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¿Qué hace el humalismo en un extraño pacto?

Por: Juan Paredes Castro |

Ahora no es Unidad Nacional la que busca los votos del fujimorismo. Eso ya pasó y no se repetiría. Estamos ante algo peor: es el fujimorismo que busca los votos del humalismo, del humalismo que llama delincuencial a la Constitución del 93 y criminal al hoy procesado Alberto Fujimori.

Claro que cualquiera con dos dedos de frente advertirá que entre el fujimorismo, de derecha, y el humalismo, de izquierda, hay algunas identificaciones: comparten una misma vocación antidemocrática y una misma visión militarista del manejo del poder político.

Más que una sorpresa para el común de la gente, que de algún modo entiende estos denominadores comunes, con todos sus matices, el maridaje que parece concretarse en estos días entre el fujimorismo y el humalismo es la más clara revelación de cuán dispuestos están estos grupos a pasar de una vereda política a otra y cuán dispuestos están también a construir alianzas opositoras de las más insólitas características.

El fujimorismo busca censurar a Jorge del Castillo, acusándolo de encarnar la ineficiencia del régimen en la lucha contra el terrorismo, cuya paternidad reclama. Qué fácil se olvida de que los remanentes que tenemos en la selva de Sendero Luminoso nos los dejó el fujimorismo, con el cuento de que ya habíamos acabado con el terrorismo.

En su proyectada alianza con el humalismo el fujimorismo quiere también ejercer la mayor presión política posible sobre el Gobierno y el Congreso a favor del proceso judicial de su líder, sin medir las consecuencias funestas de este cálculo político, inclusive en perjuicio del propio ex presidente.

¿Por qué otra cosa más querría el fujimorismo una aproximación al humalismo? Por su bancada de 22 votos, que no es moco de pavo y por sus conexiones con los sectores C, D y E, que el humalismo se los habría arrebatado y que ahora pretendería reconquistarlos.

De otro lado, es muy probable que el humalismo o un sector importante de este haya estado esperando la aproximación fujimorista para usarla tácticamente como pieza de compadrazgo opositor en el Congreso, no importa cuánto sirva mañosamente a las presiones propiamente judiciales del ex presidente o cuánto ceda en posiciones políticas a un movimiento identificado con todo lo que Ollanta Humala despotrica: desde el libre mercado, incluido el TLC, hasta los contratos con las transnacionales, pasando por el respeto a las reglas de oro de la macroeconomía y la flexibilización laboral.

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