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Galliano aprendió de su madre

LO IMPORTANTE FUE SU APORTE AL DESARROLLO DE SU AMOR POR LOS TRAPOS A SU HIJO LE COSTÓ MUCHO APRENDER Y NO LE REGALARON NADA

MADRID [EFE]. Una tarde de estas, en una cafetería de La Línea de la Concepción, una señora con el pelo corto y rubio de peluquería, septuagenaria pero de aspecto jovial, vestida con ropa elegante aunque discreta, le hacía a su compañero de tertulia, según recuerda este, una confidencia con orgullo de madre: "¿Has visto las cosas que hace mi hijo? ¡Y lo que vende!". La señora madre se llama Ana Guillén Rueda. Y el hijo de las 'locuras' atiende al nombre de John Galliano. O Juan Carlos Antonio Galliano Guillén.

A David, el vecino de la puerta de enfrente en el bonito bloque nuevo de apartamentos donde Ana vive sola desde el año pasado, no le decía nada ese apellido que llevan 25 personas de la guía de teléfonos de la vecina Gibraltar. Hasta que su mujer lo puso al día. Hombre, quién va a ser John Galliano. El diseñador más famoso del mundo. El cerebro artístico desde hace 10 años de Christian Dior. El Picasso de la pasarela. Ahora el vecino ya sabe quién es John Galliano. Pero precisa que ella no lo va pregonando, de manera que muy pocos en La Línea se han enterado de que aquí viven las raíces españolas.

Todas las biografías periodísticas mencionan que su madre es andaluza, y él suele alabarla con cariño en las entrevistas, recordando lo importante que fue su aporte al desarrollo de su amor por los trapos, porque siempre que lo sacaba a la calle de niño lo llevaba hecho un figurín. Pero la mujer es tan reservada y recela tanto de la fama, aunque sea indirecta, que rehúye a los periodistas, incluso si es para hablar bien. Ni siquiera se ha publicado su foto alguna vez. Su hermana Maruja Guillén, que vive en un viejo bloque obrero de cuatro plantas sin ascensor a la entrada de La Línea, también rechaza hablar de los orígenes españoles de ese universal sobrino al que de niño enseñaron a bailar un poco de flamenco. Lástima que no abran la puerta, porque su historia parece de cuento de hadas.

La de una ama de casa española, Ana Guillén, y un fontanero gibraltareño, John Joseph Galliano, que tuvieron tres hijos (Rosa María, Inmaculada y Juan Carlos) y que, cuando el chiquillo tenía 6 años, emigraron del Peñón a Londres a buscar mejor vida. Se instalaron en el barrio obrero de Streatham. Años después, John (o Juan Carlos, como lo llaman sus íntimos) estudió en la Central Saint Martins School of Art and Designs... y el resto ya es historia.

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