres años debí pasar por varias operaciones--, eso hizo que yo buscase otras formas de movimiento: más armónicas, de menor impacto.
Para una bailarina, eso debió ser bravísimo.
Claro, por eso creo que la vida me ha demostrado que yo soy tenaz (ríe)... ¡o yo se lo he demostrado a la vida! Sí, eso me paralizó, pero nunca me venció. Por eso comencé a estudiar un montón de terapias corporales, diferentes formas de trabajar el cuerpo cuando uno enfrenta una dificultad.
Ahora le enseña a la gente a entrar en contacto con su cuerpo. ¿Qué ha aprendido?
Que la gente se conecta bien rápido. Para las mamás --sobre todo para las que trabajan, que están todo el día en la oficina, que producen cosas y que están corriendo de un lado para el otro--, este es un espacio de encuentro con sus cuerpos, y esa conexión es vital. Ellas lo agradecen un montón, y cuando me cuentan cómo les fue o me traen a sus hijos, yo me emociono como si ellos fuesen míos. A partir de eso he comenzado a darme cuenta de que no trabajo solo con ellas, sino también con sus bebes. Eso me ha enseñado a ser más flexible, más generosa... me ha enseñado a ver más allá.
Debe sentir que le está haciendo bien a la gente.
Te sientes bien... Después de tres meses de taller, te sientes bien. Yo veo cómo entraron y cómo se van asentando: cómo dejaron de ser un mar de dudas, cómo van quedando listas; lo ves a través de sus cuerpos, de su actitud, y eso, ¡es bien bonito!
¿Tanto que por esto podría llegar a dejar su pasión: la danza?
Creo que ahora lo sé combinar: esto me gusta un montón, pero soy una persona con mucha energía, y necesito el otro espacio para poder canalizar mis cosas.
Precisamente, quienes la conocen destacan su fidelidad a lo suyo: la danza. Cuatro Costillas Flotantes es la confirmación de ello.
Sí, estamos vigentes y seguimos preocupadas e interesadas en descubrir cuál es el siguiente paso que nos toca dar como bailarinas, como grupo. Estamos viendo cómo nos insertamos --de verdad-- en la sociedad... Esta es mi pasión, no la podría dejar, así que tengo que aprender a sopesarla.
O sea que ha llegado a los 40 sabiendo qué va a seguir haciendo toda su vida.
¡Alucina que sí! (ríe)... y está bien, porque en algún momento dudé bastante. Ahora sé que todo lo que hice fue lo que tenía que hacer. Ahora, todo tiene sentido.
LA FICHA
Nombre: Karine Aguirre-Morales Prouvé.
Colegio: Franco Peruano.
Estudios: Bachiller en Psicología Clínica de la PUCP y bailarina de ballet clásico con formación en danza contemporánea en Lima, Francia y Nueva York. En Argentina ha hecho cursos de esferokinesis que aplica en las terapias corporales.
Edad: Ayer cumplió 40 años.
Cargo: Educadora corporal y miembro de Cuatro Costillas Flotantes.