Toros
Por Bartolomé Puiggrós Planas
Con un lleno en los tendidos, pues el público responde a su espectáculo favorito cuando se acartelan las figuras, y con una tarde como la de ayer, que estaba soleada, ya que dicen que el sol es el mejor aficionado y no se iba a perder una corrida así, se realizó la tercera corrida de abono de la Feria del Señor de los Milagros. Los tres espadas han puesto de su parte, pero el hombre propone, Dios dispone y viene el toro y lo descompone. Así, el ganado ha estado muy justito de todo: de trapío, de presencia, de pitones y sobre todo de raza, muy en lo que echan actualmente las ganaderías mexicanas, pero muy distante de lo que pide la afición de Lima.
Tres estilos de torear tienen cada uno de las espadas acartelados y que salieron por la puerta de cuadrillas de la plaza de Acho. Enrique Ponce es la sabiduría y la técnica. Un maestro como lo fue Domingo Ortega que, si bien no se pasaba los toros por la faja, se le admiraba por la manera de andarle a los toros con un temple único, sin estar nunca descompuesto. Ponce tampoco está nunca descompuesto y a su maravillosa técnica une una estética fuera de serie. Julián López El Juli, otro maestro, estuvo variado con la capa, se ha inventado dos faenas que no ha rubricado con la espada. Y Sebastián Castella no se ha quedado atrás. En su primero, su toreo ha sido de arrimón, bajando un poco con los muletazos por bajo y volviendo a hacer el toreo de arrimón, con el que engancha rápido con el público. En el sexto ha realizado el toreo bueno, el caro, con muletazos largos y ligados. La corrida de expectación ha sido triunfal y la gente ha salido toreando.
De grana Ponce, de rioja El Juli y de lila Castella, y los tres bordados en oro, fueron recibidos por la afición de Acho con la cariñosa ovación de siempre.
UN MAESTRO CON MAYÚSCULAS
Ponce lancea a su primero con dos verónicas que luego repite a pies juntos y cierra la serie con una ceñida media verónica. Yaco hijo torea con el caballo dando siempre el paso adelante y atrás como debe ser, pero el morito tardea mucho y no se arranca, pero al fin va, rebrinca y coge al caballo por el lado que no tiene peto y lo derriba. Moja el chuzo Saavedra al ir el toro hasta el picador de reserva. Brinda el maestro a Gabriel Tizón. Fenomenal es el tanteo por bajo, doblones largos y ligados, luego las series son de a tres y el remate por ambos pitones, haciéndolo todo él por la sosería del bicho, que termina aplomado con media arrancada. Termina de pinchazo y media de la que se amorcilla el astado. Ovación.
En el cuarto vino el recital o más bien el concierto. Nada hay con el capote a un toro abanto que luego se emplaza, escarba y echa la cara al suelo. Se escupe en un picotazo y se duele en banderillas. Y va y lo brinda al público. Parecía que no era toro de brindis. Pero empezó con doblones, otra vez consintiéndolo mucho, lo lleva a sol con insultante facilidad, liga los derechazos en un palmo y es fenomenal el pase de pecho. No lo deja huir. Se suceden las series por ambas manos en forma sensacional. Decían antes que un buen muletazo era más largo que un día sin pan, así eran estos. Le sacó un partido insospechado entre las aclamaciones del público: una larga faena y, a pesar de que se aquerencia a tablas, allí sigue la sinfonía. Dosantinas rematadas con cambios de manos, roblesinas, abaniqueo, coge un pinchazo hondo y cuando iba a descabellar dobla. Clamorosa petición y le conceden las dos orejas, muy merecidas.
UN MAL LOTE
Eso le tocó ayer a El Juli. Sus dos enemigos se emplazaron, echaron al cara al suelo y escarbaron antes de embestir. Aun así, logra lances a pies juntos en dos series que remató con dos revoleras. De la Barra señaló arriba con la puya. El quite fue por chicuelinas, alguna sin moverse al repetir el toro. Brindó al público y empezó con muletazos a una mano por alto sin moverse. No termina de acoplarse, pues el burel está soso y remata el muletazo con la cara arriba. Hay un natural larguísimo y todo lo hace él: se inventó la faena. Hay dosantinas, cambios de mano por la espalda. Pero tres pinchazos y descabello enfriaron al respetable.
Nada hay con el capote de relieve en el que hizo quinto. Bien El Santi en un par de banderillas, el bicho llega al tercio final con poca fuerza, doblando las manos y punteando los engaños, termina con lasernistas o giraldillas. Otra vez pincha varias veces hasta agarrar una media que basta.
VALOR ESPARTANO
El gabacho lancea con el percal a un astado que no repite las embestidas y en cada una se va al otro lado de la plaza y pronto marca querencia a la puerta de cuadrillas, echando la cara al suelo y escarbando, esperó en banderillas. Castella no brinda y deja la montera en el suelo. Cita en los medios para dar los pases cambiados, pero tiene que acortar distancias, porque el toro tardea y no se arranca. De muy corta distancia logra los muletazos muy ceñidos, que levantan al público de sus asientos. Luego hay series cortas de dos o tres muletazos. El remate de pecho es por ambos pitones a un soso astado que, además, le cuesta repetir. Alarga la faena a un toro con corta embestida con otro arrimón, pero muy encimista, demora en igualar. Pinchazo, un descabello, aviso y más descabellos. Silencio.
En el sexto, que barbea las tablas, lo para finamente, dos verónicas y el remate es soltando una punta del capote. El toro cae antes y después del puyazo y se duele en banderillas. Brinda al público y empieza con cuatro estatuarios sin moverse de los llamados del Celeste Imperio, cuando los daba así Rafael El Gallo. Ahora sí liga los muletazos y torea mandando y templando en largos muletazos, muletazos que sin duda quebrantan a los toros al obligarlos a humillar y seguir el engaño, por lo que rueda por la arena. Los naturales son también excelentes y termina con otra 'tortilla', al modo de Ojeda, como decía Jesulín de Ubrique en sus principios. Dosantinas, el teléfono de desplante, estocada honda de la que se amorcilla el toro, que cae y le conceden una oreja .
Al término de la corrida, el ministro de Salud doctor Carlos Vallejo, entregó a Enrique Ponce el llamado Chalán de Plata por haber sido elegido el diestro triunfador de la corrida de la Beneficencia que fue ayer.