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Danzando con el hipopótamo

Por Virginia Rosas

A bruptamente, la noche del miércoles, el presidente colombiano Álvaro Uribe decidió dar por terminada la mediación de Hugo Chávez con las FARC para el intercambio de prisioneros por secuestrados. El origen del súbito cambio de humor de Uribe --al día siguiente de haberle dado plazo a Chávez hasta el 31 de diciembre para lograr la liberación de los rehenes-- sería una llamada telefónica que el venezolano hizo esa noche al comandante del Ejército Colombiano, general Mario Montoya, para indagar personalmente sobre la situación de los secuestrados.

Unos días antes Chávez se había despachado a su gusto en París --adonde había llegado con la promesa de entregar pruebas de supervivencia de la franco colombiana secuestrada Ingrid Betancourt, y llegó con las manos vacías-- diciendo que Uribe lo había autorizado a reunirse con el líder del grupo guerrillero, Manuel Marulanda, y que le había dicho "tú pudieras ir y hasta yo voy" (sic). El alto comisionado para la paz, Luis Carlos Restrepo, salió inmediatamente a desmentir a medias a Chávez. Dijo que la cita (con Marulanda) se realizaría si "se hubiesen liberado previamente a todos los secuestrados y la reunión fuera como parte de un proceso de paz exitoso". En buen cristiano, que Chávez y Uribe se reunirían con la guerrilla si esta liberaba primero a los secuestrados.

El incidente le dio la ocasión al vociferante presidente venezolano a emplazar a Uribe públicamente diciendo en voz alta lo que habían acordado 'sotto voce' durante la famosa Cumbre Iberoamericana de Santiago, en la que el rey Juan Carlos le espetó a Chávez el famoso "¿por qué no te callas?" que dio la vuelta al mundo.

Los exabruptos del venezolano no son nuevos. Un hipopótamo danzando "El Lago de Los Cisnes" tendría más finura y destreza que Chávez como mediador diplomático, aunque las familias de los rehenes piensan lo contrario. Dicen que la sintonía de Chávez con las FARC podría haber logrado la libertad de los 45 rehenes que sus familias esperan desde hace años.

Uribe no es un despistado ni un hombre nuevo en política. ¿Por qué decidió el 31 de agosto pasado confiarle la mediación de un caso tan sensible al inefable mandatario venezolano?

Recordemos que el pedido vino de Bogotá tras la presentación en el programa "Aló presidente" de la senadora colombiana del Partido Liberal, Piedad Córdoba, quien le pidió a Chávez abogar por los rehenes y al instante este anuncia que quiere hablar políticamente con los dirigentes de la guerrilla.

Uribe aduce ahora "las fallas de método y la falta de discreción" que encontró en su homólogo venezolano como mediador con las FARC.

En política no hay que ser ingenuos. Uribe no es un timorato ni un improvisado que desconoce la trayectoria de su vecino, con quien ha tenido más de un encontronazo. Hasta un niño de primaria se da cuenta de que a Chávez no se le puede confiar una gestión diplomática tan delicada.

¿O era eso justamente lo que le convenía a Uribe? Hacer como que está dispuesto a negociar el intercambio de presos por rehenes, para satisfacer a la opinión pública, mientras espera tranquilamente que los torpes pasos de baile del paquidermo den por terminado el espectáculo en medio de las pifias del público.

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