Menor subió dos veces pendiente de 300 metros para pedir ayuda. Pese a estar herido y deshidratado, no perdió la calma en ningún momento
Por Carlos Zanabria Angulo
A sus 6 años de edad, Luis Fernando Solórzano Fuentes es un héroe. Su historia empezó la madrugada del lunes 19 cuando el automóvil en el que viajaba junto a sus padres --de placa CH-2877-- se despistó y cayó a un barranco de 300 metros en la zona de Quiscos, distrito de Yura.
Tras la brutal caída, el pequeño no quiso separarse de su madre, Miriam Farfán Anco (35). Ella intentó subir a la pista, pero una fractura en la pierna derecha se lo impidió. Ambos pidieron auxilio a gritos, pero nadie vino a su rescate.
La mañana del martes los halló con sed, hambre y dolor. Hasta que el pequeño se armó de valor y subió la pendiente a gatas y descalzo. Cuando llegó a la pista y estiró la mano a los vehículos que pasaban por el lugar, nadie le hizo caso.
"Me daba cólera porque levantaba las manos para que paren y las personas desde los carros me saludaban. Nadie paraba para ayudarme", refiere el menor desde su cama de la clínica San Juan de Dios, donde hasta ahora cree que su padre estaba desmayado. Lamentablemente, él falleció y ayer fue enterrado.
Miriam le sugirió que pusiera piedras en la pista para forzar a algún vehículo a detenerse. "Vi una piedra grande y comencé a empujarla hacia la pista, pero la dejé porque mi mamá se desmayó", recuerda el valeroso niño. Pese al esfuerzo que había hecho para subir a la pista, Luchito regresó hasta donde estaba su mamá. La abrazó y acarició hasta que ella despertó.
Cuando ella recuperó la conciencia, él volvió a subir hacia la pista porque a lo lejos se veía un camión estacionado cerca de lo que parecía una tienda en la carretera. Caminó aproximadamente un kilómetro, pero no pudo alcanzar al camión. Tuvo que resignarse a seguir colocando piedras en la pista.
El chofer de otro camión lo vio y lo regañó. Felizmente dio aviso sobre ello al personal de un patrullero de la Policía de Carreteras que se encontraba cerca.
LA AYUDA LLEGÓ
Aquellos policías llegaron hasta donde estaba Luchito, quien al verlos les pidió agua, pues presentaba un cuadro de deshidratación. Le dieron una gaseosa y él, ya recuperado, los guio hasta donde se encontraba su madre. Eran las 5:00 p.m. del martes 20. Habían transcurrido 36 horas desde el accidente. Madre e hijo fueron evacuados a la clínica San Juan de Dios. En el lugar quedó el cuerpo de Luis Alberto Solórzano Torres, de 41 años.
"Mi papá tiene la pierna fracturada como mi mamá, por eso no podía salir del carro que estaba debajo de las piedras. Los policías lo van a salvar", dice Luchito y sigue viendo dibujos animados en la televisión mientras su madre confía en que aquella inexplicable valentía que le demostró su hijo le sirva ahora para entender que su papá se fue pese a todos sus esfuerzos.