Les gusta vivir entre los objetos viejos, debajo de las camas, detrás de los cuadros y muebles. Pueden esconderse en las prendas de vestir, dentro de la ropa de cama o de los zapatos que no se usan. Hablamos de las arañas caseras, aparentemente inofensivas, pero venenosas y letales.
La araña casera, cuando muerde, inyecta su veneno en cantidad suficiente como para causar la muerte de los tejidos donde se produjo la inoculación. Pero a medida que pasan las horas puede llegar a la sangre, atacar luego el riñón, el hígado y el sistema nervioso central, que controla las funciones respiratorias y cardíacas, y produce la muerte de la víctima, como ha sido el caso de la menor Milagros Cueva Alzugaray, en Trujillo. Ya lo sabe, si es mordido por una araña, acuda inmediatamente al médico. El tiempo es vida.
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